La palabra soberanía seguirá usándose, pero será una papa caliente, porque tendrán que vivir la negociación en medio de duras, pero legítimas exigencias, tendientes a que sea entregada la turba de malandrines, hoy de todos conocidos quienes, hasta hace poco, se autonombraban políticos del oficialismo. Ello ocurrirá en medio de cobros sin prórroga ni espera.
El escondrijo usado por la burocracia mexicana, sí, el trabuco de fideicomisos de garantía de emisiones petroleras, ubicado más allá del Bravo, ahora será rehén del proceso de cobro y, cuando éste sea señalado como necesario para seguir manteniendo la operación de la petrolera, será claro que lo único que harán es delinear la realidad. Entregarán así, forzadamente, los cuantiosos recursos, o la administración del oro negro. Al final del plazo, esa palabra, que nunca respetaron, ni invocaron sino hasta que a la mala se hicieron del poder, será soga en la casa del ahorcado. Difícil será armar un discurso soberano que no acabe por evidenciar exactamente lo contrario.
Han decidido esconderse detrás el tótem, a quien le encomendarán calme a las masas, aunque es bien sabido que, de petróleo; de cómo opera esa industria, y más, de su financiamiento internacional, no sabe nada. Así es, Cuauhtémoc Cárdenas nada sabe del tema, más allá de que gracias al petróleo su familia ha vivido más que opíparamente. Jamás tuvo cargo en el sector, no se dedica, ni se dedicó a la materia, ni nadie con mediano conocimiento lo consultaría como perito en hidrocarburos. Sabe, y mucho, de cómo grillar a la gente con una decisión supuestamente soberana, que entregó la riqueza mexicana a todos, menos a los mexicanos. Si se hicieran bien las cuentas, la imagen del expropiador tendría que ser penosamente relegada en la historia de México.
Pemex, lo mismo involucra seguridad que energía, ya que el saqueo más grande que haya visto este país involucra el robo de petróleo, el ocultamiento de lo que pasa en Pemex, así como el fondeo a organizaciones criminales batidas en dinámicas electorales. Es la cueva AMLO Baba, donde el combate a la corrupción debió haber comenzado, y no, en imaginarios molinos sitos en el sector privado.
De la Fuente revisó la agenda, los planteamientos esperables y la postura azteca, y dijo, es mejor aquí huyó que aquí se hundió. El nuevo no tiene idea de lo que le espera. Le arrojarán cacahuates, calmará el hambre, pero no entenderá el mensaje. Ebrard tendrá que cabecear una y mil veces, pero al final, serán la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y en la Secretaría de Energía las que tomarán la rienda de la negociación, la cual, empieza y pasa, por definir el futuro de los hidrocarburos en México, teniendo como asunto estelar el gas. Al final, llegará Seguridad Pública para hacer efectivo el plan que haya que implementar para arrancar de las mafias el control de la empresa.