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El arte de dirigir en la era de la Inteligencia Artificial

La pregunta ya no es si la IA cambiará la forma de liderar nuestras organizaciones, sino si los directivos estamos cambiando a la velocidad que el momento exige.
mié 29 abril 2026 06:04 AM
El arte de dirigir en la era de la Inteligencia Artificial
Si cada profesional puede hacer más por sí mismo, ¿qué le queda al directivo que solía asignar tareas y supervisar entregas?, plantea Horacio Arredondo. (Foto: iStock)

Hoy, en plena consolidación de la Inteligencia Artificial (IA) en las organizaciones, las empresas mexicanas enfrentan un reto que no es tecnológico, sino de liderazgo. Esta discusión no es nueva.

En diciembre de 2017, el Foro Económico Mundial publicó un artículo provocador: "Is the era of management over?” (¿Se acabó la era del management?). Su argumento principal desafiaba la idea del management basado en planificar, asignar, supervisar y controlar, para proponer un enfoque en las dimensiones creativas de la gestión. Dado que el trabajo creativo no admite control, el principal desafío de los directivos sería dar contexto a equipos autónomos de alto desempeño. Pero en 2026 es una realidad, salvo que estos equipos ahora son híbridos: están formados por humanos y agentes de IA.

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La brecha no es tecnológica, sino de liderazgo

Un estudio reciente de McKinsey revela que el 88% de las organizaciones utiliza IA en al menos una función de negocio. No obstante, el dato relevante es otro: de 25 atributos organizacionales analizados, el que más impacta en el EBIT no es la sofisticación de los algoritmos ni el volumen de inversión, sino el rediseño de los flujos de trabajo. Un estudio de Boston Consulting Group halló que la mayor parte del valor de la IA (70%) proviene del componente humano. Las empresas que realmente capturan valor con IA tienen retornos al accionista hasta cuatro veces superiores a los de las rezagadas. No gana quien tiene la mejor tecnología, sino quien mejor rediseña la forma de trabajar. Este es precisamente el punto donde muchas empresas en México están fallando.

Anthropic, la empresa detrás de la herramienta de IA generativa Claude.ia, aporta una perspectiva adicional. Utilizando datos de uso de sus propios ingenieros, descubrió que los profesionales asistidos por IA se vuelven más generalistas y autónomos, capaces de abordar tareas fuera de su expertise habitual.

Si cada profesional puede hacer más por sí mismo, ¿qué le queda al directivo que solía asignar tareas y supervisar entregas?

La respuesta no es que el directivo desaparece, el directivo se debe transformar. El problema es que en muchas empresas mexicanas este cambio aún no ocurre, a pesar de que ya están invirtiendo en IA. Cada vez hay más consenso en que escalar la IA no es una historia de tecnología, sino de rediseño organizacional y confianza cultural, como se reconoció en la última Industry Strategy Meeting del WEF en Múnich. La estrategia no puede ser planificar a cinco años cuando las reglas cambian cada trimestre. El alineamiento ya no se logra con cascadas de objetivos cuando los equipos se autoconfiguran. Y la ejecución -la parte que más supervisión requería- es la que la IA absorbe con mayor rapidez.

La IA no es oportunidad ni amenaza, es una paradoja y, por ende, una tensión permanente. La paradoja de las paradojas es que estas no se resuelven, sino que se gestionan. Esa es, en mi opinión, la competencia central y más urgente del liderazgo en esta era: dejar de pensar con una lógica “either/or” para comenzar a pensar en términos “both/and”, donde ambas -oportunidad y amenaza- coexisten.

El desafío de la adopción en América Latina

Nuestra región, donde domina un estilo de dirección profundamente jerárquico, muestra el mayor rezago en la adopción avanzada de IA. México no es la excepción y refleja de forma clara estas limitaciones. La ventana para dar el salto, no solo tecnológico sino organizacional, todavía está abierta, pero se va a cerrar rápidamente. Mantenerse en la ola requiere de directivos cuyo rol ya no es controlar la ejecución, sino diseñar los marcos -contexto, cultura, incentivos y arquitectura de decisiones- dentro de los cuales los equipos autónomos, asistidos por IA, generen valor.

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La conversación se queda corta cuando se limita al presente. A mi juicio, no somos capaces de imaginar cómo será el 2030 porque la velocidad del cambio ha superado nuestra capacidad de proyección lineal. Lo que vimos en 2025 y lo que estamos viviendo en 2026 no es el cambio, es solo el prólogo. Las transformaciones radicales que nos esperan en los próximos dos años -en la forma de trabajar, decidir, competir y formar talento- solo serán un atisbo de la magnitud de lo que viene.

Quienes piensen que la IA es un tema de tecnología, o que el cambio organizacional puede esperar a que "la tecnología madure", cometen un error. El arte de dirigir necesita repensarse de raíz. El futuro no se predice, se navega; pero para navegarlo, hay que aceptar que el mapa que teníamos ya no sirve.

Para los directivos en México, esto implica una decisión inmediata: dejar de pensar en la IA como una herramienta y comenzar a rediseñar la organización alrededor de ella. No hacerlo no es una postura neutral, es una desventaja competitiva.

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Nota del editor: Horacio Arredondo es Decano de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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