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BTS. Boletos que cuestan "un ojo de la cara"

Detrás del entusiasmo también aparecen riesgos que deben analizarse desde la ciberseguridad, la seguridad personal y la protección de niñas, adolescentes y jóvenes.
mar 12 mayo 2026 06:01 AM
boletos
El titular de Profeco, Iván Escalante, informó que se trabaja en los lineamientos para la venta de boletos de espectáculos y conciertos en México. (Foto: Edgar Negrete Lira/Cuartoscuro.)

Han sido días de euforia con la llegada de BTS a México, redes saturadas, expectativas desbordadas, búsquedas frenéticas de boletos y una comunidad fan dispuesta a casi todo por estar cerca de sus artistas. Pero, como suele ocurrir en el entorno digital, no todo es miel sobre hojuelas; detrás del entusiasmo también aparecen riesgos que deben analizarse desde la ciberseguridad, la seguridad personal y la protección de niñas, adolescentes y jóvenes.

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La frase popular dice que algo “cuesta un ojo de la cara” cuando su precio es excesivo. En este caso, el problema no es solo económico. En distintos espacios digitales comenzaron a circular publicaciones, capturas y conversaciones donde presuntos revendedores ofrecían boletos a menores de edad o jóvenes fans a cambio de contenido íntimo, encuentros sexuales o favores de carácter sexual. De confirmarse estas conductas, no estaríamos ante una simple reventa abusiva, sino ante posibles dinámicas de explotación, grooming, corrupción de menores y violencia digital.

La estrategia parece simple y profundamente peligrosa: aprovechar el fanatismo, la urgencia y la ilusión de asistir a un concierto para colocar a las víctimas en una posición de vulnerabilidad. No se vende solo un boleto; se negocia con el deseo, la emoción y la falta de experiencia y cuando la persona objetivo es menor de edad, el riesgo deja de ser una anécdota de redes y se convierte en una alerta de seguridad.

Este primer escenario nos lleva a una antesala para la trata, el secuestro, tráfico orgánico, violación, y muchos otros delitos en dónde el fanatismo cegador no permite concebir que se trata de una exposición a la integridad misma el hecho de aceptar y ceder por un boleto.

A esto se suma otro escenario: los fraudes electrónicos. Boletos falsos, supuestas preventas, accesos “garantizados”, transferencias bancarias, depósitos rápidos y perfiles que desaparecen después de recibir el dinero. Muchas fans, conocidas como ARMYs, han sido expuestas a estafas donde el atractivo principal es el precio bajo o la promesa de conseguir lo que ya parece imposible. Lo que brilla no siempre es oro; en internet, muchas veces es un anzuelo.

El problema de fondo es que las nuevas generaciones consumen redes sociales, pero no siempre cuentan con criterio digital suficiente para detectar manipulación, fraude o riesgo. Saber usar una plataforma no significa saber protegerse dentro de ella. Una cosa es publicar, compartir o comprar en línea; otra muy distinta es identificar patrones de engaño, presión emocional, suplantación de identidad o captación con fines delictivos.

Aquí la reflexión debe ser incómoda: ¿qué estamos haciendo como padres, madres, docentes y autoridades para atender estas nuevas formas de vulnerabilidad? El fanatismo no es delito, la emoción tampoco. Pero cuando se combina con menores de edad, dinero, anonimato, reventa, presión emocional y adultos malintencionados, el resultado puede ser mucho más grave que una pérdida económica. Puede terminar en extorsión, desaparición, abuso, trata, secuestro o feminicidio.

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La ciberseguridad no se limita a contraseñas, antivirus o fraudes bancarios. También implica entender cómo operan los riesgos humanos en los entornos digitales. Hoy un boleto puede ser el gancho; mañana será una audición falsa, una convivencia privada, una promoción exclusiva o una supuesta oportunidad irrepetible.

BTS no es el problema. El problema es el ecosistema de abuso que se activa alrededor de eventos masivos, emociones intensas y comunidades juveniles altamente expuestas. Si no se habla de esto, si no se previene y si no se alerta con claridad, seguiremos llegando tarde.

Porque a veces un boleto no cuesta solo un ojo de la cara. A veces puede costar la seguridad, la dignidad o la vida de una persona joven.

Con los aprendizajes que nos deja esta visita, debemos tomar acciones y así lograr un cambio en pro de la ciberseguridad y seguridad para la prevención de delitos, a veces todo puede comenzar con una charla desde casa con las personas adecuadas para dar directriz en este amplio mundo digital.

Le recuerdo a los lectores que mis redes sociales y canales de comunicación están abiertos para cualquier tipo de ayuda.

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Nota del editor: Carlos Ramírez Castañeda es especialista y apasionado por el Derecho Informático, particularmente en ramas de Ciberseguridad, Cibercriminalidad y Ciberterrorismo. Tiene un Máster en Derecho de las Nuevas Tecnologías de la Información y Comunicaciones de Santiago de Compostela España, Doctor en Administración y Políticas Públicas de México. Es colaborador de diversas instituciones académicas y gubernamentales, profesional siempre interesado en temas de ciberprevención particularmente con sectores vulnerables. Síguelo en Twitter como @Ciberagente . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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