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Liderazgo en tiempos de home office: dirigir sin controlar

El home office no debilitó al liderazgo: lo desenmascaró. Mostró quién puede inspirar sin presencia física y quién dependía únicamente de ella.
Graphic designer working from home on laptop in cozy studio
El mensaje es claro: liderar en home office no es replicar la oficina por Zoom. Es pasar del control al acompañamiento, de medir horas a medir resultados, de “vigilar” a construir confianza. Las organizaciones que siguen aferradas a modelos rígidos no están defendiendo su cultura; están acelerando la desconexión de sus equipos, apunta Melina Licona. (Guillermo Spelucin Runciman/Getty Images)

El home office dejó de ser una solución temporal para convertirse en un componente estructural del trabajo moderno. A cinco años del cambio global provocado por la pandemia, el debate ya no gira en torno a si el trabajo remoto funciona, sino a qué tipo de liderazgo lo hace sostenible. La evidencia es clara: el home office no falla; el liderazgo tradicional sí, cuando se resiste a evolucionar.

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De acuerdo con Gallup, en 2025 el 79% de los empleados con puestos remotos trabajaba de forma híbrida o totalmente remota, y estos mismos grupos mostraron niveles de engagement del 24 al 25%, versus los trabajadores obligados a estar presencialmente con un 17%.

Esto derriba uno de los mitos más persistentes: la presencia física no garantiza compromiso.

Sin embargo, esta nueva realidad puso contra la pared a muchos líderes. El modelo de supervisión basado en la cercanía y el control visual quedó obsoleto. Aun así, el 85% de los líderes reconoce tener dificultades para confiar en la productividad de los empleados remotos, a pesar de que el 87 % de los trabajadores afirma ser igual o más productivo desde casa. Esta brecha de percepción no es tecnológica, es cultural.

La productividad es otro punto polémico. Un ensayo controlado aleatorio publicado en Nature, demostró que el trabajo híbrido no tiene impacto negativo en el rendimiento, pero sí reduce la rotación en un 33 % y aumenta la satisfacción laboral. En otras palabras: las personas no rinden menos desde casa; simplemente dejan de renunciar.

Aquí es donde el liderazgo cobra un papel central. Datos basados en más de 1.3 millones de empleados, muestran que quienes perciben altos niveles de cooperación y confianza en sus equipos tienen 8.2 veces más probabilidades de realizar un esfuerzo extra en su trabajo, independientemente de si están en oficina o en home office. La conclusión es incómoda pero contundente: la productividad depende más del liderazgo que del lugar de trabajo.

No obstante, el home office también reveló riesgos que un liderazgo pasivo suele ignorar. Un estudio señala que, aunque los trabajadores remotos son los más comprometidos, también reportan altos niveles de estrés y agotamiento, especialmente cuando no existen límites claros de jornada ni expectativas bien definidas. La flexibilidad sin guía no empodera: desgasta.

Además, el problema no se limita a los colaboradores. Desde 2022, el engagement de los propios managers cayó de 31 % a 22 %, convirtiéndose en uno de los principales factores del descenso general de compromiso a nivel global, lo que le costó a la economía mundial cerca de 10 billones de dólares en productividad perdida. Esto evidencia que liderar a distancia exige habilidades que muchos líderes aún no han desarrollado.

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El mensaje es claro: liderar en home office no es replicar la oficina por Zoom. Es pasar del control al acompañamiento, de medir horas a medir resultados, de “vigilar” a construir confianza. Las organizaciones que siguen aferradas a modelos rígidos no están defendiendo su cultura; están acelerando la desconexión de sus equipos.

En definitiva, el home office no debilitó al liderazgo: lo desenmascaró. Mostró quién puede inspirar sin presencia física y quién dependía únicamente de ella. En un mundo donde el trabajo ya no tiene frontera física, el liderazgo efectivo será aquel que entienda que la autoridad no se impone desde un escritorio, sino que se construye desde la confianza, la claridad y el propósito.

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Nota del editor: Melina Licona es Medical Marketing Manager en Reckitt. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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