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El nuevo 'gatekeeper' en salud: la IA y su poder en el viaje del paciente

No podemos seguir viendo la IA como un “proyecto de innovación” o un accesorio tecnológico. Debemos decidir si queremos ser espectadores de la transformación o protagonistas de ella.
jue 19 febrero 2026 06:00 AM
El nuevo 'gatekeeper' en salud: la IA y su poder en el viaje del paciente
La Inteligencia Artificial dejó de ser un accesorio del marketing digital para convertirse en el sistema operativo sobre el cual se construyen, ejecutan y evalúan todas las estrategias, considera Melina Licona. (Foto: iStock)

Durante años insistimos en describir a la Inteligencia Artificial como un habilitador: una pieza más en la caja de herramientas del marketing, un complemento sofisticado para mejorar procesos o generar eficiencias. Esta percepción no era aislada.

En 2023, el 42% de las empresas utilizaba IA y solo el 24% de los equipos de marketing la empleaban de forma regular, reforzando la idea de verla como un soporte más que como un motor estratégico. En Latinoamérica, la adopción seguía un patrón similar: apenas un 25% de las empresas usaba IA tradicional y un 23% IA generativa en 2024. Incluso romantizamos la idea de que la IA “acompañaría” a los profesionales, casi como una pasante muy capaz, pero pasante al fin. Y hasta hace poco, el 67% de los especialistas en marketing reportaba brechas de formación y un 69.8% enfrentaba problemas técnicos, consolidando la idea de que la IA requería supervisión humana constante.

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Sin embargo, 2026 desmonta por completo ese discurso cómodo. La IA dejó de ser un accesorio del marketing digital para convertirse en el sistema operativo sobre el cual se construyen, ejecutan y evalúan todas las estrategias. Pretender competir sin integrarla es como correr un maratón con los zapatos desamarrados: puedes avanzar, pero nunca ganarás la carrera.

Las proyecciones actuales solo confirman lo evidente. Los modelos predictivos son tan complejos y precisos que anticipar comportamientos, ajustar contenidos en tiempo real o reconfigurar segmentaciones dinámicas ya no es futurista: es estándar operativo. Hoy, el 93% de los especialistas en marketing afirma que la IA les permite crear contenido más rápido, mientras que el 81% reporta incrementos directos en ventas y brand awareness gracias a algoritmos que optimizan decisiones en tiempo real.

Lo que antes se basaba en intuición—ese “creemos que este mensaje resonará”—ahora se valida con datos procesados por sistemas capaces de analizar miles de variables simultáneamente en procesos de segmentación, automatización y personalización. Al menos el 75% de las empresas globales ya depende de estos modelos, consolidando un cambio irrevocable: la estrategia deja de ser un acto de inspiración para convertirse en un acto de información.

Pero el verdadero punto de inflexión no está solo en la eficiencia. Está en la transformación del ecosistema de decisión clínica y de consumo en salud. Por primera vez, el marketing médico no persuade únicamente a pacientes, médicos o cuidadores: también persuade a algoritmos. Motores de IA integrados en buscadores, plataformas de contenido médico, asistentes digitales y sistemas de recomendación filtran, priorizan y jerarquizan información de salud. Su influencia es decisiva: lo que un paciente consulta, lo que un profesional considera o lo que un sistema de salud muestra está mediado por ellos.

Hoy, antes de llegar al consultorio, el paciente ya pasó por un “prediagnóstico algorítmico”. Antes de que un médico lea un artículo, un motor de recomendación determinó qué estudio científico ponerle enfrente. Antes de que un administrador de hospital compare soluciones, un sistema inteligente ya depuró las opciones. En este contexto, no importa si promueves un medicamento, una terapia, un dispositivo médico o una solución digital: si la IA que acompaña al usuario—paciente o médico—no reconoce tu marca, tu evidencia o tu contenido, simplemente no los mostrará.

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De ahí surge la necesidad del Generative Engine Optimization (GEO): las marcas ya no solo deben comunicarse con personas, sino también con sistemas que exigen información clara, estructurada y rastreable. El reto es doble: hablarle al consumidor y, simultáneamente, a las máquinas que deciden qué mostrarle.

Aun así, emerge una ironía poderosa: cuanto más omnipresente se vuelve la IA, más crece la fatiga por contenido artificial. Los mensajes perfectos y homogéneos empiezan a perder valor. Las audiencias—y los propios algoritmos—premian lo auténtico, lo humano. La conclusión es clara: la IA es la base, pero la humanidad sigue siendo el verdadero diferenciador.

Esta dualidad redefine la creatividad. La IA no reemplaza: amplía. Libera tiempo para que los equipos se concentren en lo que ninguna máquina puede replicar: intuición, contexto cultural y emoción. Ser creativo en 2026 no significa escribir mejor que una IA, sino imaginar lo que una IA jamás podría concebir.

En sectores complejos y regulados—como salud, donde la precisión y la ética no son negociables—esta conversación es aún más urgente. No podemos seguir viendo la IA como un “proyecto de innovación” o un accesorio tecnológico. Debemos decidir si queremos ser espectadores de la transformación o protagonistas de ella. Porque el futuro del marketing no se escribirá “con IA en la estrategia”: se escribirá desde la IA como marco estratégico.

2026 no nos está pidiendo que implementemos IA.Nos está pidiendo algo mucho más trascendente: que pensemos con IA.

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Nota del editor: Melina Licona colabora en Reckitt como Medical Marketing Manager. Es egresada de Negocios Internacionales por la Universidad La Salle y con una Especialidad en Mercadotecnia Internacional por la Universidad Panamericana. Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a la autora.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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