Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Las cinco capacidades humanas que explican el triunfo de Abelardo de la Espriella

Mientras los candidatos y el establishment político se concentraban en análisis lógicos, encuestas y precauciones excesivas, Abelardo vio con claridad el estado real del ánimo colectivo colombiano.
El candidato presidencial de Colombia para el movimiento Defensores de la Patria, Abelardo de la Espriella, habla a los partidarios desde detrás de un cristal a prueba de balas tras los resultados preliminares de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en el monumento Ventana al Mundo en Barranquilla, Colombia, el 21 de junio de 2026.
De la Espriella ha manifestado sin ambages que está dispuesto a bombardear a las bases de los grupos guerrilleros aún en rebeldía. (FOTO: JUAN BARRETO/AFP)

En la noche del 21 de junio de 2026, Abelardo de la Espriella, abogado y empresario sin trayectoria política previa, se convirtió en presidente electo de Colombia con más de 12.9 millones de votos, la cifra más alta en la historia del país. Para muchos analistas fue una sorpresa. Para quienes estudiamos el liderazgo desde una perspectiva estratégica y antropológica, fue una demostración contundente de que, en tiempos de alta complejidad, la verdadera ventaja competitiva radica en las capacidades puramente humanas.

Publicidad

Durante años he desarrollado un modelo que denomino las Cinco Capacidades Humanas™: ver con claridad, discernir con sabiduría, crear pertenencia, actuar con coraje y generar significado. Estas habilidades se han convertido en el factor decisivo que separa a los líderes que anticipan el cambio de quienes reaccionan a él. El caso de Abelardo de la Espriella es particularmente relevante para los ejecutivos mexicanos y latinoamericanos porque muestra cómo estas capacidades, cuando se cultivan de manera coherente, permiten navegar entornos volátiles, construir movimientos de gran escala y generar resultados transformadores, exactamente lo que hoy demandan las organizaciones.

Mientras la mayoría de los candidatos y el establishment político se concentraban en análisis lógicos, encuestas tradicionales y precauciones excesivas, Abelardo vio con claridad el estado real del ánimo colectivo colombiano. No se dejó deslumbrar por narrativas obsoletas ni por el ruido mediático. Esta autoconciencia profunda, alimentada de forma permanente por la data, le permitió detectar señales débiles que otros ignoraron y actuar en el momento preciso. En el mundo empresarial, los líderes que dominan esta capacidad identifican antes que sus competidores las disrupciones tecnológicas, los cambios en el comportamiento del consumidor y las grietas culturales dentro de sus propias organizaciones. Ver con claridad no es acumular más datos; es interpretar la realidad desde un lugar de presencia y profundidad.

Pero ver no basta. Abelardo también discernió con sabiduría. Supo distinguir entre emociones superficiales y aspiraciones profundas, entre miedo y deseo de orden, entre frustración y potencial de renovación. Escuchó más allá de las palabras y comprendió las sinergias del corazón colectivo. Para los ejecutivos, esta capacidad es crítica en un entorno saturado de información y polarización. Quienes la desarrollan toman decisiones más acertadas, evitan errores costosos derivados de sesgos ideológicos y convierten la complejidad en ventaja estratégica, en lugar de verse paralizados por ella.

Una vez que vio y discernió, Abelardo creó pertenencia. No se encerró en círculos familiares ni en lealtades partidistas tradicionales. Construyó una conexión genuina con millones de colombianos que se sintieron vistos y representados. Utilizó inteligencia relacional para tejer un sentido de “nosotros” amplio y disciplinado. En las empresas, esta capacidad es hoy el antídoto más poderoso contra el burnout, la rotación de talento y la fragmentación cultural. Los líderes que la dominan generan equipos donde las personas no solo trabajan, sino también que pertenecen y entregan su máximo potencial.

El cuarto elemento fue el coraje moral. Abelardo tuvo la valentía de reinventar la narrativa, salirse del guion esperado y defender posturas radicales con coherencia y disciplina. No optó por lo cómodo ni por lo políticamente correcto. En el ámbito corporativo, donde la presión por resultados trimestrales y la aversión al riesgo son intensas, esta capacidad escasea y resulta invaluable. Los ejecutivos que actúan con coraje moral impulsan transformaciones reales, no solo ajustes incrementales, y construyen culturas de integridad que resisten las crisis.

Finalmente, Abelardo generó significado. No solo entendió el momento: se convirtió en su arquitecto. Supo articular un propósito superior que conectó la acción política con el alma del país y posicionó su proyecto como el vehículo de un futuro distinto. En la era de la inteligencia artificial, donde las máquinas pueden optimizar procesos pero no pueden crear propósito, esta capacidad humana se vuelve insustituible. Los líderes que la cultivan inspiran a sus organizaciones a ir más allá de los KPIs y a construir legados duraderos.

Publicidad

El triunfo de Abelardo no fue un accidente electoral. Fue el resultado de haber integrado estas cinco capacidades de forma coherente y valiente, además de haberse dejado guiar por la data. Mientras otros quedaban atrapados en lógicas antiguas, él vio antes, sintió profundamente, pensó sin ataduras, actuó con integridad y conectó con el alma de su nación.

Para los líderes empresariales que leen Expansión, la lección es directa y urgente. En un contexto de aceleración tecnológica, polarización social y cambio geopolítico, la ventaja competitiva ya no reside solo en algoritmos o modelos de negocio. Reside en la profundidad humana de quienes lideran. Las organizaciones que inviertan conscientemente en desarrollar estas cinco capacidades en sus equipos directivos —y no solo en herramientas digitales— serán las que no solo sobrevivan a la disrupción, sino que la lideren y construyan un futuro floreciente.

Abelardo de la Espriella lo demostró en la arena política. Ahora cada ejecutivo mexicano tiene la oportunidad de aplicarlo en la suya. La pregunta ya no es si el cambio llegará, sino quién tendrá la capacidad humana de convertirse en su arquitecto.

_____

Nota del editor: Aldo Civico, Ph.D. es antropólogo y asesor de liderazgo estratégico, clasificado junto a Simon Sinek en el top mundial de las autoridades en liderazgo por Global Gurus. Es lector de negociación y resolución de conflictos en la Columbia University. Es autor de la newsletter semanal La Bitácora Interior . Email: aldo@aldocivico.com Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

Publicidad

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad