Este fenómeno, conocido como Shadow AI, es un foco rojo para las organizaciones.
“Los empleados usan IA como una herramienta de productividad, pero lo que no queremos es que coloquen información privada, confidencial o propiedad intelectual en plataformas que no están controladas por la empresa”, advierte Carlos Torales, vicepresidente para Cloudflare Latinoamérica.
Error 1: Confundir productividad con falta de control
Muchas empresas celebran el entusiasmo de sus colaboradores por la IA, pero omiten establecer límites claros, además de que son casi inexistentes las políticas de gobernanza en algunas organizaciones.
El estudio ‘Work:InProgress: Descubrimientos sobre cómo la IA está transformando el trabajo’, desarrollado por Google Workspace junto a IDC y Provokers, reveló que el 67% de los empleados en el país utiliza asistentes de IA personales (no corporativos) para actividades laborales, aunque solo el 35% declara que su organización le ofrece acceso a estas herramientas.
Para Torales, lo primero que se debe trabajar es una concientización que contemple a detalle qué es la IA o cómo puede utilizarse dentro de una organización en particular y con ello definir cuáles serían los beneficios que puede traer y los riesgos de su implementación.
Lo segundo, comenta, es establecer políticas de negocio claras. Por ejemplo, qué herramientas están permitidas, quién puede usarlas y con qué tipo de información. Y lo tercero, reducir la complejidad tecnológica para disminuir brechas de seguridad.
Error 2: Subestimar los riesgos de ciberseguridad potenciados por la IA
Teniendo en cuenta el paso tres del punto anterior, las organizaciones evitarán caer en la subestimación de los riesgos de seguridad y comprenderán que la IA no solo acelera la productividad, sino que también potencia el cibercrimen.
Según datos de Cloudflare, los ataques de denegación de servicio a nivel mundial crecieron casi 800% en el último año, impulsados por la automatización e IA. México se encuentra entre los países con mayor incremento de estos ataques, principalmente contra instituciones financieras, empresas de retail y plataformas de comercio electrónico.
Además, hoy casi 56% del tráfico de Internet corresponde a bots automatizados, muchos de ellos maliciosos, lo que redefine el panorama de amenazas digitales.