La industria de la inteligencia artificial (IA) se encuentra en una encrucijada ética donde los intereses financieros parecen haber tomado la delantera sobre la seguridad de los usuarios más vulnerables: las infancias. A medida que estas herramientas se integran en la vida cotidiana, la falta de salvaguardias específicas para menores debe ser una preocupación crítica en el ecosistema tecnológico.
Davi Reis, asesor tecnológico y experto en IA de Unico, empresa especializada en la prevención del fraude digital, advierte que el diseño actual de estas tecnologías no está pensado para proteger, sino para capitalizar la atención del usuario. Desde su perspectiva, este enfoque responde a una lógica de mercado que ignora las etapas de desarrollo biológico y emocional de los niños.
Según datos de Common Sense Media, los adolescentes estadounidenses pasan en promedio más de siete horas al día frente a pantallas sin contar el tiempo escolar, un uso intensivo de dispositivos electrónicos que se ha asociado con riesgos de ansiedad, depresión y problemas de sueño entre los jóvenes.