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El creador de OpenClaw puso a competir a OpenAI y Anthropic: la diferencia que lo hizo elegir

El proyecto que hoy respalda OpenAI pasó por código abierto, conflicto de marca y decisiones técnicas que definieron su evolución.
lun 16 febrero 2026 02:35 PM
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El proyecto que comenzó como experimento personal terminó en el centro de una decisión técnica entre dos laboratorios de IA. (X: OpenAI, Claudeai, OpenClaw)

En la conversación de IA, pocas cosas cambian el foco tan rápido como el movimiento de una sola persona. Esta vez, el cambio no llegó por un modelo nuevo, sino por el creador de un agente que creció fuera de los laboratorios y terminó empujando una decisión corporativa.

Detrás del cruce entre OpenAI y Anthropic hay una historia que no se resume en “mejor o peor”. El propio creador de OpenClaw explicó por qué eligió una herramienta para construir y otra para conversar, y esa diferencia ayuda a entender por qué terminó inclinándose por un lado.

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OpenAI anuncia la llegada de Peter Steinberger, creador de OpenClaw

El domingo 15 de febrero de 2026, OpenAI informó que Peter Steinberger, creador de OpenClaw, se integrará a la compañía. Sam Altman lo comunicó en X y planteó que el servicio vivirá dentro de una fundación como un proyecto open source con soporte de OpenAI.

Bajo ese encuadre, el anuncio no se limitó a una contratación. También fijó una ruta para el futuro del software: continuidad bajo un esquema abierto, con una estructura que busca sostener el desarrollo más allá del ciclo típico de un producto comercial.

En el mismo mensaje, Altman adelantó la función que tendrá Steinberger en la empresa: impulsar la siguiente generación de agentes personales. Ese enfoque conecta con el atractivo que el proyecto ganó en semanas recientes, por la demanda de herramientas que ejecutan tareas con menos supervisión.

Sin embargo, el punto central para entender el “OpenAI vs Anthropic” no está en el comunicado, sino en lo que Steinberger ya había dicho antes: su comparación no era ideológica, sino práctica, separada por etapas del trabajo.

Cómo nació OpenClaw

Antes de que el proyecto tuviera nombre y tracción pública, Steinberger venía de otra etapa: 13 años en una empresa de software que vendió cuatro años atrás. Luego describió un periodo de agotamiento y retiro, hasta que en abril de 2024 retomó interés por crear y comenzó a explorar IA, según relató en el pódcast Technology Business Programming Network.

A partir de esa chispa, OpenClaw empezó en mayo como una idea de agentes personales. La decisión que cambió el rumbo llegó más tarde, en noviembre, cuando construyó una integración para “chatear” con su computadora por WhatsApp.

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Esa pieza no fue un adorno. El objetivo era operar agentes y recibir prompts mientras estaba lejos del escritorio, incluso con entradas que no se limitaban a texto, como imágenes y mensajes de voz, de acuerdo con su explicación en el mismo pódcast.

Con ese uso personal como motor, el proyecto tomó vida pública con una velocidad que él mismo describió como un salto fuera de escala en GitHub. Esa tracción terminó creando un problema que no era técnico: el nombre.

Anthropic y el cambio de nombre: marca, confusión y presión de tiempo

En su etapa inicial, el proyecto se llamó Clawdbot. Esa elección abrió una tensión con Anthropic cuando la empresa le escribió para solicitar el cambio de nombre por razones de marca registrada, según contó Steinberger en el pódcast.

La descripción que dio no fue la de un pleito legal con abogados al frente. Aclaró que el contacto llegó desde una persona interna y bajo un trato cordial. Aun así, el rebranding se convirtió en un proceso desordenado por un factor concreto: la presión del tiempo y la tracción que el proyecto ya tenía.

Anthropic, de acuerdo con el relato, buscaba proteger “Clawd” para evitar confusión y para impedir que el nombre se convirtiera en una etiqueta genérica. Parte del problema era que usuarios fuera del entorno técnico asumían que Clawdbot era un producto oficial.

Tras ese episodio, Steinberger eligió “Moltbot” como un juego de palabras ligado al cambio de piel. El nombre cerró la discusión de marca, pero dejó una idea clave para la comparación: su vínculo con Anthropic no se rompió por el modelo, sino por el contexto alrededor del proyecto.

Opus como favorito para conversar y Codex como herramienta para construir

En su balance sobre modelos, Steinberger hizo una distinción que suele perderse en la discusión pública. Por un lado, colocó a Opus de Anthropic como el modelo que más le gustaba, y lo llamó su favorito por un rasgo específico: personalidad y sentido del humor, que describió como cercanos a lo humano.

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Esa preferencia, sin embargo, no resolvía el trabajo central de su bot. Para programar y operar funciones clave, explicó que prefería modelos de OpenAI, en particular Codex, por confiabilidad en tareas de ingeniería y por la capacidad de navegar bases de código grandes.

Según su evaluación, Codex le daba un nivel de certeza cercano a 95% de que el código funcionaría. Con el modelo de Anthropic para código, dijo que tenía que hacer más “trucos” para obtener un resultado similar, lo que se traducía en más supervisión manual.

La comparación también incluyó velocidad. Steinberger afirmó que podía paralelizar más rápido con Codex porque requería menos acompañamiento. En su lógica, la elección no era “un laboratorio contra otro”, sino “una herramienta que reduce fricción” frente a otra que exige más intervención.

Qué sí se puede afirmar con lo que hoy está documentado

Con el anuncio del 15 de febrero, OpenAI no solo incorporó al creador de OpenClaw: también definió el destino del proyecto dentro de una fundación y bajo un esquema de código abierto con respaldo institucional. Ese marco introduce una diferencia frente a la lógica de adquisición directa que suele rodear la contratación de talento en la industria de IA.

En lo documentado hasta ahora, no existen términos públicos del acuerdo ni una explicación oficial sobre los criterios del fichaje. Lo único verificable es el resultado: un proyecto que seguirá existiendo fuera de una estructura corporativa cerrada, pero con soporte de una de las compañías que hoy concentra infraestructura, modelos y distribución a escala global.

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