Por ejemplo, un analista administrativo puede estar compuesto por tareas muy distintas, algunas altamente automatizables, como procesar datos o generar reportes, y otras menos expuestas, como tomar decisiones o coordinar equipos.
Al eliminar las tareas más rutinarias, la IA libera tiempo que no se pierde, sino que se reasigna hacia actividades de mayor valor, como el análisis complejo, la supervisión de sistemas automatizados o la gestión de stakeholders. El resultado es que el mismo empleo evoluciona hacia un perfil más estratégico y menos operativo.
“La inteligencia artificial puede acelerar la ejecución, pero solo el criterio y la empatía pueden darle dirección. La próxima década no será la era de las máquinas, sino la del propósito humano apoyado por la tecnología”, afirmó Andrea Vargas, cofounder y CIO de Fleet.
Otro reporte, el del Microsoft Research, coloca en la zona de mayor impacto a traductores, escritores, periodistas, analistas de datos, profesionales de relaciones públicas y personal de atención al cliente. Pues considera que estas actividades consisten en procesar texto, sintetizar información o responder consultas, pero el estudio de la Universidad de Cornell ahonda en cómo estas actividades se vuelven más estratégicas.