Gómez, quien recién se jubiló, comenta que haber trabajado con gente jóven también le ayudó, pues veía cómo se usaban algunas aplicaciones, qué tipo de cosas le preguntaban sus compañeros de trabajo y qué utilidad podía tener en el entorno laboral.
“Ocupo ChatGPT y Meta IA. Siempre pido las cosas por favor y gracias y las uso para hacer consultas de trámites, que me resuma cosas que me interesan como noticias o que responda dudas sencillas, como las que antes hacía por Google pero mejor explicadas”, refiere.
Gómez dice que no ha utilizado su información personal ni la de nadie en estos canales, por lo menos nadie vivo, pues recuerda con cariño cómo él y su esposa usaron IA para crear una imagen con los rostros de sus familiares queridos para el altar de Día de Muertos, un gesto simbólico que, confiesa, no le preocupó compartir porque eran fotografías de gente que ya falleció.
El panorama general de IA en México, de acuerdo con el análisis de The Ciu, muestra que aunque un porcentaje importante de la población internauta confiesa conocer la IA, el uso activo es mucho menor — alrededor del 18.6% — y la brecha generacional se mantiene. Este contraste evidencia que el simple acceso o exposición a tecnologías no se traduce en comprensión real ni en adopción significativa.
Estas brechas forman parte de un fenómeno al que se le conoce como edadismo digital, es decir, toda tecnología que no incluye a las personas mayores para que puedan ser autónomas y las obliga a depender de otros, mermando su dignidad.
“Culturalmente se piensa que las tecnologías son para jóvenes, y eso genera que muchos adultos mayores no se sientan capaces de utilizarlas”, señala Luis Daniel Velázquez Bañales, profesor de la Universidad La Salle, destacando la complejidad del problema.