La disminución del tiempo de atención puede marcar la diferencia entre que una persona vuelva a caminar, hablar o valerse por sí misma, o que quede con parálisis, problemas graves del lenguaje o dependencia permanente. En términos médicos, cada minuto ganado significa menos tejido cerebral dañado y mayores posibilidades de recuperación funcional, no solo de sobrevivir al evento.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ACV son la segunda causa de muerte a nivel global, con 4.95 millones de muertes en países de ingresos medios y bajos. En México, se registran 118 casos por cada 100,000 habitantes, equivalentes a 170,000 nuevos pacientes al año. Entre ellos, el 20% puede fallecer en los primeros 30 días, y siete de cada 10 sobrevivientes presentan algún grado de discapacidad.
La IA como aliado para acelerar la atención
Un accidente cerebrovascular isquémico ocurre cuando un coágulo bloquea la circulación sanguínea en el cerebro, impidiendo que el oxígeno llegue a ciertas áreas. Según Neri Alonso, los síntomas pueden incluir debilidad en brazos o piernas, dificultad para hablar, pérdida de visión en un ojo o disminución del estado de alerta. La rapidez para reconocer estas señales puede marcar la diferencia entre la vida y una discapacidad.
La trombectomía mecánica, con la que se tratan estos acontecimientos, consiste en introducir un catéter por la arteria femoral (ingle) o radial (brazo) hasta el sitio del coágulo, atraparlo y extraerlo, restaurando el flujo sanguíneo.
En el IMSS, la IA se utiliza para analizar rápidamente imágenes de tomografías y resonancia magnética, identificando qué pacientes aún pueden beneficiarse de la trombectomía. Esa información permite activar protocolos como el “Código Cerebro”, un protocolo que permite coordinar rápidamente la atención de pacientes con ACV, integrando infraestructura hospitalaria, personal capacitado y tecnología de punta.