En términos de resultados, la red reporta una tasa de muerte materna menor a una por cada 100,000 nacimientos, frente a un promedio nacional de 42 por cada 100,000, y una tasa de muerte neonatal menor a una por cada 1,000 nacidos vivos, cuando la media nacional ronda ocho por cada 1,000, según explicó Canal Lavíne.
El objetivo de implementar tecnología, dijo la especialista, no radica en sumar consultas aisladas, sino en mantener una relación de largo plazo con las pacientes.
“La idea es acompañar a la mujer a lo largo de su vida, con un enfoque preventivo y no reactivo”, señaló. Este seguimiento continuo, apoyado en sistemas de información propios, permite detectar riesgos antes de que se conviertan en emergencias clínicas.
Además de la salud, está el capital humano y social
Pero la transformación no ocurre solo con el software y algoritmos, también requiere un cambio cultural que abarca desde la forma en que se conversa sobre la salud de las mujeres hasta cómo se educa a los profesionales de esta área.
Desde la experiencia operativa de Reina Madre, Aránzazu Canal señaló que una de las barreras que constantemente se presentan es la emocional, pues muchas mujeres postergan consultas por miedo, vergüenza o por experiencias previas en las que no se sintieron escuchadas. Retirar al médico de tareas administrativas, dijo, mediante sistemas digitales permite recuperar algo que se perdió con la saturación del sistema: tiempo de calidad en la consulta.
Canal Lavíne subrayó que la prevención depende tanto de información como de confianza. Cuando una mujer comprende por qué necesita un estudio, qué significan sus síntomas y cuáles son sus opciones, participa de forma activa en su salud. Sin esa base, incluso la tecnología más avanzada pierde impacto. Por ello, insistió en que el objetivo no radica solo en diagnosticar mejor, sino en acompañar a lo largo del tiempo y romper estigmas que históricamente alejaron a las mujeres del sistema médico.