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Revista Digital
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La tecnología en medicina femenina reduce hasta 50% el precio de servicios

La tecnología se vuelve infraestructura crítica para corregir rezagos históricos, enfocada en tener menos fragmentación, más prevención y un modelo de acompañamiento.
mar 27 enero 2026 05:00 PM
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Herramientas como asistentes virtuales vía mensajería permiten resolver dudas frecuentes, indicar pasos a seguir y mantener contacto continuo. (metamorworks/Getty Images)

La medicina tiene una deuda histórica con las mujeres. La fragmentación de la atención, la ausencia de datos específicos por sexo y las barreras de acceso son algunos de los obstáculos a los que este campo se enfrenta. Para millones de pacientes esto se traduce en falta de acompañamiento médico y diagnósticos tardíos.

Pero en este espacio sombrío, la tecnología aplicada a la salud se presenta como una perspectiva distinta. Más allá de gadgets o aplicaciones aisladas, el avance digital abre la posibilidad de ampliar cobertura, organizar procesos y reducir costos sin sacrificar la calidad clínica.

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Una oportunidad no atendida del todo… hasta ahora

Desde la mirada de Camila Caso y María Altschuler, fundadoras de Soy ELLA, una clínica virtual enfocada en la premenopausia y menopausia, la ciencia y la tecnología para atender la brecha en materia de salud femenina existe, pero lo que falta es un acceso confiable y acompañamiento cercano que traduzca la evidencia en soluciones reales.

Una encuesta realizada por Soy ELLA a 900 mujeres de entre 39 y 60 años o más destaca que el 96.7% presentaron por lo menos un síntoma relacionado con la menopausia pero más de la mitad no se sintió acompañada durante esa etapa. Además, 77% no tomó acciones preventivas por falta de información y solo 43% consideró que su médico le dio suficiente orientación.

La realidad no se limita a la menopausia. De acuerdo con el más reciente estudio Women’s Health Investment Outlook, desarrollado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Boston Consulting Group (BCG), la salud de las mujeres sigue recibiendo una proporción sorprendentemente baja de inversión privada, pues apenas el 6% de todo el capital en salud se destina a esta área, pese a que mujeres y niñas representan casi la mitad de la población mundial y viven un 25% más de su vida con mala salud o discapacidad.

La mayor parte de esos recursos se concentra en tres áreas específicas: cánceres femeninos, salud reproductiva y atención materna. Esto deja de lado problemas que afectan en mayor medida a las mujeres, como enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, Alzheimer y la propia menopausia, condiciones que, por separado, representan una oportunidad de mercado global de más de 100,000 millones de dólares si se optimizara el acceso y tratamiento adecuado, de acuerdo con BCG.

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Tecnología como infraestructura crítica del modelo de atención

Desde la perspectiva de Aránzazu Canal Lavíne, directora de operaciones de la clínica Reina Madre, la tecnología juega un papel crucial para reorientar la dirección que lleva el cuidado de la salud femenina. Su uso permite organizar la información de pacientes y profesionales en tiempo real, lo que resuelve el problema de la fragmentación de datos clínicos y la falta de continuidad entre consultas, estudios y especialidades.

Es decir, cuando los sistemas digitales concentran historial médico, resultados de laboratorio, antecedentes hormonales y seguimiento de síntomas en un mismo entorno, la atención gana coherencia y reduce el margen de error.

La digitalización también impacta en la operación diaria de los servicios médicos. La automatización de recordatorios, seguimientos y procesos administrativos reduce la saturación en los equipos clínicos y evita que las pacientes abandonen tratamientos por olvidos o falta de orientación.

Herramientas como asistentes virtuales vía mensajería permiten resolver dudas frecuentes, indicar pasos a seguir y mantener contacto continuo, lo que libera tiempo médico para consultas de mayor complejidad y mejora la calidad del encuentro clínico.

Además, el análisis de datos y el uso de algoritmos abre la puerta a una atención más precisa. Con información acumulada sobre síntomas, etapas de vida y respuestas a tratamientos, los sistemas pueden apoyar decisiones médicas adaptadas a cada mujer, en lugar de aplicar esquemas generales que no consideran diferencias biológicas y sociales.

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Canal Lavíne refirió que este tipo de modelos no buscan solo digitalizar consultas, sino “construir un sistema que entienda las trayectorias de salud femenina y conecte cada punto del recorrido con datos y procesos integrados”.

En México, modelos como el de Reina Madre ya operan bajo esta lógica de infraestructura digital aplicada a la salud femenina. La tecnología permite sostener un sistema de seguimiento continuo que, según Canal Lavíne, sería imposible bajo esquemas tradicionales.

“Tenemos más de 60,000 interacciones al mes con pacientes vía digital”, refirió. Estas interacciones no se limitan a agendar citas; incluyen orientación, envío de resultados, recordatorios de estudios y acompañamiento durante procesos clínicos completos.

Canal Lavíne explicó que, una vez que una paciente entra al sistema, los procesos se activan de forma automatizada. En un embarazo, por ejemplo, el sistema identifica en qué semana se encuentra la paciente, qué estudios corresponden, envía recordatorios y explica qué se evaluará en cada ultrasonido. Esta lógica reduce omisiones y permite que el tiempo en consulta se concentre en la valoración médica y no en tareas administrativas.

La directiva señaló que esta estandarización también impacta en costos y resultados clínicos. Gracias al volumen de atención y a protocolos digitalizados, Reina Madre logra operar con precios entre 30% y 50% más bajos que la media de opciones privadas tradicionales.

En términos de resultados, la red reporta una tasa de muerte materna menor a una por cada 100,000 nacimientos, frente a un promedio nacional de 42 por cada 100,000, y una tasa de muerte neonatal menor a una por cada 1,000 nacidos vivos, cuando la media nacional ronda ocho por cada 1,000, según explicó Canal Lavíne.

El objetivo de implementar tecnología, dijo la especialista, no radica en sumar consultas aisladas, sino en mantener una relación de largo plazo con las pacientes.

“La idea es acompañar a la mujer a lo largo de su vida, con un enfoque preventivo y no reactivo”, señaló. Este seguimiento continuo, apoyado en sistemas de información propios, permite detectar riesgos antes de que se conviertan en emergencias clínicas.

Además de la salud, está el capital humano y social

Pero la transformación no ocurre solo con el software y algoritmos, también requiere un cambio cultural que abarca desde la forma en que se conversa sobre la salud de las mujeres hasta cómo se educa a los profesionales de esta área.

Desde la experiencia operativa de Reina Madre, Aránzazu Canal señaló que una de las barreras que constantemente se presentan es la emocional, pues muchas mujeres postergan consultas por miedo, vergüenza o por experiencias previas en las que no se sintieron escuchadas. Retirar al médico de tareas administrativas, dijo, mediante sistemas digitales permite recuperar algo que se perdió con la saturación del sistema: tiempo de calidad en la consulta.

Canal Lavíne subrayó que la prevención depende tanto de información como de confianza. Cuando una mujer comprende por qué necesita un estudio, qué significan sus síntomas y cuáles son sus opciones, participa de forma activa en su salud. Sin esa base, incluso la tecnología más avanzada pierde impacto. Por ello, insistió en que el objetivo no radica solo en diagnosticar mejor, sino en acompañar a lo largo del tiempo y romper estigmas que históricamente alejaron a las mujeres del sistema médico.

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