El modelo de Karvia permite validar el estatus legal del vehículo en minutos —incluyendo reportes de robo, multas, tenencias y, en el caso de autos importados, historial en Estados Unidos—, estandarizar revisiones mecánicas y usar cuentas de custodia digital para el intercambio de dinero.
En la práctica, el sistema crea una clave interbancaria única por transacción. El comprador deposita los recursos, que quedan visibles pero no se liberan hasta que el dinero está en firme y todas las condiciones acordadas se cumplen. Si surge una irregularidad grave, el sistema permite devolver los fondos al comprador, eliminando esquemas comunes de fraude como los cheques sin fondos o las transferencias “en proceso”.
“La diferencia es pasar de confiar en la otra persona a confiar en la infraestructura tecnológica”, resume Jiménez. Según el director, un proceso que en la informalidad puede tardar entre 10 y 15 días —con riesgos constantes— puede resolverse en menos de cinco minutos desde el punto de vista legal y financiero.
Aunque actualmente la solución opera principalmente con flotillas empresariales, la compañía ve viable integrarse directamente a marketplaces y redes sociales, como Facebook Marketplace, donde, según Jiménez, se concentra el mayor volumen de intentos de estafa.
En el ecosistema digital actual, la mayoría de los marketplaces de autos funcionan únicamente como espacios de contacto entre comprador y vendedor, sin ofrecer mecanismos integrados de pago ni garantías sobre la transacción.
De acuerdo con Jiménez, solo algunos actores han avanzado en incorporar flujos más estructurados, como ocurre en Mercado Libre, que ha añadido verificaciones dentro de su plataforma. Sin embargo, incluso en esos casos, explica, el cierre de la compraventa de vehículos suele ocurrir fuera del entorno digital, lo que mantiene expuestos a los usuarios a riesgos de fraude, especialmente cuando la operación se traslada a transferencias directas o pagos anticipados.