A inicios de 2026, las plataformas de streaming alojaban alrededor de 253 millones de canciones, pero casi el 88% de los tracks recibe menos de 1,000 reproducciones al año, y casi la mitad no alcanza ni 10 escuchas.
En ese contexto de saturación y dependencia algorítmica, empiezan a surgir alternativas que no buscan competir con las plataformas de streaming, sino reconfigurar la forma en que se navega.
Un ejemplo es Parachord, una aplicación desarrollada por un solo programador en cuestión de semanas mediante herramientas de IA, bajo la lógica del llamado vibe coding. En lugar de alojar música propia, la app se conecta a servicios como Spotify o Apple Music y se enfoca en que los usuarios descubran música.
La plataforma permite generar recorridos musicales personalizados, conectar canciones a partir de relaciones menos evidentes y construir experiencias de escucha más contextuales, separando la curaduría del catálogo. Algunas apps, como Deezer, también buscan que esta interacción con la música sea más orgánica con ciertas funciones.
"Flow Tuner se basa en una idea simple, las recomendaciones no deben ser una caja negra", afirmó el jefe de producto de Deezer, Marin Lorant, en un comunicado de prensa.