Alejandro Ordaz, director de marketing de Ticketmaster, señaló que esta función forma parte de un rediseño más amplio del boleto digital, que también bloquea capturas de pantalla, añade elementos visuales en movimiento y se apoya en un código dinámico para el ingreso.
Aunque el usuario puede ver que tiene el boleto, no puede ver todavía el código de barras utilizable para entrar. Ese código se libera hasta días, o incluso horas, antes del evento, según las reglas fijadas por el organizador.
La firma explica que un “delivery delay” es justamente ese periodo entre la compra y el acceso efectivo al ticket, y que los organizadores lo usan para confirmar que los compradores respetaron los límites de compra y no utilizaron herramientas desleales para acaparar inventario.
En la práctica, esto complica que un revendedor ofrezca una entrada “lista para usar” con demasiada anticipación, porque durante buena parte del proceso ni siquiera él puede mostrar el pase final que validará el acceso.
Además este boleto incorpora un elemento animado para que el fan identifique que está viendo un ticket en vivo y no una imagen falsa, Ordaz también señaló que el acceso depende de un código dinámico que cambia y que sólo aparece cuando corresponde.
La relevancia de esta función crece en un mercado donde el boleto ya dejó de ser, en su mayoría, un objeto físico.