Durante el último año, el comercio de acero entre ambos países se convirtió en uno de los puntos más sensibles de la relación bilateral. Estados Unidos impuso aranceles de hasta 50% a este producto aun cuando mantiene superávit frente a México, una situación que el propio gobierno mexicano considera atípica en la historia del comercio internacional.
“Es el único caso que existe en la historia en el que se pone un arancel de 50% a un producto donde el país que lo impone tiene superávit”, señaló Ebrard en la Asamblea General Ordinaria de la Canacero.
Recordó que el tema ha ocupado un lugar central incluso en el diálogo político al más alto nivel. La presidenta Claudia Sheinbaum ha abordado el asunto del acero en al menos ocho llamadas con el presidente estadounidense Donald Trump, lo que refleja el peso estratégico que el sector tiene dentro de la agenda económica bilateral.
La primera ronda de conversaciones del tratado se centra en tres ejes principales: el primero busca reducir la dependencia de importaciones provenientes de Asia. El segundo se centrará en las reglas de origen dentro de la región. El tercero estará enfocado en la seguridad de las cadenas de suministro en América del Norte.
Para México, los tres puntos se conectan con el debate sobre el acero, pues México argumenta que mientras Washington mantiene altos aranceles contra el producto mexicano, las importaciones estadounidenses provenientes de Asia continúan en aumento, con Corea del Sur y Taiwán entre los principales proveedores.
En paralelo a la negociación internacional, el gobierno mexicano prepara medidas internas para fortalecer a la industria local. Entre ellas se encuentra la renovación de aranceles a ciertos productos de acero y una revisión del programa IMMEX para limitar importaciones temporales de derivados cuando exista proveeduría nacional.