En actividad física, sin embargo, el Oura Ring 4 no reemplazó a mis otros dispositivos. El registro principal de entrenamientos lo sigo haciendo en la app del iPhone, y el anillo funcionó más como un complemento que como el centro del entrenamiento.
Sí detectó caminatas largas y también registró siestas, algo útil para completar la fotografía del descanso. Pero su valor no está en ofrecer el detalle deportivo de un reloj con GPS o métricas en tiempo real, sino en otra cosa, pues me ayudó a entender mejor cómo llegaba a entrenar.
Por eso me parece más útil para alguien que ya corre, que busca subir de distancia, se prepara para un Hyrox o que quiere cruzar bienestar con actividad física, que para quien busca una herramienta puramente deportiva.
Tal vez por eso el mercado aún es de nicho, ya que los smart rings son una categoría muy pequeña frente a los relojes inteligentes, pero están creciendo mucho más rápido. IDC estimó, que en 2025 se enviaron unos 4.3 millones de anillos inteligentes en el mundo, frente a 163.5 millones de smartwatches, es decir, el volumen de los anillos equivale apenas a alrededor de 2.6% del mercado de relojes.
Al mismo tiempo, IDC señaló que los envíos de smart rings crecieron cerca de 49% en 2025, frente a alrededor de 6% en smartwatches. La lectura de los analistas es que el reloj sigue dominando porque es una categoría mucho más madura y versátil, con pantalla, pagos, notificaciones, GPS y usos deportivos más robustos, pero el anillo está encontrando una ventana de crecimiento en consumidores que quieren monitoreo de salud más discreto, más pasivo y menos invasivo.
Dentro de esa categoría, Oura informó en septiembre de 2025 ya había superado los 5.5 millones de anillos vendidos, que en 2024 reportó más de 500 millones de dólares en ingresos y que esperaba llegar a 1,000 millones de dólares en ventas en 2025.