La instalación de 30,000 nuevas cámaras, el despliegue de unidades móviles de videovigilancia y el fortalecimiento de la conectividad también forman parte de una estrategia que busca atender a los millones de visitantes esperados y mejorar la experiencia diaria de los habitantes.
Este tipo de infraestructura, explica Posadas, tiene impacto directo en la disminución de la incidencia delictiva, pero también en la sensación de seguridad que perciben los ciudadanos en su entorno.
Los retos detrás de la promesa digital
Sin embargo, el camino no está exento de tropiezos. Muestra de ello son las fallas de conectividad registradas recientemente en el Estadio Azteca (hoy Estadio Banorte) durante el partido entre México y Portugal, las cuales evidenciaron que la promesa de una ciudad inteligente no depende únicamente de la inversión, sino de la correcta integración y operación de los sistemas.
Posadas explica que en entornos de alta demanda, como lo será el Mundial, la saturación de redes y la falta de interoperabilidad puede convertirse en cuellos de botella. Ahí es donde entra uno de los mayores retos tecnológicos: la coordinación.
“La tecnología en seguridad pública solo hace sentido cuando estamos coordinados, comunicados y tomamos acción”, advierte.
Para el especialista, la tecnología solo funciona plenamente cuando existe comunicación entre sistemas, estándares abiertos que permitan la interoperabilidad y, sobre todo, capacidad de acción. “No sirve de nada tener datos si no se traducen en decisiones”, señala.
Es cierto que la posibilidad de contar con ciudades más conectadas, monitoreadas y coordinadas abre la puerta a una gestión urbana más eficiente, pero también plantea preguntas sobre mantenimiento, continuidad y uso a largo plazo.