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El Mundial acelera ciudades inteligentes, pero pone a prueba su viabilidad

La inversión en seguridad, datos y movilidad promete eficiencia urbana, pero enfrenta retos de integración, costos y continuidad tras el evento.
lun 13 abril 2026 05:00 AM
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Con motivo del Mundial 2026, a nivel federal, se prevé una inversión de entre 1,500 y 2,000 millones de pesos por entidad sede, enfocada principalmente en movilidad.
(Foto: Gerardo Huitrón/Getty Images/iStockphoto)

Los estadios llenos, los goles y las celebraciones son elementos asociados a un Mundial, pero por debajo de esa superficie existe una capa de infraestructura compleja, integrada por redes de comunicación, plataformas de gestión de incidentes, sistemas de videovigilancia con analítica y soluciones basadas en datos que, una vez que se apagan los reflectores, siguen operando en la vida cotidiana de las ciudades.

De cara al Mundial de 2026, que tendrá como sedes a México, Estados Unidos y Canadá, esa capa tecnológica promete ser más robusta que nunca. Alejandro Posadas, country manager de Motorola Solutions en México, lo describe como una transformación silenciosa, pero estructural..

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Desde su perspectiva, estos eventos “marcan un destino” que obliga a gobiernos y empresas a acelerar la adopción tecnológica para responder al evento, pero también para resolver problemas urbanos de largo plazo.

Un ejemplo de ello es el Mundial Brasil de 2014, en el que ciudades como Río de Janeiro consolidaron centros de comando que hoy siguen activos en la gestión urbana. En México, ese equivalente se traduce en la evolución de sistemas como el C5, que integran videovigilancia, atención de emergencias y análisis de datos en tiempo real.

La diferencia ahora es la escala y la sofisticación gracias a la integración de tecnologías como inteligencia artificial capaz de detectar comportamientos anómalos, mapas de calor del delito y monitoreo coordinado entre múltiples dependencias.

“Hoy no se trata solo de tener cámaras, sino de lo que pasa detrás de ellas”, explica Posadas. Desde que un ciudadano activa un botón de alerta o realiza una llamada de emergencia, se activa una cadena tecnológica que incluye geolocalización, video en tiempo real, protocolos de despacho y generación de datos. Esa información resuelve incidentes inmediatos y alimenta sistemas predictivos que permiten anticipar riesgos.

Del evento global al uso cotidiano

Este despliegue tecnológico se acompaña de una inversión física sin precedentes. De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de México, el Mundial detonará más de 70 proyectos de infraestructura que van desde corredores seguros e iluminación en vialidades clave hasta nuevas rutas de transporte público, ciclovías y la modernización de sistemas como el Metro y el Tren Ligero. A nivel federal, se prevé una inversión de entre 1,500 y 2,000 millones de pesos por entidad sede, enfocada principalmente en movilidad.

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La instalación de 30,000 nuevas cámaras, el despliegue de unidades móviles de videovigilancia y el fortalecimiento de la conectividad también forman parte de una estrategia que busca atender a los millones de visitantes esperados y mejorar la experiencia diaria de los habitantes.

Este tipo de infraestructura, explica Posadas, tiene impacto directo en la disminución de la incidencia delictiva, pero también en la sensación de seguridad que perciben los ciudadanos en su entorno.

Los retos detrás de la promesa digital

Sin embargo, el camino no está exento de tropiezos. Muestra de ello son las fallas de conectividad registradas recientemente en el Estadio Azteca (hoy Estadio Banorte) durante el partido entre México y Portugal, las cuales evidenciaron que la promesa de una ciudad inteligente no depende únicamente de la inversión, sino de la correcta integración y operación de los sistemas.

Posadas explica que en entornos de alta demanda, como lo será el Mundial, la saturación de redes y la falta de interoperabilidad puede convertirse en cuellos de botella. Ahí es donde entra uno de los mayores retos tecnológicos: la coordinación.

“La tecnología en seguridad pública solo hace sentido cuando estamos coordinados, comunicados y tomamos acción”, advierte.

Para el especialista, la tecnología solo funciona plenamente cuando existe comunicación entre sistemas, estándares abiertos que permitan la interoperabilidad y, sobre todo, capacidad de acción. “No sirve de nada tener datos si no se traducen en decisiones”, señala.

Es cierto que la posibilidad de contar con ciudades más conectadas, monitoreadas y coordinadas abre la puerta a una gestión urbana más eficiente, pero también plantea preguntas sobre mantenimiento, continuidad y uso a largo plazo.

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Porque, si algo han demostrado eventos pasados, es que el verdadero desafío no es construir para el Mundial, sino sostenerlo después. Si bien la Copa del Mundo Brasil 2014 dejó avances relevantes como la consolidación de centros de comando que hoy siguen activos, también se enfrentó a la subutilización de la Arena da Amazonia. Otro ejemplo es el debate que rodea a la infraestructura de Qatar 2022, donde incluso desde su planeación se contempló desmontar o reconvertir estadios tras el torneo, reflejo de las dudas sobre su viabilidad y uso una vez terminado el evento.

Posadas confía en que la afición por el futbol en México sostenga los estadios como espacios de recreación recurrente luego del torneo, y que sea la necesidad de ciudades más seguras, conectadas y eficientes la que mantenga en operación la infraestructura tecnológica desplegada para el evento.

La clave, dice, está en evitar sistemas aislados y apostar por tecnología basada en estándares abiertos que permita su evolución e integración con el tiempo, además de mantener la coordinación entre autoridades, empresas y ciudadanía.

“La tecnología no es el fin, es el habilitador”, insiste. Su impacto, entonces, no dependerá solo de lo que se instale rumbo a 2026, sino de que esas soluciones se mantengan activas, conectadas y en uso una vez que el torneo termine y la ciudad vuelva a la normalidad.

Guillermo Goñi, socio de deal advisory and strategy y Raimundo Rodríguez, gerente de deal advisory and strategy de KPMG México publicaron un análisis en el que coinciden con esta idea:

“El mundial de 2026 ofrece una oportunidad económica única para nuestro país, potenciada por la modernización de espacios deportivos que asegurarán tanto la calidad del evento como un legado que perdure en el tiempo” refieren.

Desde su perspectiva, las inversiones estratégicas en infraestructura (deportiva y civil) convertirán a México en un destino atractivo para futuros eventos y visitantes, contribuyendo así al desarrollo económico urbano.

“Con una adecuada planificación y ejecución, este acontecimiento puede contribuir al crecimiento y prosperidad del país”, agregan.

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