"Todas tus cuentas online tienen un precio en la dark web", afirma Marijus Briedis, director de tecnología (CTO) de NordVPN. "Tus suscripciones a plataformas streaming, tu email, el acceso a tu banco, tus perfiles de redes sociales. La mayoría de las personas se sorprendería al saber lo poco que le cuesta a un delincuente comprar toda una identidad digital".
A nivel global, Estados Unidos domina este mercado, pero no por el valor de sus datos, sino por el volumen. Más del 70% de las tarjetas robadas disponibles provienen de Norteamérica, lo que ha reducido sus precios al convertirlos en un “commodity”, es decir, algo que se vuelve tan abundante y estandarizado que pierde diferenciación y se vende casi como producto genérico. En contraste, en países donde la información es más escasa, como Japón o Singapur, los precios son más altos.
El análisis también muestra que no todos los datos tienen el mismo valor, pues mientras que un correo personal puede venderse en lotes por apenas un dólar, las cuentas corporativas representan un activo mucho más lucrativo. Credenciales de servicios como Office 365 alcanzan precios superiores a los 26 dólares, ya que pueden servir como puerta de entrada a redes empresariales completas.
Este tipo de accesos suele ser comercializado por intermediarios especializados en vulnerar sistemas para luego revenderlos a otros ciberdelincuentes.
Las redes sociales también forman parte del mercado y una cuenta de Facebook ronda los 38 dólares y puede dar acceso a perfiles vinculados, páginas comerciales y herramientas publicitarias. En tanto, las cuentas de TikTok pueden costar hasta 60 dólares.
Incluso plataformas de comercio electrónico y criptomonedas tienen un valor relativamente accesible, como una cuenta de Amazon que se vende por unos 50 dólares, mientras que billeteras digitales de plataformas como Coinbase o Binance pueden superar los 100 dólares debido a su potencial acceso directo a fondos.