Diseñadas para no soltarte
Las plataformas que hoy organizan la vida cotidiana no fueron construidas para facilitar la desconexión, sino para la permanencia. El scroll infinito existe por una decisión deliberada de diseño, lo mismo pasa con el autoplay que no da pausa y los algoritmos de recomendación que aprenden con precisión qué activa el sistema de recompensa de cada usuario, y cuándo.
En febrero de 2026, la Comisión Europea constató de forma preliminar que TikTok incumple la Ley de Servicios Digitales por su diseño adictivo. Bruselas cuestionó la ausencia de una evaluación seria del daño que generan en el bienestar físico y mental de los usuarios, incluidos menores y adultos vulnerables. Se detectó que ByteDance, empresa matriz de la red social, no habría considerado con suficiente rigor indicadores de uso compulsivo, como el tiempo que los menores pasan en la aplicación durante la noche.
Meta y YouTube también han enfrentado demandas en Estados Unidos donde los algoritmos son señalados como responsables de un daño psicológico probado, especialmente en menores.
Un estudio publicado en Scientific Reports en 2024, liderado por S. Nivins, siguió a cientos de niños durante cuatro años y encontró que el consumo constante de plataformas sociales modifica trayectorias neuronales de forma "pequeña pero consistente". A mayor estimulación del sistema de recompensa, mayor sensibilidad a las señales sociales externas Es decir, el cerebro se recalibra para necesitar más validación digital.
Especialistas del IMSS han documentado que ese uso desmedido puede desencadenar síntomas de ansiedad y depresión, y que cuando las plataformas se convierten en la única fuente de gratificación aparece también un síndrome de abstinencia al interrumpir el uso.
"Tenemos que entender que nuestra realidad no es solo la laboral. Vamos a hacer un pago en el banco: tenemos una aplicación. Ya hay justicia digital. El derecho a la desconexión digital debería extenderse a muchos aspectos de nuestra vida”.
De acuerdo con Serralde, uno de los argumentos más incómodos que está emergiendo en este debate es que la hiperconectividad no solo interrumpe la vida offline, sino que está creando identidades paralelas cuya gestión exige un trabajo cognitivo y emocional constante.
Cada usuario administra al mismo tiempo quién es en su vida física y quién es en las redes sociales. "Todos tenemos ya dos personalidades: la física y la que podemos tener en ese personaje que creamos para nuestras redes. A veces ya no sabemos en dónde estamos, si en la parte virtual o en la física", señala Serralde.
Esta dualidad conecta con lo que algunos psicólogos llaman fatiga de la presencia digital, es decir, el esfuerzo de gestionar una representación pública de uno mismo en tiempo real, sin descanso.
"Estamos perdiendo esa capacidad de asombro y de responder a lo que es la propia vida", considera Serralde.