La paradoja de la etiqueta
Las aplicaciones de mensajería cerrada son el sistema circulatorio por donde la desinformación viaja más rápido y con menos fricción. A diferencia de las plataformas abiertas donde una falsedad al menos tiene la fricción de una posible refutación pública, en canales como WhatsApp y Telegram la difusión de mensajes combinan velocidad, confianza interpersonal y una ausencia casi total de supervisión pública.
Meta, consciente de esta dinámica, implementa medidas para reducir la viralización sin vulnerar el cifrado de extremo a extremo que caracteriza a WhatsApp. La plataforma limita el reenvío de mensajes a un máximo de cinco chats simultáneos y marca con una etiqueta de doble flecha aquellos contenidos que han sido redistribuidos más de cinco veces, una señal visual que busca activar el pensamiento crítico del receptor.
Sin embargo, las cifras del DDIA muestran que estas medidas no son suficientes para contener el flujo de mensajes sospechosos. La etiqueta de "reenviado con frecuencia" se convirtió, paradójicamente, en una señal de que el contenido ya cumplió su objetivo de instalarse en la conversación pública.
Uriostegui agrega que además "no hay un criterio que realmente determine si lo que estás viendo es real o no, solo te informa que ya lo recibieron muchas personas". El mensaje, dice, puede ser real o puede ser desinformación, y la etiqueta no distingue entre ambos casos.
Para la especialista, el error de fondo está en pensar el problema como uno de control unilateral por parte de las plataformas. Cita el caso de X, que eliminó su sistema de verificación, frente a Meta, que lo conserva, pero insiste en que ninguna empresa puede, por sí sola, controlar de forma efectiva una comunidad horizontal.
El problema se vuelve más complejo cuando coincide con baja credibilidad institucional, "en un contexto de alta corrupción (...) puede generarse que la información difundida por el gobierno (...) no sea información que se considere fidedigna, y por lo tanto las personas quieran obtener información (de otras fuentes)", explica. No es, dice, que la fuente alternativa sea necesariamente más confiable, sino que la desconfianza hacia la fuente oficial empuja a las audiencias a buscar en otro lado.
América Latina reúne las condiciones para que este fenómeno se exprese con especial intensidad debido a la desconfianza histórica hacia las instituciones, fragilidad económica, altos niveles de polarización política y una dependencia profunda de las redes sociales y la mensajería privada como fuentes primarias de información.