Rodrigo Partida Zermeno, director de estrategia de usuario de la firma de desarrollo tecnológico, Wizeline, explica que “los estudios de usuario se centran en este grupo de la población (joven), lo que provoca que las decisiones de diseño repliquen sus hábitos y preferencias”, dejando fuera a quienes requieren interfaces distintas.
A pesar de los obstáculos, los adultos mayores están demostrando una mayor capacidad de adaptación notable. Al respecto, Partida subraya la necesidad de “separar la edad de la alfabetización digital”, ya que cada vez es más común ver a personas de “60 o 70 años que utilizan smartphones, redes sociales y aplicaciones de movilidad”. El smartphone es, de hecho, su principal herramienta, ya que el “97.3% de las personas usuarias de internet en este rango de edad se conectó a la red mediante un teléfono celular inteligente”.
No obstante, el envejecimiento trae consigo retos físicos que la tecnología debe mitigar. La encuesta revela que, entre los usuarios de celular con dificultades, el 61.4% reportó problemas para ver, aun usando lentes, mientras que un 32.4% mencionó alguna dificultad motriz, por lo que un diseño que ignore estos datos no conectaría con en este segmento.
La urgencia de adaptarse es demográfica, pues para el año 2050 se prevé que “más del 20% de la población tendrá 60 años o más”, según la encuesta y los especialistas resaltan que ignorar hoy a este grupo es darle la espalda al que pronto será el segmento de consumo más grande de la pirámide poblacional mexicana.
Mireia Fernández-Ardèvol, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya, identifica tres elementos críticos por los que existe un círculo vicioso que perpetúa la exclusión: “los estereotipos y autoestereotipos, la falta de datos y la inadaptación del diseño”.
Asimismo, refiere que hay otro problema de percepción en los datos y agrega que generalmente, la información sobre los mayores hace un “énfasis excesivo en aspectos sanitarios”, lo que fomenta su imagen exclusivamente como pacientes y “obvie su papel como contribuyentes, viajeros y consumidores de servicios culturales” aun cuando también quieren consumir cultura y ocio, no solo medicinas.