7 razones por las que algunos europeos quieren acabar con el euro

En países como Italia, Francia, Grecia e Irlanda se alzan voces en contra del euro y a favor de una vuelta a la soberanía monetaria.
La Unión Europea debe dar respuesta a sus problemas más urgentes, como el desempleo.
Solución  La Unión Europea debe dar respuesta a sus problemas más urgentes, como el desempleo.  (Foto: iStock by Getty Images)
IVANA KOTTASOVA
LONDRES (CNNMoney) -

Sergi Cutillas estaba emocionado cuando España ingresó al euro. Ahora quiere salir.

“La zona euro ha fracasado, fue un mal experimento” dijo. Fue una ilusión.

El economista de 34 años quiere que España abandone el euro. Está lejos de estar solo: el 25% de las personas que utilizan la moneda común quieren abandonarla, según la última encuesta de la Unión Europea.

La amenaza al euro es más aguda en Francia, donde la gente votará el próximo domingo en la primera vuelta de una elección presidencial que presenta a Marine Le Pen. Se espera que la política de extrema derecha, que quiere sacar a Francia de la unión monetaria, avance a un voto de segunda vuelta contra otro candidato el 7 de mayo.

El euro, la moneda de 19 países de la UE, es el símbolo más visible del prolongado experimento de integración económica de la región desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Pero ahora está bajo la amenaza de políticos de izquierda y de derecha que quieren sacar del retiro a la lira, el dracma, la peseta y el franco francés.

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He aquí por qué algunos europeos quieren acabar con el euro:

'Europa no es una nación'

Para Alberto Bagnai, el argumento contra la moneda se reduce a esto: los países europeos no son iguales, por lo que no deben usar la misma moneda.

“El punto básico es que no se puede tener un estado federal entre ciudadanos de países con un pasado cultural tan diferente”, dijo el académico italiano. “Sin un Estado europeo, no puedes tener dinero europeo”.

Algunos países europeos son más ricos, algunos son más pobres, al igual que estados de Estados Unidos. Pero a diferencia de Estados Unidos, la zona euro no tiene un gobierno central para decidir sobre las políticas de gasto, impuestos y presupuesto.

“Estados Unidos es una nación, hay un sentido de identidad común”, dijo.

Eso no aplica en Europa, donde hay pocas perspectivas de unidad política porque las naciones más ricas como Alemania terminarán transfiriendo dinero permanentemente a los menos afortunados.

“Alemania no quiere esto”, dijo Bagnai. “Deberíamos dejar de contar cuentos de hadas”.

'Ilusión óptica'

Esas divisiones profundas no siempre fueron tan evidentes.

Las tasas de interés que España, Grecia e Italia necesitaban para pagar a sus acreedores se desplomaron después de ingresar al euro, poniéndolos a la par con Alemania.

“Los inversores observaron las tasas de interés nominales y pensaron que los griegos se habían convertido en alemanes”, dijo Bagnai. “Fue una especie de ilusión óptica”.

Entonces la crisis financiera golpeó, y las grietas en la unión monetaria comenzaron a mostrarse.

En España, los políticos no pudieron abaratar el euro para contrarrestar el colapso de una burbuja inmobiliaria y la crisis de la deuda.

En cambio, Madrid se vio obligada a reducir los gastos y poner en marcha un programa de austeridad, que afectó los estándares de vida.

“El 20% de desempleo que tenemos ahora en España es un resultado directo del euro”, dijo el economista Cutillas.

Cutillas dijo que muchas personas en España, que sufrieron décadas de dictadura violenta bajo Francisco Franco, apoyan al euro porque está asociado con el progreso, la modernidad y la paz. Eso no es suficiente para el economista.

“Es bueno poder viajar fácilmente y tener medios de pago fáciles, pero estas ventajas no deberían cubrir lo que está pasando con el euro”, dijo.

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Una tragedia griega

Grecia es un excelente ejemplo de la división entre los países ricos del norte de Europa y las economías más débiles en la periferia del continente.

Ante una crisis de deuda propia, Atenas aceptó drásticos programas de austeridad a cambio de repetidos rescates. Los salarios, las pensiones y el gasto público se han reducido drásticamente.

Fotis Panagiotopoulos, un trabajador portuario de la Autoridad Portuaria de Atenas, experimentó las consecuencias de primera mano.

Su salario ha caído 50% desde el comienzo de la crisis griega en 2010. Su esposa no puede encontrar un trabajo estable.

“Lo que estamos experimentando en Grecia es la muerte lenta”, dijo. “No hay salida a menos que nos liberemos de este ciclo de deuda”.

Deuda de la eurozona

Panagiotopoulos quiere que Grecia salga del euro y empiece de nuevo.

“Solo queremos asegurarnos de que nosotros, y nuestros hijos, podamos tener un futuro decente”, dijo. “Con el euro, no veo cómo eso sea posible”.

La 'burbuja euro' de Irlanda

¿Recuerdas al Tigre Celta? Irlanda prosperó en los primeros años del euro, al crecer en promedio 6.5% anual entre 1999 y 2007.

Keith Redmond, un dentista y político local de Dublín, recuerda esos días con miedo.

“No fue un auge, fue una burbuja... una burbuja en moneda de euros”, dijo.

Redmond sostiene que, sin control sobre sus tasas de interés, Irlanda no fue capaz de enfriar la burbuja.

Cuando estalló, llevó al sistema bancario irlandés al borde del colapso. E Irlanda se vio obligada a recortar el gasto.

Irlanda ha dado vuelta a la página y su economía está creciendo otra vez. Pero para Redmond, el euro sigue siendo un problema.

“La falla fundamental sigue ahí... todo esto puede volver a suceder, no tenemos flexibilidad en nuestro sistema monetario para hacer frente a un impacto”, dijo.

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Nacionalismo francés

Vincent Brousseau es un economista francés. Pero para él, el problema con el euro no es económico.

En cambio, ve a la moneda común como una amenaza para la soberanía nacional de Francia.

“No es francesa”, dijo de la moneda. “No importa si está sobrevalorada o infravalorada... esto es se trata de tomar nuestras propias decisiones”.

Él ha tenido un gran cambio de opinión. Brousseau trabajó para el Banco Central Europeo hasta hace unos años.

“Cuando empecé en el BCE, creía que podía haber una Europa, yo era un europeo convencido”, dijo.

Pero su opinión cambió poco a poco a través de los 15 años que pasó en el banco central que establece una tasa de interés común para los 19 países de la zona euro.

“Me di cuenta de que transferir la soberanía de Francia al superestado europeo no es bueno para el país”, dijo Brousseau, quien ahora supervisa la política económica y monetaria del partido político francés UPR.

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¿Qué sigue?

Los opositores al euro no están de acuerdo con lo que debería suceder ahora.

A Redmond le gustaría ver una división de la moneda en dos. El euro actual sería utilizado por Alemania, Países Bajos y otros países económicamente más fuertes. Se introduciría un segundo euro más débil para Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España.

Brousseau quiere que Francia abandone por completo el euro y reviva el franco. No es un fanático de los compromisos propuestos por la candidata presidencial de extrema derecha Marine Le Pen, quien quiere abandonar el euro, pero utilizar una nueva moneda paneuropea en paralelo al franco.

En Italia, Bagnai piensa que el fin del euro es algo inevitable.

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“Sabemos que el proyecto puede durar una década tal vez, pero va a terminar y cuanto antes termine, mejor”.

Elinda Labropoulou y Maud Le Rest contribuyeron a este reporte.

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