OPINIÓN: Lo que los demócratas deben aprenderle a los republicanos

Mientras los demócratas del Senado estadounidense deciden cómo pelearán contra esta administración, una opción sería ver lo que han hecho los republicanos cuando eran oposición.
Boicot  Los demócratas de la Comisión de Finanzas del Senado estadounidense boicotearon la votación del candidato de Trump a la secretaría del Tesoro.  (Foto: EFE)
Julian Zelizer

Nota del editor: Julian Zelizer da clases de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton; es miembro de New America. Escribió los libros Jimmy Carter y The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es uno de los conductores del podcast Politics & Polls. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — En la política no se juega, según dicen. Y los republicanos estadounidenses lo saben perfectamente.

Cuando los demócratas de la Comisión de Finanzas del Senado estadounidense finalmente tuvieron agallas para boicotear la votación de los controvertidos candidatos de Donald Trump a la secretaría del Tesoro (Steven Mnuchin) y a la secretaría de Salud y Servicios Humanos (Tom Price), los republicanos simplemente cambiaron las reglas.

Aunque las reglas de la comisión estipulan que se necesita que haya un miembro del partido minoritario en las votaciones, el presidente Orrin Hatch, representante de Utah, y los republicanos de la comisión suspendieron la aplicación del reglamento por unanimidad. Con una declaración que bien podría haber llevado el subtítulo de "alerta: ironía", Hatch lo justificó como reacción a la "obstrucción sin precedentes de parte de nuestros colegas".

Cualquier demócrata que haya vivido las tácticas agresivas de la época del Tea Party no podría hacer más que sentirse fastidiado. A lo largo de la presidencia de Barack Obama, los republicanos del Capitolio estuvieron dispuestos a adoptar una postura implacable y agresiva y a usar las reglas legislativas como arma brutal para impedir que sus oponentes avanzaran hacia sus objetivos.

Los republicanos amenazaron con llevar al país a la suspensión de pagos al rehusarse a elevar el techo de la deuda. Usaron la obstrucción como táctica de rutina. Atoraron a muchos de los candidatos de Obama, incluido el candidato a la Suprema Corte, Merrick Garland, a quien nunca se le concedió una audiencia, ya no digamos una votación ante el pleno del Senado. Casi todas las veces que Obama pidió apoyo bipartidista, la mayoría de los miembros del partido se mantuvo firme y votó en contra.

El senador Mitch McConnell es brillante en la guerra procedimental. Entiende que las reglas del Congreso no son un simple telón de fondo de las acciones, sino que son el mecanismo a través del que se libra el combate partidista. Lo que ha llamado la atención sobre McConnell y sus colegas en la Cámara de Representantes y en el Senado es que están dispuestos a usar las reglas de la forma más implacable posible.

No obstante que la obstrucción le cuesta a los republicanos el favor de la opinión pública (y no inspiró mucha confianza que el partido sepa cómo gobernar), los republicanos están dispuestos a arriesgarse.

Para ellos, los beneficios de obstaculizar la agenda del presidente y de energizar a los activistas del partido con un estilo combativo y beligerante, dará frutos tarde o temprano. También apostaron a que, al final, los electores culparán al presidente y no al Congreso de que no se logre nada en Washington, aunque la Cámara de Representantes y el Senado estén en manos de la oposición.

Ahora que los republicanos también controlan la Casa Blanca, usarán esas herramientas para promover la agenda del presidente. A pesar de que hay ciertos puntos de contención importantes (como los tratados de libre comercio), el Partido Republicano es notablemente unido y disciplinado en la mayoría de las cuestiones. Saben lo que quieren y Trump ha dicho que cumplirá, así que están dispuestos a hacer lo que se tenga que hacer dentro de los límites de las reglas.

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A pesar de todo el caos y el tumulto que impera en la Casa Blanca, esta es una fortaleza de la que depende todo el partido.

Como todos están pendientes de Trump, de muchas formas la acción real transcurre en el Congreso, en donde se allana el camino para ratificar a candidatos muy de derecha, lo que demuestra que casi no habrá resistencia a los actos más polémicos del presidente, tales como los decretos sobre los refugiados, y que se están preparando para promover un surtido de recortes fiscales, desregulación y aumento en el gasto militar que haría que Ronald Reagan sonriera en la tumba.

Si los demócratas del Senado se atreven a obstruir la confirmación de Neil Gorsuch a la Suprema Corte, es casi seguro que ninguno de los republicanos de esa cámara le dará la espalda al presidente y que el Partido Republicano hará lo que tenga que hacer para convencer a suficientes demócratas de estados en disputa para que respalden al candidato.

No cuesta imaginar que si hay una obstrucción, el senador McConnell recurrirá a las tácticas de Harry Reid para tomar la medida drástica de eliminar el derecho de prolongar indefinidamente las pláticas. De hecho, el presidente Trump ya lo exhortó a hacerlo.

Así que mientras los demócratas del Senado empiezan a tomar decisiones sobre cómo pelearán contra esta administración, harían bien en ver lo que han hecho los republicanos. Podrían ver que aunque la obstrucción y el pavoneo legislativo suelen ser desagradables y no les gustan a los electores, puede ser una herramienta útil para lograr los grandes objetivos del partido.

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En cuestiones de principios, que pueden incluir a un candidato a la Suprema Corte que defiende valores que en su opinión llevarían al país en la dirección equivocada, la lucha legislativa más encarnizada posible podría ser justo lo que se necesita para movilizar a los activistas del partido… y podría ser una herramienta efectiva para forzar al presidente a no avanzar en una dirección en particular.

Si un partido está dispuesto a lidiar con la intensidad inevitable que surgirá por el uso de tácticas agresivas, es posible salir airoso, como los republicanos aprendieron en 2016. De hecho, la primera grieta grave en la ofensiva republicana surgió con dos senadoras: Susan Collins y Lisa Murkowski, quienes dijeron que se opondrían a la confirmación de Betsy DeVos como secretaria de Educación.

Y si los demócratas están preocupados porque es una hipocresía evidente hacer lo mismo por lo que criticaron a los republicanos, probablemente no deberían estarlo. Después de todo, los demócratas del Senado están insistiendo en que los demócratas tienen la obligación de conceder una audiencia justa a Gorsuch a pesar de que evidentemente entra en contradicción con la forma en la que los republicanos trataron a Garland.

El mayor peligro, desde luego, es lo que le pasa al proceso democrático con toda esta guerra legislativa. Conforme los partidos se hundan en la mugre (cosa que muchos demócratas tienen presente) crecerán las inquietudes sobre los efectos de todo esto en nuestra capacidad de gobernar y resolver de forma responsable los grandes problemas del momento.

En vista de que la Suprema Corte ha tenido solo ocho miembros desde que murió el ministro Antonin Scalia, en febrero de 2016, esos riesgos son evidentes para todos en la cámara alta.

Sin embargo, los republicanos han demostrado que hay un espacio entre la destrucción total del proceso político y el tradicional combate legislativo que los demócratas pueden aprovechar para frenar la actividad intensa de la Casa Blanca.

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En la década de 1960, los liberales como el demócrata Richard Bolling de Missouri descubrieron que la única forma de combatir a los conservadores de esa época (los demócratas sureños que presidieron las comisiones durante décadas) era movilizar y combatir a través de las reglas de las que estos habían dependido para frenar políticas nacionales como la de los derechos civiles.

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En pocas palabras, si los demócratas quieren tener una oportunidad de detener los cambios transformadores que se avecinan, tendrán que poner mucha más atención a los republicanos como ejemplo potencial para trazar una ruta para avanzar.

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