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Las materias que deberían enseñar las universidades, además de IA

Expertos en educación alertan que priorizar solo la tecnología deja fuera las habilidades que realmente definen la empleabilidad futura.
mar 03 febrero 2026 03:16 PM
La IA no te va a salvar: las materias que las universidades deberían de enseñar en 2026
La inteligencia artificial atraviesa las profesiones, pero no sustituye habilidades como comunicación, empatía y pensamiento crítico. (iStock)

Cada vez que se habla del futuro de la educación superior aparece la misma idea. La inteligencia artificial (IA) debería ser una materia eje en todas las carreras profesionales.

Suena lógico, ya que hoy la IA está en el trabajo, en la productividad y en la vida diaria, de modo que funciona como una capa transversal que atraviesa casi cualquier profesión.

Sin embargo, no define por sí sola la capacidad de una persona para adaptarse, tomar decisiones o generar valor en escenarios inciertos. Ahí es donde, según especialistas en educación internacional, las universidades están mirando al lugar equivocado.

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Durante el IFE Conference 2026, organizado por el Tecnológico de Monterrey, Mercedes Mateo, chief of education del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), dijo que el foco no debería estar solo en sumar contenidos tecnológicos, sino en fortalecer las habilidades que permiten convivir con ese cambio permanente.

“La inteligencia artificial acelera todo, pero lo que vuelve relevante a una persona no es la herramienta, sino sus capacidades humanas”, afirma.

La comunicación, empatía, manejo de emociones, curiosidad, pensamiento crítico y autoconocimiento aparecen de forma recurrente en esas discusiones como la base que permite aprender durante toda la vida. Sin ellas, cualquier habilidad técnica envejece rápido.

“La universidad no puede limitarse a enseñar lo que hoy pide el mercado, porque eso cambia muy rápido”, señala María Victoria Angulo, consultora en educación para América Latina y ex ministra de Educación en Colombia. “Lo que sí permanece son las habilidades que permiten aprender, desaprender y volver a aprender”.

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La paradoja es que mientras las universidades se obsesionan con actualizar programas para no quedarse atrás en tecnología, los empleadores y los sistemas productivos empiezan a valorar aquello que no se automatiza con facilidad como resolver problemas mal definidos, trabajar con otros, comunicar ideas complejas, tomar decisiones éticas, capacidades que no dependen de una herramienta específica.

Desde una perspectiva regional, Angulo insiste en que las universidades deben dejar de medir su éxito solo por cobertura o actualización de contenidos. La relevancia, dice, pasa por formar personas capaces de moverse entre trabajos, contextos y etapas de vida distintas. Eso exige programas que integren habilidades humanas de manera explícita y evaluable, no como discursos aspiracionales.

En México, la discusión también empieza a permear en la política pública. Carlos Iván Moreno, director general de educación superior universitaria e intercultural de la SEP, reconoce que los planes de estudio siguen concentrados en habilidades específicas que se vuelven obsoletas en pocos años.

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“Estamos dedicando demasiada energía a habilidades técnicas de corto plazo y muy poca a las habilidades complejas que acompañan a las personas durante toda su vida”, advierte.

El punto no es restar importancia a la tecnología, es entender su lugar. La IA no sustituye la capacidad de comunicarse, de gestionar frustración, de colaborar o de aprender de forma autónoma. De hecho, sin esas habilidades, su uso suele ser superficial y poco crítico.

“La educación superior tiene que volver a poner al ser humano en el centro”, enfatiza Mateo. “Si no fortalecemos habilidades como empatía, pensamiento crítico o manejo emocional, ninguna tecnología va a cerrar las brechas de desarrollo”.

Por eso, cuando se pregunta qué materias deberían enseñar las universidades, la respuesta incómoda no es programación avanzada o la última herramienta digital, es felicidad entendida como bienestar y propósito, comunicación asertiva, ética, empatía, pensamiento crítico y manejo emocional, asignaturas que no siempre caben en un sílabo tradicional, pero que determinan si una persona podrá adaptarse cuando el mercado vuelva a cambiar.

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