El dato no significa que el salario haya dejado de ser relevante. Revela que una mejora económica no necesariamente compensa el costo de perder tiempo personal, especialmente cuando una promoción o un mayor ingreso vienen acompañados de más responsabilidades, jornadas extensas o una disponibilidad que rebasa el horario laboral.
Para las áreas de Recursos Humanos ya no se trata únicamente de cuánto debe pagar una empresa para atraer a una persona, sino de qué está dispuesta a modificar para que esa persona quiera permanecer.
“El salario sigue siendo importante, pero las personas también están buscando lugares donde puedan crecer, sentirse escuchadas, cuidar su bienestar y tener líderes que entiendan sus necesidades. Para Recursos Humanos, esto implica construir propuestas de valor más humanas, cercanas y alineadas con la realidad de los colaboradores”, dice Norma Godínez, directora de Recursos Humanos de Kelly México.
La capacidad de elegir entre dinero y tiempo, sin embargo, no está distribuida de la misma manera entre todos los trabajadores. En mayo de 2026, México registró una población económicamente activa de 62.1 millones de personas, mientras que la informalidad alcanzó 55.2% de la población ocupada, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi.
Eso significa que la discusión sobre el valor del tiempo ocurre dentro de un mercado laboral con realidades muy distintas. Para una parte de los trabajadores, rechazar una promoción o un aumento puede ser una decisión viable. Para otros, el ingreso adicional sigue siendo una necesidad y la posibilidad de elegir entre salario y equilibrio laboral es mucho más limitada.
El aumento no compensa una jornada sin límites
El respeto al horario laboral y a los límites fuera de la jornada es el principal factor de equilibrio para 64.35% de los participantes del TELM. Los arreglos de trabajo flexible fueron mencionados por 42.58%, mientras 41.43% valoró el tiempo de descanso pagado.
Los porcentajes muestran que el equilibrio no depende exclusivamente de trabajar desde casa. Una persona puede acudir todos los días a una oficina y conservar límites saludables si la empresa respeta su salida, distribuye adecuadamente las cargas y evita exigir respuestas durante la noche o los fines de semana.
Por el contrario, un puesto remoto también puede invadir la vida personal cuando las reuniones se extienden, las tareas no tienen prioridades y la disponibilidad permanente se interpreta como compromiso. La flexibilidad, por lo tanto, necesita reglas, indicadores y liderazgos que confíen en los resultados , pues otorgar una modalidad híbrida sin modificar la operación solo traslada el desgaste a otro espacio.
La situación adquiere peso porque 39.31% de los participantes relaciona su trabajo con problemas de estrés, mientras cerca de 25% reporta ansiedad. Después aparecen dolores de espalda, enfermedades gastrointestinales, migrañas y dolores de cabeza.
El costo tampoco termina en la salud del trabajador. Godínez advierte que el estrés afecta la calidad, la concentración y la seguridad, además de elevar el ausentismo, la rotación y los problemas en los niveles de servicio. En consecuencia, la empresa puede terminar pagando dos veces, primero mediante un aumento que intenta retener a la persona y después a través de las fallas provocadas por una operación que la agota.
“El bienestar emocional debe verse como una condición para sostener el desempeño sin agotar al talento. Cuando una organización desarrolla un sistema preventivo, las personas pueden ser más productivas, mientras la empresa reduce riesgos relacionados con el ausentismo, la rotación y el deterioro en la calidad del trabajo”.