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Alimentos ultraprocesados: qué dice la ciencia tras la guía de EU

Expertos coinciden en que el impacto depende de la frecuencia y porciones, y advierten que no existe consenso absoluto sobre su clasificación ni sobre su efecto directo en la salud.
mié 04 marzo 2026 05:55 AM
¿Los alimentos ultraprocesados son tan dañinos como dicen?
Para muchos consumidores, “procesado” equivale a industrializado. Sin embargo, cocinar en casa también implica procesamiento: freír, hornear o mezclar ingredientes. (coldsnowstorm/Getty Images)

Este año, el gobierno de Estados Unidos publicó su nueva Guía Alimentaria 2025-2030 que fue objeto de discusión y críticas, tras dejar el modelo tradicional de plato y presentar una pirámide invertida como su imagen principal. Pero uno de los debates principales fue el de los alimentos ultraprocesados.

Los Departamentos de Agricultura (USDA) y de Salud y Servicios Humanos (HHS) enfatizaron lemas de “La comida real triunfa” o “Come comida real” (Eat Real Food) mientras responsabilizaron a los alimentos ultraprocesados o altamente procesados de problemas de salud, como diabetes, obesidad y otras enfermedades crónicas.

Esto llamó la atención de especialistas de la academia, la salud y la industria alimenticia, quienes tienen opiniones contrastantes. ¿Los alimentos ultraprocesados son los verdaderos culpables? ¿Cuál es su participación en la alimentación cotidiana?

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Antes de señalar, ¿qué significa “ultraprocesado”?

“Alimento ultraprocesado” se refiere a una de las cuatro categorías del sistema de clasificación NOVA, que reagrupa los alimentos por el nivel de procesamiento al cual ha sido sometido:

  1. Alimentos sin procesar o mínimamente procesados;
  2. Ingredientes culinarios procesados;
  3. Alimentos procesados; y
  4. Productos ultraprocesados.

Los alimentos “ultraprocesado” son aquellos que están formulados en su mayoría o completamente a partir de derivaciones de otros alimentos, como saborizantes, conservadores, colorantes, azúcares añadidos o grasas modificadas.

En América Latina, es común utilizar el término de “alimento ultraprocesado”, pero Estados Unidos decidió omitirlo en su reciente guía, y en su lugar aplica “alimentos altamente procesados” como cualquier alimento, bebida o producto similar elaborado principalmente a base sustancias extraídas de alimentos (como azúcares refinadas, granos, almidones o aceites) o que contiene aditivos químicos fabricados industrialmente.

Para Fernanda de Oliveira Martins, Gerente Senior de Promoción de Nutrición y Salud para América Latina en Unilever, este cambio es poco efectivo. El argumento de EU se resume a que no existe consenso científico para usar el primer término en políticas públicas, pero el concepto “altamente procesado” tampoco ofrece una definición clara y consistente dentro de la propia guía oficial.

“La guía americana introduce otro concepto que tampoco cuenta con un consenso claro (...) La definición presentada es son productos hechos con sustancias extraídas de alimentos o con aditivos químicos. En este sentido, se pensaría mucho que son entonces alimentos industrializados o hechos por la industria.”

Los alimentos empaquetados no son los únicos ultraprocesados

Comúnmente se consideran “alimentos ultraprocesados” a aquellos productos empaquetados que están en los supermercados o tiendas de autoservicio, pero también entran las comidas hechas en casa y por restaurantes.

Mariel Calderón, química en alimentos, doctora en biotecnología e investigadora del Tecnológico de Monterrey, explicó que al manipular los alimentos para la preparación de las comidas, ya se está haciendo un proceso, por lo que ya no están en su “estado más puro”.

Conforme se le agregan más ingredientes como sal, azúcar o conservadores, así como realizar procesos como freír u hornear, se acerca a la definición de “ultraprocesado”.

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Por ejemplo, tanto una papa frita embolsada como una hecha en casa, ambas se consideran ultraprocesadas. Sin embargo, Fernanda de Oliveira Martins resalta que la diferencia entre ambos recae en los controles de seguridad alimentaria, como la temperatura y tiempo de preparación, que mitigan la producción de sustancias químicas dañinas a la salud.

¿Qué tan “culpables” son los alimentos ultraprocesados en los problemas de salud?

A pesar de que la guía alimentaria estadounidense menciona que esta clase de comidas es causante de deteriorar la salud, las expertas matizan la aseveración.

“(Los) alimentos que son procesados o ultraprocesados no hay que satanizarlos tampoco, muchos de estos conservadores o aditivos que se utilizan están comprobados que no son tóxicos (...) están regulados y no producen ningún daño al consumidor. El problema es la cantidad”, explicó Mariel Calderón.

No se trata de comerlos o no, sino de las porciones y la frecuencia en que se consumen.

Raquel Pérez de León García, nutrióloga por el ISSSTE y maestra en nutrición deportiva por la UVM, explica que esta clase de alimentos, que contienen muchos ingredientes refinados y aditivos, están diseñados para que “sepan rico”, pero no dan saciedad, por lo que se excede en su consumo.

La falta de tiempo y la accesibilidad con la que se consiguen, así como su conservación facilitan también su ingesta, en lugar de optar por alimentos poco o nada procesados que tienen poco tiempo de vida incluso en refrigeración.

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¿Cuáles son las porciones que debo comer?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que para tener una dieta equilibrada es fundamental cuatro pilares:

Adecuación: Cubrir las necesidades de nutrientes sin excederlas.
Equilibrio: Consumir una proporción adecuada de proteínas, grasas y carbohidratos.
Moderación: Limitar alimentos e ingredientes que pueden ser perjudiciales.
Diversidad: Incluir una amplia variedad de alimentos nutritivos.

La nutrióloga recomienda aplicar la regla 80/20:

“Intenta llevar el 80% de tu dieta que sea lo más natural y más sano posible y dar un 20% de permiso para algún antojo.”

Las guías alimentarias suelen orientar las proporciones entre los diferentes tipos de alimentos, como la reciente publicada por Estados Unidos.

Mientras que para la gerente de Unilever, las proporciones recomendadas no son las más eficientes, tanto la biotecnóloga del Tec. de Monterrey como la nutrióloga la consideran una buena propuesta

En resumen, la distribución consiste en:

- Proteínas, lácteos y grasas saludables: 1.2-1.6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal por día.
- Verduras: 3 raciones al día.
- Frutas: 2 porciones al día.
- Granos integrales: 2 a 4 porciones al día.

Otra opción recomendada por Raquel Pérez es el Plato para Comer Saludable de Harvard , una guía que considera más efectiva al Plato del Buen Comer en México:

- Verduras y frutas: ½ de plato.
- Granos integrales: ¼ de plato.
- Proteína: ¼ de plato.
- Aceites de plantas saludables: en moderación.

Mientras tanto, la OMS recomendada las siguientes para un adulto:

Frutas y verduras: Consumir al menos 400 g (5 porciones) al día.
Grasas: Deben representar menos del 30% de la ingesta calórica total.

  • Priorizar las grasas insaturadas (pescado, aguacate, frutos secos, aceites vegetales).
  • Limitar las grasas saturadas a menos del 10% (carnes grasas, mantequilla, aceite de palma).
  • Reducir las grasas trans a menos del 1%, evitando especialmente las de origen industrial (alimentos fritos y envasados).

Azúcares: Reducir el consumo de azúcares libres a menos del 10% (idealmente al 5%) de la ingesta calórica total. Esto incluye azúcares añadidos y los presentes en miel, jarabes y zumos de frutas.
Sal (Sodio): Mantener el consumo de sal por debajo de 5 g diarios (aprox. una cucharadita) para ayudar a prevenir la hipertensión.
Fibra: Consumir al menos 25 g de fibra dietética al día a través de cereales integrales, legumbres, frutas y verduras.

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