México también compra y lo hace a gran escala, ese mismo año adquirió productos agroalimentarios estadounidenses por más de 30,600 millones de dólares, de acuerdo con datos de Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
Entre ambos países se dibuja un circuito constante de alimentos que supera los 70,000 millones de dólares al año. Este intercambio que no solo refleja cercanía geográfica, sino una dependencia mutua que sostiene a productores, empresas y consumidores en ambos lados de la frontera.
Más de 70% de las importaciones agrícolas estadounidenses provenientes de México se concentran en hortalizas, frutas, bebidas y licores destilados, categorías donde el país ha consolidado una ventaja competitiva amplia.
Productos como el aguacate o la cerveza mexicana ya forman parte del consumo cotidiano en ese mercado.
La estacionalidad juega a favor de México. Mientras el invierno limita la producción en Estados Unidos, los campos mexicanos mantienen el suministro activo. Esa complementariedad convierte al país en un proveedor estratégico en momentos en los que la oferta interna estadounidense se reduce.