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Cada vez alcanza para menos; los salarios de profesionistas se estancan frente al alza de precios

Salarios de profesionistas en México reportan caídas desde 2018 y ritmos lentos de recuperación desde 2023, frente a la inflación y la política de recuperación del salario mínimo que aplica desde 2019.
vie 01 mayo 2026 07:01 AM
salarios profesionistas
Como muchos profesionistas en el país, Ana P. ha visto una evolución en su trabajo, ejerce más tareas tras un recorte de personal en su área, tiene más experiencia y capacitación para uso de herramientas digitales, pero recibe el mismo pago. (Foto: iStock.)

Ana P. es psicóloga y fue contratada hace más de ocho años. Sus condiciones laborales incluían prestaciones superiores a las de la ley y un salario de 16,000 pesos sin impuestos, por una jornada de nueve horas diarias de lunes a viernes. Desde entonces, su vida ha cambiado. Hoy en día, los precios de bienes y servicios que paga son más caros, sus necesidades aumentaron, vive en pareja, tiene una hija; más experiencia, conocimiento y responsabilidades en el trabajo, pero su salario en 2026 es el mismo que a finales de 2017.

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El caso refleja la situación de muchos salarios de los profesionistas en México, que reportan caídas desde 2018 y ritmos lentos de recuperación desde 2023, frente a la inflación y la política de recuperación del salario mínimo que aplica desde 2019. El resultado es una afectación a su poder adquisitivo, indican cifras del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), el Inegi y la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami).

“Los salarios reales de los profesionistas han presentado cierto crecimiento, pero esta recuperación todavía es irregular y volátil”, explica Ana Raquel Aponte Trujillo, investigadora del CEEY. “A partir de 2023, en el caso de las personas con licenciatura, este aumento reciente ronda entre el 3 y el 5% anual, mientras que para aquellas con posgrado hay incrementos más altos, pero también mucha volatilidad. Podemos decir que la educación es un factor clave para tener empleos con mejores condiciones, pero no es una garantía constante para mantener o mejorar el poder adquisitivo del ingreso”.

Sin aumentos

Ana P. ha visto una evolución en su trabajo, ejerce más tareas tras un recorte de personal en su área, tiene más experiencia y capacitación para uso de herramientas digitales, pero recibe el mismo pago. “Cuando llegué, mi equipo era de 18 personas, ahora somos ocho, y hay que absorber las tareas que dejaron de hacer quienes se fueron”, cuenta.

De octubre de 2017, cuando recibió su primera quincena, al cierre de 2025, los precios de productos y servicios se han encarecido 48%, reporta la calculadora de inflación del Inegi. “Hay que hacerse de estrategias para hacer rendir el dinero: ponerle más verdura a la carne, salimos de vacaciones dentro del país, llevamos una vida sencilla”, agrega la psicóloga.

Se trata de una situación generalizada. De 2018 a 2025, los salarios reales (descontando la inflación) de personas con licenciatura crecieron en promedio 0.07% cada año, los de posgrado cayeron 0.43%, mientras que la inflación promedió 4.8%. Además, los salarios promedio de los profesionistas en México se recuperan a menor ritmo que el mínimo, que en los últimos siete años creció a dos dígitos por la política de la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, que continúa este sexenio.

El principal objetivo de esta política es recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores de menores ingresos, para desde ahí empujar los salarios de la población más calificada, pero esto último no se ve, considera Rogelio Gómez Hermosillo, presidente de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

Un crecimiento de los salarios de profesionistas al mismo ritmo que la recuperación del salario mínimo no es sostenible, señalan, por otra parte, los especialistas consultados. Junto a la política de salario mínimo, distintas reformas en materia laboral –a partir de 2020, como la eliminación del outsourcing, la Ley Silla, el incremento de los días de vacaciones y la actualización de tablas de enfermedades– han aumentado el costo de la nómina de trabajadores del 20 hasta el 40%, refieren estimaciones del Instituto Mexicano de Contadores Públicos.

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Un problema sistémico

Pero en México, el 95.5% de los empleadores son micro, pequeñas y medianas empresas, que en su mayor parte no tienen la capacidad económica para enfrentar estos costos. Muchas han cerrado, recortado gastos y plazas o se van a la informalidad, explica Óscar de la Vega, abogado laboral y expresidente del Comité Técnico Nacional de Capital Humano del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF). Agrega que a estos costos laborales sin aumentar la productividad, se suma la incertidumbre judicial, regulatoria y fiscal.

Con los incrementos laborales, las empresas contienen los salarios de quienes ganan más.

“Estamos hablando de salarios mayores al mínimo, sobre todo porque no solo es una persona con ese nivel de ingresos, sino varias. Eso multiplica la carga fiscal y social que ya pagas, porque esa también aumenta en proporción”, explica Sebastián Corona, investigador del IMCO.

“A diferencia de los ingresos de los profesionistas, el salario mínimo perdió valor por decreto, y por decreto está recuperando valor”, señala Gómez Hermosillo. “En teoría, varios años ganando lo mismo también refleja que el empleador no está valorando la experiencia”.

La educación como elevador social

El tema educativo es un factor más tras el rezago de los salarios de los profesionistas. En México, solo el 19% de la población de entre 25 y 64 años cuenta con una licenciatura, 2%, un posgrado, y 1%, una carrera corta o técnica. El total es 22% con educación superior (poco más de 14.4 millones de personas, que representan el 11% de la población total).

Este es el nivel más bajo de egresados de la OCDE junto con Italia. El porcentaje más alto lo tiene Canadá, con 65%, seguidos por Japón y Corea, con 57 y 56%, respectivamente. El promedio de los países del organismo es 41.2%. “Para gran parte de la población, el problema no es si la licenciatura paga más o no, sino que ni siquiera logran llegar a ese nivel educativo”, agrega Aponte. Los bajos niveles de acceso a la educación superior obedecen a la falta de recursos económicos de las familias, la capacidad limitada de las universidades públicas y la falta de un sistema para la evaluación educativa, refiere Mexicanos Primero.

También se observa un presupuesto público en educación, del 3.4% del PIB el año pasado, menor que el de la recomendación internacional (entre el 4 y el 6%), además de descensos y estancamientos del gasto público por estudiante de educación superior y posgrado desde 2019 y 2021, respectivamente, de acuerdo con un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). Los pocos que llegan a las aulas universitarias, estudian sobre todo una carrera social, cuando el mercado laboral demanda cada vez más carreras en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).

“Las carreras no han cambiado en 10 años. Administración, Contabilidad, Psicología son inamovibles. Siempre se estudian las carreras que no son precisamente las que tienen más mercado laboral, que en la actualidad requiere mucho carreras STEM, estas no crecen al mismo ritmo que las ciencias sociales”, comenta Corona.

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Esto genera que existan muchos profesionistas en áreas poco demandadas, dificulta la competencia por los empleos, y que los jóvenes con título universitario no puedan acceder a posiciones en las que sus beneficios por su esfuerzo de cuatro a cinco años de licenciatura se vean recompensados, agrega el investigador del IMCO.

Hacia la informalidad

Con estas condiciones, los egresados realizan trabajos que no requieren título, lo que causa un efecto negativo sobre los salarios, señala el estudio ‘El mercado de trabajo de los profesionistas en México, características y tendencias 2024’, de la UAEM. También la falta de opciones y los salarios estancados en el sector formal desplazan a los profesionistas a la informalidad.

Casi el 30% de los graduados universitarios trabajan informalmente, mientras que las empresas se enfrentan a una considerable escasez de talento, refiere la OCDE en su ‘Estudio económico sobre México 2026’. Si bien los salarios en la informalidad son más bajos, los formales se mantienen estancados, mientras que los informales han crecido 11%, en una serie de 2005 a 2024, explica Axel González Gómez, coordinador de Datos de México, ¿cómo vamos?

Las cifras de la ENOE del INEGI muestran que las personas con mayor nivel educativo acaparan los porcentajes de la población subocupada, que pasaron en 2018 del 28.3% del total, al 38.7% en 2025. Respecto a la población desocupada, pasó del 48.9 al 57.8%, en el mismo periodo. La subocupación indica que las personas, a pesar de tener un empleo, están en busca de más actividades u horas de trabajo para generar más ingresos.

Mientras, la población desocupada indica la fuerza laboral subutilizada, en una economía que se desacelera desde hace cuatro años consecutivos, detalla Víctor Gómez Ayala, director de Análisis Económico de Finamex. En 2025, de acuerdo con cifras del IMSS, se perdieron más de 25,000 empleadores formales.

Aporte a la movilidad

A Ana P. le inculcaron que estudiar una carrera le permitiría tener un mejor empleo, más ingresos y prestaciones, incluso contribuir al desarrollo del país con su conocimiento, pero al ver mermados sus ingresos, prestaciones y tiempo libre por el paso de los años, la embarga la desmotivación. “Cada año, mi salario se acerca más al mínimo”, dice. En 2017, cuando fue contratada, su salario, sin impuestos, equivalía a 6.2 salarios mínimos, al cierre de 2025 fueron 1.8, y para 2026 son 1.6 veces.

“Con los incrementos, el salario mínimo está alcanzando lo que eran los salarios profesionistas hace 10 años. Se desincentiva a que las personas quieran subir en la escalera corporativa, simplemente porque van a crecer las responsabilidades y no va a crecer el ingreso de manera proporcional”, explica Corona.

Pese a las condiciones, estudiar la universidad sigue siendo un punto clave de inflexión para la movilidad social, pues el mayor salto en ingresos ocurre de pasar de la preparatoria a la licenciatura, donde el ingreso promedio real aumenta cerca del 50%, detalla la investigadora del CEEY. También es más probable tener acceso a las prestaciones sociales que brinda el sector formal, si se estudia una carrera, explica el especialista de México, ¿cómo vamos?

Oferta y demanda alineadas

Si bien el acceso a la educación superior es una herramienta clave para la movilidad social, este no puede actuar solo, se requiere un mercado laboral capaz de absorber ese capital humano en empleos de calidad, refiere el CEEY. Para ello, una mejor alineación de los programas educativos con la demanda del mercado laboral es prioridad crucial.

Esto reduciría la brecha de habilidades y ampliaría el acceso a empleos formales de mayor productividad. La formación profesional dual, aunque aún limitada, ha arrojado resultados positivos y debería ampliarse, recomienda la OCDE a México.

“También se deben abordar políticas laborales que nos ayuden a disminuir la informalidad”, comenta la investigadora del CEEY. De acuerdo con la OCDE, reducir la informalidad requiere avances en todo el sistema educativo mexicano, desde la educación inicial hasta la superior, para ayudar a los estudiantes a adquirir las habilidades necesarias para el empleo formal. Agrega que aumentar el gasto público en educación, que sigue siendo relativamente bajo, es tan importante como garantizar que el gasto adicional se utilice de manera eficaz.

Por igual, hay compromisos del lado del profesionista, quien puede observar tendencias en su industria y obedecer a ellas capacitándose por su cuenta o pidiendo apoyo de la empresa.

“Lo que se necesita es una cuestión de política económica, política industrial, para que más personas con esos niveles educativos puedan tener una capacitación más específica, para empleos que son más solicitados actualmente. Lo que se ve ahora, por ejemplo, es todo este fervor de la inteligencia artificial”, considera González, de México, ¿cómo vamos?

“Además del nivel educativo, lo que se pide es que muchas personas tengan formación técnica relacionada a programación para implementar estas herramientas en su trabajo”. En tanto, Aponte considera que tener un marco legal para salarios de profesionistas, como el que existe para el salario mínimo, ayudaría a establecer bases para la recuperación de su poder adquisitivo.

De no empujar medidas para mejorar el mercado laboral de los profesionistas, este permanecerá condenado a ingresos estancados, condiciones y prestaciones en detrimento; además de una sobreoferta de profesionistas en áreas de baja demanda laboral de hasta 28.7 millones en 2050, advierte el IMCO.

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Nota del editor: Este reportaje se publicó originalmente en la edición impresa de la revista Expansión, ' Las 30 promesas de los negocios' , correspondiente a abril de 2026.

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