El Banco de México entregó recientemente otro recorte en la tasa de interés objetivo, movimiento que nuevamente fue ampliamente discutido y analizado. Varios miembros de la Junta de Gobierno del banco central han argumentado que los determinantes de la inflación abrieron margen para los últimos recortes en la tasa de interés, siendo uno de éstos el débil crecimiento económico. Concretamente, se intuye que un dinamismo económico inferior a lo “normal” tiende a restar presión sobre la inflación, pero el detalle está en determinar qué es lo “normal” y en reconocer que las condiciones de equilibrio pueden variar con el tiempo.
Banxico apuesta por una variable “invisible”
El pasado 7 de mayo de 2026, el Banco de México (Banxico) decidió por mayoría recortar en 25 puntos básicos (pb) la tasa de interés objetivo, quedando esta en 6.50%. Este anuncio fue antecedido por el del 26 de marzo, que incluyó una dosis similar de 25 pb. Paralelamente a las decisiones, el índice nacional de precios al consumidor (INPC) experimentó una marcada aceleración. Este alcanzó en marzo y abril crecimientos interanuales de 4.59 y 4.45%, respectivamente, muy lejos de la meta establecida por el propio banco central, de 3%.
Más allá de los datos observados, el panorama inflacionario es todavía desafiante: desde lo incierto de la magnitud y amplitud de los efectos del conflicto en Medio Oriente, hasta la rigidez en los precios de ciertos servicios inducida por las presiones salariales. Naturalmente, ante este entorno, buena parte de los analistas y el mercado consideraba que lo más prudente hubiera sido que el Banxico esperara hasta que se aclarara algo el panorama antes de seguir recortando las tasas de interés. De hecho, así han preferido actuar la mayoría de los bancos centrales en países desarrollados.
Por su parte, la mayoría de la Junta de Gobierno en estos meses afirmó que encontraba todavía espacio para reducir las tasas de interés, pues el alza en ciertos precios es de orden transitorio y, además, las condiciones macroeconómicas favorecerían en adelante una moderación en la variable.
Ciertamente, algunos de los factores que han contribuido a lo largo del año al aumento en la inflación son de origen transitorio, ya sea el aumento en los precios del jitomate o los efectos de los ajustes fiscales que entraron en vigor en enero (i. e., el incremento en el IEPS). Incluso, se considera que, en general, la política monetaria tiende a ser poco efectiva para enfrentar choques de oferta sobre los precios.
Por ejemplo, de poco serviría elevar las tasas de interés para enfrentar el incremento en los precios locales de la gasolina ocasionados por un conflicto armado del otro lado del mundo, especialmente conscientes de que el alza en tasas puede “lastimar” al crecimiento económico y al empleo.
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Ahora, cuando se acumulan una serie de choques “temporales” y la inflación se aleja de forma importante –y por un periodo prolongado—de la meta, sí es conveniente que el banco central considere actuar con cautela, más cuando su principal mecanismo de operación es vía las expectativas de precios, que dependen a su vez de la credibilidad del instituto.
Más allá de los elementos que, en principio, son transitorios, me interesa adentrarme en la segunda parte del argumento, la que habla de las condiciones macroeconómicas y los determinantes de la inflación. Los determinantes en el corto plazo usualmente citados por los miembros de la Junta de Gobierno del Banxico son la actividad económica (referida a veces en términos de “la brecha del producto” o “las condiciones de holgura”), las expectativas de inflación, el tipo de cambio y la política monetaria de años atrás (pues opera con un rezago).
De forma muy particular, la mayoría de la Junta parece expresar consternación por la debilidad económica, y, al mismo tiempo, confianza en que esta situación eventualmente ayudará a controlar la inflación, por lo que no era necesario mantener las tasas de interés en un nivel más elevado al actual.
En estricta teoría, es cierto que un crecimiento económico menor a lo “normal” tiende a generar “condiciones de holgura en la economía” –que en términos coloquiales puede entenderse como desaprovechamiento de toda la capacidad productiva— y, de esta manera, un enfriamiento en los precios. Sin embargo, esto parte de la noción de que el banco central conoce cuál es el nivel de crecimiento económico “normal”, también conocido como potencial o natural. Este concepto no es observable, sino que es algo que se debe estimar. Como en cualquier estimación, está sujeta a un margen de error, a revisiones en los datos considerados, etc.
En este sentido, la economía mexicana recientemente ha exhibido tasas de crecimiento relativamente bajas y, aunque se asume cierta mejora para el segundo semestre, el balance para todo 2026 será modesto, cercano al 1.5%. Partiendo de la noción general de que la economía mexicana tiene un crecimiento potencial de 2% o más, sí parece existir una brecha negativa, que, en consecuencia, podría ayudar a calmar el incremento en precios. Ahora, la economía es un fenómeno en constante cambio, sin un equilibrio permanente. Por lo tanto, asumir que el crecimiento normal sigue y seguirá siendo “2%”, es un error.
Tradicionalmente, se considera que una economía puede elevar su potencial mediante la innovación, la productividad y un mejor aprovechamiento de los recursos. En el caso mexicano, se ha observado lo contrario: bajos niveles de inversión fija bruta, poca innovación y constantes retrocesos en la productividad total de los factores. Entonces, quizás la brecha del crecimiento económico (i. e., “las condiciones de holgura”) no es tan amplia como asume el banco central y, por lo tanto, no ayudarán por sí mismas a que la inflación se controle en un futuro próximo.
Quizá por eso, aún con un bajo dinamismo económico, la inflación subyacente –esa que quita a los componentes más volátiles—lleva 12 meses arriba del 4% a pesar del bajo dinamismo económico, y, por su parte, el banco central se ha visto obligado a revisar constantemente sus pronósticos de inflación.
En conclusión, es fundamental que el banco central reconozca que las condiciones de equilibrio para las distintas variables económicas –desde la tasa de crecimiento del producto hasta el nivel de las tasas de interés—están en constante evolución, y que, además, los equilibrios en el corto plazo pueden diferir de los niveles estimados para el largo plazo. Esto resulta fundamental cuando el entorno es altamente incierto, no solo en lo local, pues el mundo parece estar pasando por importantes ajustes en lo comercial, lo financiero y lo geopolítico. Así, amparado bajo un concepto muy abstracto e “invisible”, el Banxico asumió de forma innecesaria el riesgo de cometer un error en la determinación de la política monetaria, el cual tendría un importante costo sobre su reputación.
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Nota del editor: Alejandro J. Saldaña Brito es Economista en Jefe de Grupo Financiero B×+. “Soy un creyente de que el éxito y la dignidad, tanto en el ámbito personal como en el profesional se logran en el día a día. La disciplina es esencial para cumplir el punto anterior, pero eso no quiere decir que debamos de relegar a un segundo plano los placeres de esta vida (¡muy corta para los que somos ambiciosos!): la convivencia con la familia y los amigos, el deporte, los viajes, la comida, la música y el arte... y algún mezcal, siempre con medida”. Síguelo en Twitter como @ASaldanaEcon y en LinkedIn .
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