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Eliminar las exenciones del T-MEC costará 466,000 mdd en aranceles a Estados Unidos

El mayor cobro reduciría el PIB, encarecerá las cadenas de suministro y elevará el costo para empresas y consumidores estadounidenses.
Quitar las exenciones del T-MEC le saldría caro a EU: empresas y consumidores pagarían 466,000 mdd extras
El 1 de julio inicia la primera revisión del T-MEC en un entorno donde el libre comercio comparte espacio con la seguridad económica y la competencia con China. (iStock)

El 1 de julio, México, Estados Unidos y Canadá iniciarán la primera revisión formal del T-MEC. Deben decidir si extienden su vigencia por otros 16 años o si abren un periodo de revisiones anuales que puede prolongarse hasta 2036. Aunque el tratado seguiría vigente aun sin una renovación inmediata, la incertidumbre sobre su futuro aumentaría y con ella el costo para las empresas que dependen de una de las cadenas de producción más integradas del mundo.

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Uno de los mayores riesgos consiste en perder las exenciones arancelarias que protegen a las mercancías que cumplen con las reglas de origen del tratado. Es decir, los productos fabricados dentro de América del Norte que acreditan el contenido regional suficiente para acceder al mercado estadounidense sin pagar buena parte de los aranceles impuestos por la administración de Donald Trump.

Tax Foundation calcula que, al eliminar ese beneficio, empresas y consumidores estadounidenses pagarían 466,000 millones de dólares adicionales en aranceles entre 2027 y 2036. Tan solo en 2027, el impacto equivaldría a unos 300 dólares adicionales por hogar.

El centro de investigación especializado en política fiscal también estima que ese escenario reduciría 0.1% adicional el PIB estadounidense y tendría un efecto equivalente a la pérdida de 95,000 empleos de tiempo completo. No se trata de una desaparición inmediata del tratado, sino del costo de retirar el principal escudo que protege a buena parte del comercio norteamericano frente a la política arancelaria de Trump.

El cálculo supone que los automóviles, autopartes y camiones que actualmente ingresan bajo el T-MEC enfrentarían un arancel de 25%, mientras que el resto de los bienes cubiertos por el acuerdo pagaría 10%. Esos gravámenes se sumarían a otros impuestos comerciales ya vigentes, elevando de forma importante los costos de producción en sectores altamente integrados.

Una negociación diferente

La consultora Kearney sostiene que la negociación de 2026 ocurre en un entorno completamente distinto al que dio origen al acuerdo hace seis años. La competencia tecnológica con China, la pandemia, las interrupciones en las cadenas de suministro y la creciente importancia de sectores como los semiconductores, los minerales críticos, la inteligencia artificial y la infraestructura digital cambiaron las prioridades de los gobiernos. Es un hecho la eficiencia económica ya no es el único objetivo; la seguridad económica pesa tanto como el libre comercio.

Ante ese escenario, la revisión del T-MEC definirá mucho más que el nivel de los aranceles. También establecerá reglas de origen más estrictas, un mayor escrutinio a la inversión extranjera, controles sobre el tránsito de mercancías y nuevas disciplinas para sectores estratégicos.

Para Kearney, el escenario más probable no es el colapso del tratado, sino una "fragmentación administrada": un T-MEC que permanezca vigente, pero con ajustes graduales, nuevas exigencias de cumplimiento y mayor incertidumbre para quienes producen e invierten en la región.

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Varios centros de análisis coinciden en que el nivel de integración alcanzado por América del Norte hace cada vez más costoso desmantelar el acuerdo.

El Instituto Cato sostiene que, pese a las declaraciones de Donald Trump sobre no renovar el T-MEC en su forma actual, la profundidad de las cadenas de suministro regionales hace poco probable una ruptura definitiva.

En 2024, el comercio de bienes y servicios entre México, Estados Unidos y Canadá rozó los 2 billones de dólares, una integración que supera incluso a la de otros grandes bloques comerciales cuando se mide por país participante. Además, 73.3% de las filiales establecidas en América del Norte comercia directamente con su empresa matriz en Estados Unidos, frente a un promedio mundial de 56.6%, una muestra del grado de interdependencia que alcanzaron las cadenas regionales de producción.

"El T-MEC sin duda tiene algunos defectos, y quizás las próximas revisiones aborden algunos de ellos. Sin embargo, en general, ha sido beneficioso para los fabricantes estadounidenses y la economía de Estados Unidos, y, contrariamente a lo que dice Trump, probablemente seguirá vigente incluso después de que él deje el cargo", señala el Instituto Cato.

El respaldo ciudadano

Ese diagnóstico también encuentra respaldo fuera de los gobiernos y las empresas. Una encuesta del Chicago Council on Global Affairs, realizada en colaboración con Buendía & Márquez en México y Nanos Research en Canadá, muestra que la integración económica mantiene un amplio apoyo entre la población de los tres países.

El estudio revela que 73% de los mexicanos, 78% de los estadounidenses y 81% de los canadienses consideran que el T-MEC beneficia a la economía de su país. Además, la mayoría reconoce que sus vecinos son socios fundamentales para su crecimiento, una percepción que contrasta con el endurecimiento del discurso político registrado durante los últimos meses.

Las diferencias aparecen cuando se pregunta cómo debería negociarse el futuro del acuerdo, ya que en Estados Unidos, 51% de los encuestados prefiere mantener el tratado sin cambios y 36% respalda renegociarlo antes que abandonarlo. En Canadá, 52% opta por conservarlo tal como está y 24% apoya modificarlo. México presenta una postura distinta: 50% considera necesario renegociar el acuerdo, mientras solo 19% apuesta por mantenerlo intacto. Aun así, apenas 20% respaldaría abandonar el tratado, lo que significa que cuatro de cada cinco mexicanos prefieren permanecer dentro del T-MEC bajo alguna modalidad.

La encuesta también refleja las distintas lecturas que existen sobre la relación con Washington. El 73% de los estadounidenses considera que su gobierno debería mejorar la relación con México y Canadá, incluso si eso implica hacer concesiones comerciales. En contraste, 69% de los canadienses cree que Ottawa debe resistir las presiones de Estados Unidos aunque ello complique la relación bilateral. En México, la opinión permanece dividida: 49% favorece alcanzar acuerdos con Washington y 43% prefiere evitar concesiones.

Más allá de lo que ocurra el 1 de julio, una transformación ya está en marcha. La política comercial de Estados Unidos modificó los incentivos de las empresas y comenzó a redefinir el papel que juega el T-MEC dentro de las cadenas de suministro de América del Norte.

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