Varios centros de análisis coinciden en que el nivel de integración alcanzado por América del Norte hace cada vez más costoso desmantelar el acuerdo.
El Instituto Cato sostiene que, pese a las declaraciones de Donald Trump sobre no renovar el T-MEC en su forma actual, la profundidad de las cadenas de suministro regionales hace poco probable una ruptura definitiva.
En 2024, el comercio de bienes y servicios entre México, Estados Unidos y Canadá rozó los 2 billones de dólares, una integración que supera incluso a la de otros grandes bloques comerciales cuando se mide por país participante. Además, 73.3% de las filiales establecidas en América del Norte comercia directamente con su empresa matriz en Estados Unidos, frente a un promedio mundial de 56.6%, una muestra del grado de interdependencia que alcanzaron las cadenas regionales de producción.
"El T-MEC sin duda tiene algunos defectos, y quizás las próximas revisiones aborden algunos de ellos. Sin embargo, en general, ha sido beneficioso para los fabricantes estadounidenses y la economía de Estados Unidos, y, contrariamente a lo que dice Trump, probablemente seguirá vigente incluso después de que él deje el cargo", señala el Instituto Cato.
El respaldo ciudadano
Ese diagnóstico también encuentra respaldo fuera de los gobiernos y las empresas. Una encuesta del Chicago Council on Global Affairs, realizada en colaboración con Buendía & Márquez en México y Nanos Research en Canadá, muestra que la integración económica mantiene un amplio apoyo entre la población de los tres países.
El estudio revela que 73% de los mexicanos, 78% de los estadounidenses y 81% de los canadienses consideran que el T-MEC beneficia a la economía de su país. Además, la mayoría reconoce que sus vecinos son socios fundamentales para su crecimiento, una percepción que contrasta con el endurecimiento del discurso político registrado durante los últimos meses.
Las diferencias aparecen cuando se pregunta cómo debería negociarse el futuro del acuerdo, ya que en Estados Unidos, 51% de los encuestados prefiere mantener el tratado sin cambios y 36% respalda renegociarlo antes que abandonarlo. En Canadá, 52% opta por conservarlo tal como está y 24% apoya modificarlo. México presenta una postura distinta: 50% considera necesario renegociar el acuerdo, mientras solo 19% apuesta por mantenerlo intacto. Aun así, apenas 20% respaldaría abandonar el tratado, lo que significa que cuatro de cada cinco mexicanos prefieren permanecer dentro del T-MEC bajo alguna modalidad.
La encuesta también refleja las distintas lecturas que existen sobre la relación con Washington. El 73% de los estadounidenses considera que su gobierno debería mejorar la relación con México y Canadá, incluso si eso implica hacer concesiones comerciales. En contraste, 69% de los canadienses cree que Ottawa debe resistir las presiones de Estados Unidos aunque ello complique la relación bilateral. En México, la opinión permanece dividida: 49% favorece alcanzar acuerdos con Washington y 43% prefiere evitar concesiones.
Más allá de lo que ocurra el 1 de julio, una transformación ya está en marcha. La política comercial de Estados Unidos modificó los incentivos de las empresas y comenzó a redefinir el papel que juega el T-MEC dentro de las cadenas de suministro de América del Norte.