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Este emprendedor forma a los creativos del futuro

Con talleres presenciales en temas como animación digital, contenidos en youtube, cine o robótica, la academia Impulsse Kids desarrolla habilidades creativas y tecnológicas en los niños.
El reto.
El creador de Impulsse Kids, Omar Jiménez, aún debe convencer a los papás de la ventaja de desarrollar las habilidades tecnológicas en los niños y el impacto que podría tener en su formación profesional.

CIUDAD DE MÉXICO (Expansión). Arturo Sánchez tiene 10 años y le fascinan los dinosaurios, por eso quiere ser paleontólogo cuando sea grande. Mientras llega ese momento, pasa los días en la escuela como cualquier niño, jugando videojuegos y, desde junio pasado, en cursos de animación digital, creación de contenidos para Youtube y disc jockey (DJ). Ahora visualiza cómo va a combinar sus nuevas habilidades tecnológicas con su futura profesión, cuenta Nancy Lara, su madre.

“A su papá y a mi nos gusta ver cómo esos talleres le abrieron el panorama. Ahora comprende lo que hay detrás de los videojuegos y nos explica qué programas usaron para crearlos”, afirma Lara, quien inscribió a su hijo en Impulsse Kids, una academia que desarrolla las capacidades creativas y habilidades tecnológicas de niños a partir de seis años. Lo logra con talleres de animación digital, edición de audio, fotografía digital, creación de contenido para Youtube o robótica, entre otros, explica su creador Omar Jiménez.

El emprendedor es profesor de Economía del Tecnológico de Monterrey y, como padre, veía con preocupación las horas que pasaban los niños al frente de los dispositivos móviles viendo videos, escuchando música o jugando videojuegos. Y vio en ello la oportunidad de incidir en su formación a temprana edad: en lugar de ser consumidores de contenido, quiso que ellos lo crearan.

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Impulsse Kids fue su respuesta. La escuela comenzó a operar en febrero de 2017 en el Estado de México. “Les enseñamos a usar programas de edición como Premier Pro o Maya, que generalmente ellos conocen hasta que están en la universidad”, explica el CEO de la empresa. “Son herramientas que les van a servir a lo largo de su vida profesional y, cuando ellos vean el contenido que hacen sus ídolos, se cuestionarán y verán la forma de mejorarlo”, indica.

El estudio 'The Common Sense Census: Uso de medios y tecnología de los niños entre cero y ocho años', elaborado el año pasado por la organización Common Sense Media, que ayuda a padres, educadores y niños a navegar por el mundo de los medios digitales y la tecnología, señala que el tiempo promedio que estos pasan frente a dispositivos con pantalla, en particular los móviles, es de dos horas y cuarto al día. “En lugar de pelearnos con estos hábitos, hay que aprovecharlos”, indica el profesor.

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La academia trabaja con grupos de ocho niños a través de proyectos individuales de un mes. Las clases son presenciales y se toman dos a la semana. “Los niños pueden entrar en cualquier momento del año y proponer sus proyectos –crear un videoblog, filmar un corto con su celular, hacer un podcast, volverse un youtuber- el profesor lo integra y le da un asesoría personalizada”, agrega. El proyecto finaliza con la publicación del contenido en plataformas como Youtube.

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“El valor que aportan estas academias es real porque les enseñan cosas muy prácticas como la edición de video”, considera Rocío Pérez, gerente de Desarrollo de Negocio y Carrera del bootcamp para programadores Ironhack. La ejecutiva ve necesario desarrollar a la par habilidades como la tolerancia. “La industria creativa es muy crítica y deben estar preparados para recibir comentarios de todo”, apunta.

El CEO comenta que hablan con los niños del curso de Youtube sobre derechos de autor, discriminación y críticas, ya que son los más expuestos a esos temas, reconoce.

Nancy Lara está convencida de que esos talleres fomentan la creatividad de los niños, pero muchos padres aún no ven esa ventaja. Jiménez comenta que su reto es convencerlos. “Todavía no hemos podido persuadirlos de que esto es tan importante como las clases de futbol, karate o inglés, que es contra lo que competimos. Cuando el dinero se agota, nuestras clases son lo primero que sacrifican”, indica.

Los alumnos pagan una cuota de 900 pesos por inscripción y 1,000 pesos mensuales. La escuela tiene un promedio de 30 alumnos. “Hemos tenido muchos más, pero éste es un negocio de temporalidad, así que debemos aprovechar el periodo de inscripción de julio y agosto para captarlos”, comenta Jiménez.

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“Nos hemos sostenido con recursos propios y creo que nos hemos tardado en tocar la puerta de algún inversionista”, reconoce el CEO. La academia factura 40,000 pesos al mes y cerró su primer año de operación con 360,000 pesos. “Aumentamos un poco los ingresos este año, pero apenas los suficientes para darle visibilidad a la academia en el lugar”, indica finalmente el entrevistado.

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