"Los inversores estaban preocupados por el impacto (del cambio climático) y solicitaron información" para tomar decisiones, dijo Wallace. "Exxon les dio muchas explicaciones, pero no fueron ni verdaderas ni precisas (...) los inversores ahora tienen derecho a la verdad y a ser compensados", agregó.
Las comunicaciones engañosas habrían resultado en una sobrevaluación de las acciones del grupo, y un daño a los accionistas estimado "entre 476 millones y 1,160 millones de dólares".
Sin embargo, el abogado de Exxon, Ted Wells, rechazó las acusaciones y las calificó como "lejanas a la verdad". Además, acusó a la oficina del fiscal de "motivaciones políticas", como resultado de una campaña para golpear a Exxon perpetrada por los medios de comunicación y las organizaciones ambientales.
Well dijo que si bien el sistema de medición de riesgo climático de la compañía incluía dos métodos, eso no tenía la intención de engañar a los inversores sino de proveer distintos pronósticos.
Las proyecciones de mayores costos se utilizaron para anticipar la demanda de energía a largo plazo y la evolución de los precios, mientras que las menores permitieron estimar el costo de posibles proyectos de inversión, para tomar decisiones, pero sin impacto directo en los inversores.