David Madrigal, presidente de la AMAVe, indica que son los grandes corporativos los que están adoptando estas tecnologías. “Traen metas globales de disminución de CO2 y políticas muy estrictas. Ya hay más consciencia, y si hay disponibilidad de vehículos, aunque sean más caros, las empresas se vuelven más competitivas, ya que con el arrendamiento no pagas completo el auto. Les ayuda a administrar un poco más los ciclos de renovación”, comenta.
La venta de autos eléctricos e híbridos se mantiene con un crecimiento anual de alrededor de 48% durante septiembre, según datos del Registro Administrativo de la Industria Automotriz de Vehículos Ligeros del Inegi. Más allá del interés de las empresas arrendadoras, son sus clientes quienes directamente incentivan parte de este dinamismo, atraídos por su costo-beneficio.
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“Lo que hace la mayoría de las empresas arrendadoras es comprar los vehículos que piden nuestros clientes. Hay algunos socios de venta diaria que sí tienen su stock de autos, y al día de hoy no son grandes consumidores de vehículos. Si analizas los autos, son activos que pierden su valor bastante rápido, entonces las empresas no se quieren quedar con autos tres o cuatro años, ya que empiezan a subir sus costos de operación y se vuelve más compleja la operación de la flota”, dice Madrigal.