La seguridad sanitaria también será clave para atraer a los turistas internacionales. Carlos Ozores, especialista de la industria aérea en la consultora ICF, ve en Estados Unidos una oportunidad, considerando que es probable que más estadounidenses opten por viajar a destinos cercanos y conocidos. Y en un vuelo de tres o cuatro horas pueden aterrizar en algún destino de México.
“Pero México en general, y los destinos en particular, deben darle confianza al consumidor extranjero de que no existe riego sanitario. Los destinos que logren esto serán los primeros en recuperarse”, refire.
En cuanto a la elección de alojamiento, los consumidores mexicanos están mostrando una preferencia por los hoteles y resorts, que representan 61% de las propiedades enlistadas en los últimos dos meses, según la muestra de Booking, un aumento importante respecto al promedio global, de 40%.
¿A qué precio?
Mientras que los turistas esperan ver tarifas bajas en vuelos y hoteles, las empresas podrían no estar en posibilidades de ofrecerlas.
Una menor oferta –ya sea por el quiebre de aerolíneas o menos vuelos disponibles– podría poner presión a las tarifas hasta que se recuperen los niveles de oferta.
A esto se suman otros riesgos que las firmas aéreas aún no descartan, como las medidas de distanciamiento social en los vuelos, con lo que deberían dejar los asientos de en medio vacíos, lo que encarecería sus costos operativos y, por consiguiente, elevaría las tarifas hasta en 54%, según la IATA.
No obstante, la competencia acérrima que se espera entre las aerolíneas por atraer a los viajeros podría impulsar una baja en los precios. “Las tarifas aéreas se redujeron en 40% cuando el mercado doméstico de China reabrió”, ejemplifica en un estudio Brian Pearce, economista en jefe de IATA. El problema es que los precios no serán el único factor en juego.