Según el plan de cuatro años, la automotriz japonesa reducirá su capacidad de producción global y sus series de modelos en cerca de una quinta parte para disminuir alrededor de 300,000 millones de yenes (2,800 millones de dólares) en costos fijos.
Para lograrlo, Nissan cerrará en una primera fase plantas en España e Indonesia, dejará el mercado surcoreano y removerá su marca Datsun de Rusia, como parte de la estrategia develada el miércoles para compartir la fabricación global de autos con sus socias Renault y Mitsubishi Motors.
Renault será la marca que tomará la batuta de la producción y del desarrollo de productos en el mercado europeo, mientras que Nissan lo hará en Norteamérica, China y Japón.
"Haré todos los esfuerzos por regresar a Nissan al camino del crecimiento", dijo el presidente ejecutivo Makoto Uchida, y añadió que la compañía ha aprendido de errores pasados en la búsqueda por ganar participación de mercado global a cualquier costo.
Carlos Ghosn, el anterior CEO de la marca, impulsó en las últimas dos décadas un plan de crecimiento para la marca japonesa basado en incentivos agresivos y una férrea competencia en el mercado flotillero, con el objetivo de que Nissan aumentase sus ventas e incrementase su participación de mercado. Pero al paso del tiempo, esta estrategia redujo la utilidad de los distribuidores de la marca y el valor residual de los modelos.
Ahora Uchida cuestiona si ese fue el camino correcto para Nissan. “Con el objetivo de lograr un crecimiento ambicioso, las personas comenzaron a fijarse exclusivamente en las metas a corto plazo. Esto afectó las inversiones en nuevas tecnologías y productos, así como en las instalaciones y las personas que son clave para nuestro éxito a futuro. En el área de ventas, se implementaron incentivos excesivos para promover las metas a corto plazo, lo cual afectó el poder y la rentabilidad de nuestra marca”, dijo el CEO global de la marca tras su nombramiento, a finales de 2019.