Desde la pandemia, los operadores de telecomunicaciones fijos –Izzi, Megacable, Totalplay, Telmex– y móviles –Telcel, AT&T– enfocaron sus esfuerzos a ampliar y cambiar las redes de cobre a fibra para hacer frente a la mayor demanda de conectividad en las industrias como para usuarios finales para temas de trabajo y de entretenimiento.
A primera vista, la fotografía muestra un avance en términos de infraestructura , cobertura y una base de usuarios en expansión. Pero detrás del crecimiento se esconde una paradoja: aunque el país está más conectado a fibra, la calidad de la conexión aún es rezagada frente a estándares internacionales.
México ocupa los lugares 89 y 72 a nivel global en velocidad de banda ancha fija y móvil, respectivamente, según el Índice global de Speedtest con datos a febrero de este año.
Centro México Digital detalla que a nivel nacional, los promedios estatales reflejan esta limitación: 72 Mbps en descarga fija y 52 Mbps en móvil. Esto indica que, aunque cada vez más usuarios tienen acceso a conectividad a base de fibra, el servicio aún presenta rezagos y las redes fijas no siempre logran explotar su máximo potencial, un factor clave para el desarrollo digital y la competitividad tecnológica del país.
La brecha se vuelve más evidente al contrastar con otros países de la región: Chile alcanza 347 Mbps en banda ancha fija, mientras que Brasil llega a 239 Mbps en velocidad móvil.
Esta situación genera un problema. Las redes de telecomunicaciones no solo se colocan como una herramienta de entretenimiento. Actualmente constituyen infraestructura crítica: determinan la productividad de las empresas, el acceso a empleos remotos, la digitalización de servicios y la competitividad del país para que las compañías puedan habilitar nuevos modelos operativos.