Publicidad
Revista Digital
Publicidad

Empezó haciendo mandados, dejó la escuela y se convirtió en el rey de la tortilla en México y el mundo

De origen humilde a construir Gruma, la empresa que industrializó la tortilla y la llevó a mercados globales. Su visión transformó uno de los alimentos más importantes de México.
El empresario que empezó haciendo mandados, dejó la escuela y se convirtió en el rey de la tortilla con Gruma
Roberto González Barrera inició su vida laboral haciendo mandados y pequeños negocios desde niño. (Archivo Expansión)

La tortilla es el alimento esencial en la mesa de los mexicanos. Hoy es posible encontrarla prácticamente en cualquier esquina, pero no siempre fue así. Durante décadas, su elaboración fue principalmente artesanal, lo que dificultaba producirla en grandes cantidades y satisfacer una demanda cada vez mayor.

Ese panorama cambió gracias a un empresario de origen humilde que revolucionó la industria. Sin estudios universitarios y tras abandonar la escuela desde muy joven, logró transformar la forma en que se produce, distribuye y consume la tortilla en México.

Esta es la historia de Roberto González Barrera, fundador de Gruma, la empresa de harina de maíz y tortillas más grande de México y una de las mayores del mundo, famosa por marcas como Maseca y Mission. Es la historia de un hombre que comenzó desde abajo, con pocos recursos y construyó uno de los imperios empresariales más importantes del país.

Publicidad

Empezó haciendo mandados y descubrió su vocación como emprendedor

Roberto González Barrera nació el 1 de septiembre de 1930 en Cerralvo, Nuevo León, en una familia de origen humilde. Durante su infancia pasó gran parte del tiempo con su abuela, quien cuidaba de los niños mientras los adultos trabajaban. Su padre era migrante en Galveston, Texas, por lo que permanecía largas temporadas lejos de casa.

Desde muy pequeño entendió que podía aportar a la economía familiar. A los cinco años comenzó a hacer mandados para sus vecinos y, con el dinero que ganaba, dio un paso poco común para un niño de su edad: en lugar de gastarlo, decidió invertirlo.

Mientras cursaba la primaria empezó a comprar y vender huevos, pan, legumbres y otros productos. También rentaba cajones de bolero para obtener ingresos adicionales. Lo que comenzó como una forma de ayudar en casa se convirtió en sus primeras experiencias como emprendedor.

“Yo fui muy feliz y tuve una infancia muy feliz, no faltaba a la escuela, asistía a mis clases y aun así me daba tiempo de salir a la calle para ganarme mi dinero. Aunque fuimos muy pobres yo siempre fui un niño feliz”, expresó el empresario, según documentos oficiales de Gruma .

Roberto González Barrera
González Barrera dejó la escuela desde muy joven para incorporarse al negocio familiar y emprender por su cuenta. (Archivo Expansión)

Su padre regresó a México y puso fin a sus negocios

Cuando su padre, Roberto M. González Gutiérrez, regresó definitivamente a México, no vio con buenos ojos que su hijo hiciera negocios desde tan pequeño. Consideraba que esas actividades podían distraerlo de la escuela y, al descubrir que ya ganaba dinero por su cuenta, lo reprendió con una frase que el empresario recordaría durante años: “Tú estás muy malcriado”.

A partir de ese momento, según se lee en los documentos de Gruma, Roberto dejó de administrar sus pequeños negocios y el único dinero que recibía era el que su padre le daba de domingo. El cambio fue drástico: mientras con sus actividades llegaba a ganar entre 10 y 12 pesos, ahora dependía de una cantidad mucho menor, algo difícil de aceptar para un niño que ya había aprendido a generar sus propios ingresos.

Sin embargo, las diferencias entre padre e hijo no terminaron ahí. Convencido de que le faltaba disciplina, su padre decidió enviarlo a una escuela militarizada. La experiencia duró poco. Su carácter independiente y su espíritu emprendedor hicieron que regresara a su pueblo, en Nuevo León. Con el tiempo, su padre entendió que no se trataba de rebeldía, sino de una vocación distinta.

Fue así como, a los 11 años, le dio trabajo en el almacén de víveres que había fundado. Cuatro años después, además de recibir un sueldo como empleado, Roberto volvió a emprender por su cuenta. A los 15 años ya compraba y vendía diversos productos, actividad que mantuvo hasta la mayoría de edad.

Publicidad

Su paso por Pemex

Ya con 18 años, y en medio de nuevas diferencias con su padre, Roberto González Barrera ingresó a Petróleos Mexicanos (Pemex). Fue adscrito al área de Exploración y enviado a Veracruz, donde trabajó como chofer.

Ahí se encargó de una de las labores más riesgosas: el traslado de explosivos, un trabajo que pocos aceptaban por su nivel de peligro, pero que también dejaba la mayor cantidad de dinero. “Debido al riesgo que significaba, ese era el trabajo mejor pagado en esos días, así que lo acepté”, recordó el empresario.

Durante su estancia en Veracruz, que se extendió por alrededor de dos años, contrajo paludismo, enfermedad que lo obligó a dejar el empleo. Antes de su salida, Pemex le ofreció la jefatura de campo en Ciudad Victoria, Tamaulipas, pero decidió no aceptarla.

En paralelo, utilizó sus ingresos para asociarse en una fábrica de aceite de coco, negocio con el que logró reunir capital importante para su siguiente etapa. Tras su salida, contaba ya con los recursos que más adelante serían clave en su trayectoria empresarial: 200,000 pesos.

La paz con su padre y el negocio de la tortilla

Con el paso del tiempo, Roberto González Barrera regresó a Cerralvo con el capital que había reunido. Su madre lo convenció de establecerse nuevamente en el pueblo y de trabajar con su padre, con quien terminó asociándose al comprarle parte del negocio familiar.

A partir de esa unión, padre e hijo emprendieron distintos proyectos: una planta de luz que llevó electricidad a Cerralvo y comunidades cercanas, una planta de hielo, la comercialización de lácteos y la operación de un cine, además del negocio de víveres.

En 1948 comenzó formalmente la historia de lo que más tarde sería Gruma. Todo inició en un viaje a Reynosa, cuando Roberto González Barrera fue a vender mercancía sobrante del negocio familiar. Ahí conoció un equipo que molía nixtamal seco para producir harina.

Al preguntar, le explicaron que se trataba de harina para tortillas, un negocio estacional ligado a la llegada de jornaleros. “Vi el producto, me gustó, recordé que sólo conocía los molinos de piedra, no había tortillerías como en la actualidad, en ese entonces era un comal grande con seis u ocho señoras que preparaban, repartían y vendían las tortillas.”

Llevó una muestra a su padre, quien de inmediato vio potencial. “Sentimos que había industria”, recordaría después. Luego de algunos años, compraron el molino en 75,000 pesos y lo trasladaron a Cerralvo.

Desde entonces se enfocaron en perfeccionar el proceso: el padre en la maquinaria y la calidad de la harina, y Roberto en su comercialización. Para financiarlo, tuvieron que vender varios negocios familiares e incluso empeñar bienes personales.

Cuando los recursos se agotaron, recibieron un préstamo del entonces gobernador de Nuevo León, Bonifacio Salinas Leal, quien les dio respaldo sin garantías. “Para mí el general fue como un segundo padre”, dijo González Barrera.

Con ese apoyo lograron estabilizar el proyecto, mejorar la producción y comenzar su expansión hacia Monterrey y luego Acaponeta, Nayarit, donde iniciaron la venta directa del producto en tiendas con una garantía sencilla: “si no se le vende no me lo paga”.

Gruma
El empresario llevó a Gruma de un negocio local a una empresa con presencia en cuatro continentes. (Walter Shintani)

Publicidad

Gruma, el nacimiento del rey de la tortilla

En 1949 se fundó formalmente la empresa que transformaría la industria alimentaria al industrializar el proceso de nixtamalización. A través de la innovación tecnológica, Gruma logró escalar la producción de harina de maíz y modernizar la elaboración del principal alimento de México.

Bajo la dirección de Roberto González Barrera, quien asumió el control total de la compañía a los treinta años, la empresa primero consolidó su presencia en el mercado nacional, donde fue ganando terreno hasta convertirse en un actor dominante del sector.

Con la base ya establecida en México, en la década de los setenta comenzó la expansión internacional. El primer paso fue Costa Rica en mil novecientos setenta y dos, seguido por Estados Unidos en mil novecientos setenta y siete, lo que marcó el inicio de su proyección global.

Con el tiempo, Gruma se convirtió en un grupo multinacional con presencia en cuatro continentes, plantas en Europa, Asia y Oceanía, y marcas como Mission y Maseca presentes en cerca de cien países, según se lee en su página web .

No solo Gruma, también fue presidente de Banorte

Roberto González Barrera también tuvo un papel central en el sector financiero mexicano como presidente de Grupo Financiero Banorte; así lo ha documentado Expansión en años previos .

A principios de los años noventa participó en su adquisición durante el proceso de privatización bancaria, al frente de un grupo de inversionistas que compró una institución que entonces ocupaba el lugar dieciocho del sistema financiero.

Desde la presidencia impulsó una etapa de crecimiento que llevó a Banorte a escalar posiciones hasta colocarse entre los tres bancos más importantes de México.

Su gestión fue clave en la solidez de la institución durante la crisis de 1995, cuando logró mantenerse en operación frente a la turbulencia que golpeó al sistema bancario nacional.

Roberto González Barrera falleció en 2012 en Houston, Texas, a los 81 años, presuntamente a causa de cáncer de páncreas. Su muerte marcó el cierre de una de las trayectorias empresariales más influyentes del país.

Gruma en la actualidad

Hoy en día, Gruma —con marcas como Maseca y Mission— se mantiene como una de las empresas más importantes del país y uno de los referentes globales en la industria de la harina de maíz y la tortilla. Aunque compite en distintos segmentos con Grupo Bimbo, su escala es menor frente a ese gigante del sector alimentario.

De acuerdo con el ranking 2025 de Las 500 empresas más importantes de México , elaborado por Expansión, la compañía ocupa la posición 47, tras haber caído desde el lugar 44.

La empresa no cuenta con un solo dueño, ya que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores y tiene una base amplia de inversionistas y accionistas. Sin embargo, la dirección continúa ligada a la familia fundadora, con Juan Antonio González Moreno como director general y presidente del consejo de administración, según información de la BMV .

En el ranking 2025 de los 100 empresarios más importantes de México , también elaborado por Expansión, González Moreno ocupa la posición número 13.

En términos financieros, Gruma cerró el 2025 con ingresos netos de 122,393 millones de pesos y una plantilla de 25,213 empleados. Aun así, se mantiene por debajo de Grupo Bimbo, que ocupa la posición 9 del mismo ranking, con ingresos por 426,951.7 millones de pesos y 88,941 trabajadores.

Pese a ello, Gruma conserva su lugar como el principal referente de la tortilla en México y el mundo, resultado de la visión y el impulso de Roberto González Barrera, quien pasó de hacer mandados por unos cuantos pesos a construir una de las empresas más influyentes del país.

Juan Antonio González Moreno
Juan Antonio González Moreno, hijo del fundador de Gruma, es hoy presidente del consejo y director general de la compañía. (Cuartoscuro)

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad