Los incentivos fiscales tienen sus límites
La experiencia internacional también obliga a matizar sus posibles resultados, ya que la OCDE ha documentado que los incentivos dirigidos a empleadores pueden acercar la capacitación a las necesidades productivas, aunque parte de los recursos termina apoyando actividades que las compañías ya tenían previsto realizar.
Finlandia ha identificado costos administrativos que pueden reducir el atractivo de las deducciones para algunas empresas, en tanto que Austria y Países Bajos sustituyeron incentivos fiscales vinculados con aprendices por apoyos más focalizados.
Estados Unidos tampoco cuenta con una deducción federal idéntica a la propuesta mexicana, aunque algunos estados ofrecen créditos fiscales por la contratación y formación de aprendices, como Nueva York, donde el apoyo puede alcanzar 6,000 dólares por participante elegible.
Otra limitante es que las deducciones favorecen principalmente a empresas que generan utilidades y pagan ISR, por lo cual los negocios nuevos, las compañías con pérdidas o las pequeñas unidades económicas pueden tener mayores dificultades para aprovecharlas.
“Una deducción beneficia sobre todo a las empresas con utilidad fiscal suficiente para utilizarla”, advierte Martínez Santistevan.
El requisito de que las personas capacitadas estén registradas ante el IMSS tampoco excluye necesariamente a jóvenes sin experiencia, pues la legislación laboral reconoce la relación de trabajo para capacitación inicial, pero el estímulo no es para todos.
“La condición actual deja fuera a estudiantes, aprendices, recién egresados o personas que todavía no tienen una relación laboral formal y que buscan incorporarse por primera vez al mercado laboral”, advierte Hernández.
Esto significa que los estudiantes de modelos duales que todavía no tengan una relación laboral quedarían fuera de la deducción general, aunque la iniciativa contempla reglas específicas para empresas instaladas en Polos de Desarrollo Económico que celebren convenios de educación dual.
El impacto del estímulo tampoco podrá medirse solo por la cantidad de empresas participantes o por el gasto declarado, ya que esos indicadores no demostrarían que la capacitación ayudó a cerrar brechas de habilidades o a mejorar las trayectorias laborales.
“El resultado debería basarse en indicadores verificables y no en el monto gastado, como la reducción de la rotación, la disminución de accidentes, las certificaciones obtenidas y las promociones internas”, apunta Martínez Santistevan.
Acorde con los especialistas consultados, el Plan México apuesta por compartir con las empresas una parte del costo de formar talento técnico, pero su efectividad dependerá de que la deducción genere capacitación adicional, llegue a los trabajadores que necesitan desarrollar nuevas competencias y se traduzca en mejores oportunidades laborales.