En México, el reflejo de ese entorno es una curva más "empinada", es decir, mientras las tasas de corto plazo bajan con las decisiones de Banxico, las de largo plazo se resisten a caer porque el mercado cobra más por el riesgo de prestar a más años.
“En el mundo estás viendo esos dos efectos: dependiendo del impacto que pueda tener la inflación y el precio del petróleo, y por otro lado estás viendo incertidumbre simplemente por el hecho de que no se sabe cuándo va a terminar este conflicto geopolítico”, señaló Matus.
La calificación crediticia mete más presión a los bonos mexicanos
La presión externa no llega sola, el mercado mexicano también enfrenta dudas por el deterioro fiscal y por los cambios recientes en la calificación soberana. Recientemente, S&P Global mantuvo la calificación en grado de inversión en México, pero cambió su perspectiva de estable a negativa , mientas Moody's realizó un recorte que dejó a los bonos mexicanos a un escalafón del grado especulativo.
Ramsé Gutiérrez Hernández, cohead de inversiones México de Franklin Templeton, señaló en una respuesta escrita que el mercado de bonos de México mantiene presión por una combinación de deterioro fiscal y rebajas de la calificación soberana. Ambas decisiones apuntan a un bajo crecimiento económico, aumento de la deuda y un déficit fiscal que no se ha contenido como esperaba el mercado, de acuerdo con Gutiérrez.
El documento “¿Inversionistas sabios? El downgrade les da la razón”, elaborado por Franklin Templeton, sostiene que el recorte de Moody’s no creó el problema, sino que confirmó una preocupación que los inversionistas ya reflejaban en las tasas de largo plazo. El reporte señala que, mientras los Cetes han reflejado los recortes de Banxico, la deuda del gobierno a 10 y 30 años permanece con tasas altas de 9.3% y 9.8%, respectivamente.
Para la institución, el diferencial entre tasas cortas y largas aumentó por tres factores: riesgos fiscales, posibles choques inflacionarios y menor confianza de largo plazo. Para los inversionistas con horizonte largo, ese premio puede ser atractivo; para el gobierno, implica un costo mayor de financiamiento.
Matus coincidió en que parte del empinamiento de la curva mexicana responde al nerviosismo global, pero advirtió que el riesgo local puede ganar peso si no se corrige la trayectoria fiscal.