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El próximo jefe de gabinete de Trump... directo a una pesadilla

El sucesor de John Kelly en la Casa Blanca enfrentará retos y peligros legales derivados de las investigaciones en contra del presidente estadounidense.
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casa-blanca-afp Recinto. El próximo jefe de gabinete de Trump entrará en una Casa Blanca envuelta en el escándalo.

(CNN) - El trabajo del jefe de gabinete de la Casa Blanca es casi imposible de realizar en el mejor de los casos, pero el nuevo responsable del Ala Oeste del presidente Donald Trump enfrenta una misión aún más difícil, una que eventualmente podría convertirse en un esfuerzo por salvar la propia presidencia.

El próximo jefe entrará en una Casa Blanca envuelta en el escándalo, en la mira del fiscal especial Robert Mueller y de los demócratas recientemente empoderados, en lo que se perfila como uno de los momentos constitucionales más serios de la historia de Estados Unidos.

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La esperada partida del titular actual, John Kelly, anunciada por Trump este sábado, se produce en un momento de inestabilidad y crisis que es notable incluso para este gobierno desordenado en el que la turbulencia es la norma.

Nick Ayers, una estrella política en ascenso del Partido Republicano, que durante mucho tiempo había sido considerado el posible reemplazo de Kelly después de haber servido como jefe de gabinete del vicepresidente Mike Pence, anunció el domingo que no tomaría el cargo, después de sostener conversaciones con Trump.

Eso dejó al presidente sin un obvio favorito para el puesto más duro en la política, a medida que la Casa Blanca está siendo golpeada por múltiples crisis, incluida una guerra comercial con China, agitación en los mercados y una revuelta de los republicanos en el Senado por la política de Arabia Saudita. Y mientras se prepara para una nueva era punitiva de la supervisión demócrata, el equipo de Trump también se está preparando para la inminente escalada en la campaña de reelección del presidente.

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Si eso no fuera suficiente, el nuevo jefe de gabinete también se enfrentará a la tarea probablemente desesperada de tratar de amansar a un presidente que parece estar profundamente agitado por los avances de Mueller en los últimos días, a pesar de su insistencia en que todo está soleado en la Casa Blanca.

“El gobierno de Trump ha logrado más que cualquier otro gobierno de Estados Unidos en sus primeros (ni siquiera) dos años de existencia, ¡y estamos pasándolo genial haciéndolo!”, tuiteó Trump este domingo.

“Todo esto a pesar de los Medios de Comunicación Falsos, que se han vuelto locos, ¡verdaderamente el Enemigo del Pueblo!”.

Washington está repleto de rumores sobre a quién podría elegir Trump para dirigir el Ala Oeste, incluidos los nombres del jefe de presupuesto Mick Mulvaney, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y el representante Mark Meadows, quien preside el caucus conservador House Freedom.

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Dos fuentes dijeron a CNN que una de las razones por las que Ayers no aceptó el trabajo fue la resistencia de la primera dama, Melania Trump, y de otros altos miembros del personal.

Esa agitación interna de la Casa Blanca es una de las razones por las que otros candidatos podrían pensarlo dos veces antes de tomar el puesto.

Delitos susceptibles de causar un juicio político

El trabajo del jefe de gabinete es a menudo ingrato y agotador incluso en un gobierno convencional. Y quienquiera que finalmente decida convertirse en el tercer jefe de personal de Trump enfrentará más que las complicaciones de lidiar con un presidente que constantemente trastoca las convenciones de su oficina y que se deleita en ser el epicentro de una atmósfera de caos, puñaladas en la espalda y recriminaciones.

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Él o ella también heredará una Casa Blanca más profundamente amenazada por una investigación criminal y por alegatos de abuso de poder que en ningún otro momento desde el gobierno de Nixon. Y cada semana, la situación se vuelve más sombría con el presidente bajo la amenaza de formidables fiscales en dos frentes: de Mueller, que trabaja bajo la supervisión del Departamento de Justicia y del Fiscal Federal para el Distrito Sur de Nueva York.

Varias semanas de revelaciones por parte de Mueller han dejado en claro que el presidente y su Ala Oeste están ahora directamente amenazados por la investigación.

Por lo tanto, cualquier persona que ingrese a la Casa Blanca de Trump desde afuera lo hará a sabiendas de que está entrando en una situación que podría exponerlo a riesgos legales, políticos, en su reputación e incluso personales.

El nuevo jefe de personal trabajará para un presidente que ha sido acusado, prácticamente por su propio Departamento de Justicia, de dirigir y cooperar en la comisión de un delito, en pagos a mujeres que lo acusaron de sostener amoríos, en contravención de las leyes de financiamiento de campañas.

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El domingo, el representante Jerrold Nadler, quien dirigirá el Comité Judicial en la nueva Cámara de Representantes Demócrata, sugirió que las acusaciones contenidas en los documentos sobre el caso del exabogado de Trump Michael Cohen por el Distrito Sur, ponían en peligro la presidencia de Trump.

“Serían delitos susceptibles de causar un juicio político. Pero si son lo suficientemente importantes como para justificar un juicio político, esa es una cuestión diferente”, dijo Nadler en State of the Union de CNN.

“Pero, ciertamente, son delitos que podrían causar un juicio político porque, aunque se cometieron antes de que el presidente asumiera la presidencia, se cometieron al servicio de obtener fraudulentamente el cargo”.

Aunque parece poco probable que los demócratas traten de destituir a Trump únicamente con base en las violaciones de financiamiento de campaña, las últimas semanas han dejado en claro que la investigación de Mueller es más amplia de lo que era públicamente evidente y que podría encontrar peores transgresiones por parte del presidente y quienes lo rodean.

Durante meses, la línea de la Casa Blanca de Trump ha sido que no hubo “colusión” en un esfuerzo de intervención de las elecciones rusas en 2016.

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Pero la investigación de la fiscalía especial ahora está revelando múltiples enfoques de los rusos sobre la campaña de Trump y está revelando la apertura de figuras clave a esos enfoques y su propensión a mentir sobre los contactos.

Por lo tanto, existe la posibilidad real de que el próximo jefe de personal se encuentre a sí mismo presidiendo una Casa Blanca envuelta en un drama de impugnación, y liderando un centro de operaciones que busca mantener el apoyo del Partido Republicano hacia el presidente en el caso de que fuera a juicio en el Senado.

La Casa Blanca, bajo escrutinio

Pocos días después de que el presidente dijera que no había nada malo en seguir un plan para construir una Torre Trump en Moscú mientras era un ciudadano privado, Mueller sugirió lo contrario.

De lo observado en documentos de la corte, parece que el abogado especial cree que era relevante que Trump estuviera buscando un acuerdo con cientos de millones en juego, el cual podría haber necesitado la ayuda de una potencia extranjera —Rusia—, que al mismo tiempo estaba interfiriendo activamente la elección y que había desarrollado una preferencia por su candidatura.

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Y ahora está claro que la investigación de Mueller sobre la supuesta obstrucción de la justicia por parte del presidente es mucho más profunda que los acontecimientos que rodearon el despido del exdirector del FBI, James Comey.

La revelación de que Mueller recientemente entrevistó a Kelly —reportada por CNN—, así como los documentos de la corte de la semana pasada, dejan en claro que la actividad de la Casa Blanca en 2017 y 2018 también está bajo escrutinio. Eso se debe a que Kelly ni siquiera tomó el puesto hasta julio de 2017, dos meses después del despido de Comey.

Hasta ahora, Mueller no ha hecho ninguna acusación directa contra el presidente o contra altos funcionarios. Pero, incrustada en los documentos recientes de la corte, está la posibilidad de que esté analizando si hubo esfuerzos por parte del gobierno para frustrar las investigaciones de su equipo y del Congreso.

Por ejemplo, en un memorándum de sentencia, los abogados de Cohen dijeron que su cliente estaba “en contacto estrecho y regular” con personal de la Casa Blanca y con los abogados de Trump antes del testimonio ante el Congreso en el que Cohen mintió al decir que el proyecto propuesto de Moscú estaba fuera de los planes en el momento en que se realizaron los caucus de Iowa en 2016.

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Los documentos de Mueller también señalan que el expresidente de campaña de Trump, Paul Manafort, estuvo en contacto con altos funcionarios incluso después de que fue acusado.

Todo esto deja en claro que tras meses en los que Mueller estuvo lidiando con sus colaboradores de Trump de su vida pasada como empresario y en campaña, su investigación ahora está penetrando en la Casa Blanca y está interesada en los eventos que tuvieron lugar mucho después de que la campaña terminó.

Los defensores de Trump argumentan correctamente que Mueller no ha acusado directamente al presidente de ninguna acción criminal. Y a menudo se pasa por alto que los documentos de Mueller son el trabajo de un fiscal que, por definición, está haciendo la mejor presentación posible de un caso que aún no ha sido impugnado ante un tribunal.

Pero la dirección de la investigación de Mueller parece clara. Se está acercando cada vez más al presidente y a su círculo íntimo.

Y, tarde o temprano, dependerá del próximo jefe de personal dirigir a la Casa Blanca a través de una crisis que podría poner la presidencia de su jefe en un peligro existencial.

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