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Dinero, poder e información: las entrañas de la maquinaria electoral de Trump

Casi 20 meses después de las elecciones presidenciales, la campaña de reelección del presidente de EU está más organizada y mejor estructurada que su predecesora de 2016.
Arranque temprano.
Arranque temprano. Donald Trump solicitó buscar su reelección unas horas después de su toma de protesta, el 20 de enero de 2017.

ARLINGTON, Virginia (CNN)- No hay tubos oxidados ni cables colgando del techo en las nuevas oficinas de la campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para las elecciones de 2020.

Los muros no están cubiertos con un surtido ecléctico de productos publicitarios de Trump y cartas de sus fans. No hay un "muro de la infamia" con fotos de rivales derrotados. Los empleados trabajan en su escritorio, dentro de oficinas elegantes con puertas de cristal, en vez de apiñados en una mesa plegable de plástico, rodeados de muros sin pintar.

En casi todos los sentidos, el esfuerzo por llevar a Trump a la reelección contrasta profundamente con el intento insurgente y caótico que lo llevó a la Casa Blanca en 2016. La mudanza desde las oficinas de producción austeras de The Apprentice, en la Trump Tower, hacia las oficinas modernas y resplandecientes en los suburbios de Washington es tan solo el principio.

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Casi 20 meses después de las elecciones presidenciales, la campaña de Trump está más organizada y mejor estructurada que su predecesora de 2016. Se ha contratado a docenas de empleados, se expandió su impresionante operación de recopilación de información y se empezó a construir un campo de batalla formidable en todo el país.

También se han recaudado (y gastado) cantidades récord para una campaña por la reelección en esta etapa. La campaña tenía 19 millones de dólares en el banco a finales de 2018, tras obtener más de cien millones con la ayuda de sus comités recaudadores a lo largo de los dos primeros años de la presidencia de Trump.

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Es probable que la diferencia más significativa sea la relación de la campaña con el Comité Nacional Republicano (RNC, por sus siglas en inglés). En comparación con la alianza inestable e inesperada que se forjó en la recta final de la carrera electoral de 2016, la campaña de Trump y el RNC ahora son prácticamente una entidad. Con arreglo a un contrato sin precedentes, que se anunció a principios de este año, ambos fusionaron sus operaciones de campo y sus labores de recaudación, además de que compartirán oficinas.

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Con esta estructura, el RNC pagará y proporcionará gran parte de la infraestructura y la campaña de Trump marcará la pauta.

Esta organización conjunta, llamada Trump Victory, ya puso en marcha su estrategia de campo; contrataron a dos subdirectores políticos y a nueve de diez directores regionales, además de que tienen pensado desplegar directores estatales en los principales estados en disputa a mediados de este año, de acuerdo con dos altos funcionarios de la campaña de Trump.

El resultado, según las entrevistas con 16 funcionarios de la campaña de Trump, operadores republicanos y funcionarios de la Casa Blanca, es una campaña por la reelección diferente a todas las demás a estas alturas. Eso se debe, en parte, a que la campaña de Trump nunca terminó realmente. Trump presentó su solicitud de reelección unas horas después de haber tomado posesión el 20 de enero de 2017, algo que ningún otro presidente había hecho. Tanto Barack Obama como George W. Bush llevaban más de dos años en la presidencia cuando presentaron su solicitud de reelección.

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Al arrancar tan pronto, la campaña ha podido cubrir millones de dólares en costas procesales, en parte gastos que surgen de las investigaciones federales y legislativas en las que están enredados los asociados de Trump y su equipo de campaña de 2016. La campaña y los grupos externos de apoyo también han servido para que varios asistentes de la Casa Blanca y familiares tengan en dónde aterrizar.

Aunque los demócratas apenas están empezando su contienda primaria, los asistentes de la campaña de Trump dicen que están sentados sobre un coloso. Está por verse si Trump, quien es famoso por sabotear los mejores planes de sus asistentes, aprovecha totalmente esta operación.

A cargo de todo está Brad Parscale, un ejecutivo de mercadotecnia digital de 43 años y poco más de dos metros de altura que no tenía experiencia en campañas hasta que lo contrataron como director digital de la campaña de 2016. Antes de eso, Parscale había pasado varios años a cargo de una empresa de mercadotecnia digital y desarrollo de sitios web y trabajó para la Trump Organization.

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Desde que Trump lo nombró director de campaña, hace un año, Parscale ha desarrollado discretamente una organización electoral sumamente estructurada que adoptará un enfoque centrado en la información, cosa que refleja la formación de Parscale en la mercadotecnia digital.

"Ahora tenemos una operación y tiempo para desarrollarla; un edificio con escritorios de verdad y cosas de verdad", dijo Parscale en entrevista con CNN. "La última vez —y no por culpa de algunas de las personas que estaban a cargo— anduvimos a ciegas a veces porque todo se movía muy rápido".

Parscale tiene una ventaja clave que no tuvo la vez pasada: "Ya tenemos al presidente de Estados Unidos", dijo. "Tenemos la presidencia, sabemos a dónde vamos".

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Pese a todo, tiene una labor titánica en sus manos. Trump es uno de los presidentes más impopulares de la historia moderna; nunca ha superado la marca del 50% de la aprobación en las encuestas. Además, está bajo investigación en varios frentes.

Los investigadores federales y del Congreso están estudiando su presidencia y sus negocios, su comité de transición y su fundación. Todo esto ha ayudado a acrecentar la oleada del entusiasmo liberal que llevó a los demócratas a arrasar en las elecciones intermedias del año pasado, incluso en muchos estados indecisos que fueron críticos para la victoria de Trump en 2016.

Para ganar, es crucial que Parscale movilice a los simpatizantes más apasionados de Trump. La campaña está poniendo atención en los signos de advertencia en los estados industriales; Trump tiene pensado reunir a sus simpatizantes en Michigan a finales de marzo. Será el 56º mitin de su presidencia, un sello del estilo proselitista de Trump que seguirá siendo clave para la carrera hacia 2020.

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Más allá del análisis de datos, de las operaciones de campo, de la recaudación de fondos y de la publicidad, las elecciones probablemente se decidirán por medio de los electores y su sentir sobre un presidente polémico. Parscale considera que Trump es su as bajo la manga.

"Cuando el presidente y esta campaña estén listos para ir a toda velocidad otra vez, el presidente activará todos los interruptores de ignición que hagan falta para recuperar el entusiasmo. Quien piense que este presidente no irá a cinco millones de millas por hora, día y noche, para recuperar el entusiasmo y hablar de lo que puede hacer después, no lo conoce", dijo Parscale.

Cómo se transforma un mitin en "auténtica máquina de información"

Una noche de febrero, en El Paso, Texas, los coros de "¡Construyan ese muro!" llenaron el coliseo del condado de El Paso mientras Parscale entraba confiado al escenario con una caja de gorras de Make America Great Again bajo el brazo. Sin desabotonar su saco de tres piezas, arrojó varias gorras hacia el público antes de tomar el micrófono.

"¡Siento el entusiasmo aquí esta noche! Pero tienen que entender que este es nuestro primer mitin en este ciclo presidencial, así que tienen que hacer muchísimo ruido hoy", dijo Parscale, a lo que el público respondió con una ruidosa ovación.

Parscale se ha vuelto parte esencial de los actos previos de los mítines de Trump, nada que ver con su función tras bambalinas a cargo de la operación digital de la campaña de 2016.

En ese cargo, Parscale presionó para que la campaña gastara la mitad de su presupuesto en línea, medida que al principio provocó la furia de Trump, pero que ahora es una de las razones por las que dirige la campaña. En lo que va del año, la campaña de Trump ha gastado 3.5 millones de dólares en publicidad en Facebook y un millón más en Google, según los datos de gasto público que analizó la empresa de comunicaciones Bully Pulpit Interactive. Es casi el doble de lo que gastaron todos los candidatos demócratas a la presidencia en publicidad en internet.

En 2016, esa clase de selección precisa de electores a través de anuncios digitales no habría funcionado sin la operación de recopilación de información del RNC, resultado de una inversión multimillonaria que se llevó a cabo tras la derrota de los republicanos en 2012. Los operadores del RNC le atribuyen a Parscale el haber animado a los funcionarios de la campaña de Trump a usar lo que habían construido.

"Brad pudo pasar por toda la jerarquía hasta el presidente, con Jared (Kushner), con Steve (Bannon), con Kellyane (Conway) , con todos. Pudo llegar y decir que echó un vistazo bajo el capó y vio que tienen una máquina asombrosa", dijo un exfuncionario del RNC.

Ahora, en su calidad de director de campaña, Parscale está centrando los esfuerzos electorales en la información. De pie en el podio en El Paso, Parscale reveló rápidamente su verdadero interés en estos mítines al sacar su teléfono y pedirle al público que enviara un mensaje de texto con la palabra "WALL" ("muro") a un número específico.

"Así es como podemos ponernos en contacto con ustedes y es muy importante que nos ayuden a ganar en 2020", explicó Parscale mientras incita a la gente con promesas de regalarles artículos promocionales de la campaña.

Al igual que en 2016, la campaña está aprovechando la capacidad que tiene Trump de atraer a miles de partidarios —muchos de los cuales votan poco o no suelen tener filiación republicana— para expandir sus archivos de información sobre los electores y mejorar la participación. Ahora, la campaña está centrada en obtener aún más datos específicos en los mítines y en transformar esa energía en trabajo voluntario, así que los mítines se han transformado en "auténticas máquinas de información", como dice Parscale.

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El mitin en El Paso fue un paso importante en esa dirección. Afuera del coliseo, unos voluntarios con lectores electrónicos de boletos confirmaron por primera vez qué simpatizantes habían asistido en vez de nada más llevar registro de aquellos que se inscribieron en Eventbrite para obtener un boleto. Con esta información, la campaña determinó que la mitad de los asistentes están registrados como demócratas y que el 23% no votó en las cuatro elecciones anteriores, información crucial para identificar a los votantes que, de otra forma, no habrían pensado en atraer.

De esta forma, la campaña también tiene acceso a los números telefónicos de algunos de los partidarios más motivados de Trump, a quienes la campaña quiere usar para engrosar sus filas de voluntarios, cosa que consideran que falló en la campaña de 2016, de acuerdo con dos altos funcionarios de la campaña.

"En donde no hicimos un muy buen trabajo fue en la cuestión de activarlos en sus vecindarios", dijo Chris Carr, director político de la campaña de Trump, respecto a los asistentes a los mítines en 2016. "Eso es lo que vamos a hacer este ciclo, porque cuando los activamos en sus vecindarios, crece, así nada más. El ejército [de voluntarios] crece".

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La campaña pretende tener al menos 1.5 millones de voluntarios para las elecciones presidenciales, de acuerdo con un alto funcionario de la campaña. Incluso están desarrollando una aplicación.

"Tenemos que darles tecnología digital justo en su teléfono", dijo Parscale. "Mientras esperan al presidente, mientras están esperando afuera o un par de días antes, cuando están entusiasmados, están interesados, están disfrutando de la idea de que van a ver al presidente, les diremos: 'Miren, aquí hay algunas actividades que en las que nos gustaría que participaran'".

Si hay un aspecto en la operación para la reelección en el que el equipo de campaña de Trump y los funcionarios del RNC se sienten más confiados es en su operación de información. Fue crucial para dirigir el dinero para publicidad con precisión y para dirigir recursos a los estados del Medio Oeste que al final resultaron ser la diferencia. La campaña de Trump y el RNC aprovecharon estos dos años para mejorar su sinergia, para recabar más información sobre los electores y para perfeccionar su publicidad dirigida a los votantes, así que creen que tienen una ventaja crucial sobre los demócratas.

Obtener datos.
Obtener datos. Al igual que en 2016, la campaña está aprovechando la capacidad que tiene Trump de atraer a miles de partidarios —muchos de los cuales votan poco o no suelen tener filiación republicana— para expandir sus archivos de información sobre los electores y mejorar la participación.

La base de datos de los electores republicanos ha estado desde hace mucho en una bolsa de datos compartidos llamada The Data Trust, que permite que un montón de grupos republicanos —campañas, partidos estatales e incluso supercomités de acción política— aporten y obtengan información de los electores. Los demócratas —cuyo análisis de datos dejó muy atrás al de los republicanos en 2008 y 2012— ahora están tratando de no rezagarse.

"Creo que, en este momento, no somos competitivos", dijo Howard Dean, exgobernador, excandidato a la presidencia y presidente del Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés), quien tiene la misión de crear la versión demócrata del Data Trust. "Ellos han estado haciendo esto correctamente desde hace dos ciclos y ustedes saben que el DNC en realidad empezó en desventaja. Como verán, básicamente tenemos 12 meses, más o menos, para ponernos en forma. No siento el más mínimo pánico al respecto, pero no tenemos mucho tiempo", agregó.

El conductor del tren Trump

De pie afuera del coliseo en El Paso, Parscale sobresale entre la multitud. Salió unos minutos para estudiar la larga fila de simpatizantes a sabiendas de que cuando arribe en tres horas, Trump le preguntará cuánta gente llegó, especialmente porque la sensación demócrata y exdiputado Beto O'Rourke encabezaba su propio mitin a unas cuantas calles de ahí.

"Quiero asegurarme de que lo llenemos y quiero ver cuánta gente se queda afuera", dijo Parscale, antes de predecir que 8,000 simpatizantes cabrán en el coliseo, que tiene capacidad para 6,500. Ni siquiera esa hipérbole bastó para satisfacer a Trump. Esa noche, en el escenario, Trump afirmó que, con la ayuda del Departamento de Bomberos, entraron 10,000 personas al coliseo, afirmación que los bomberos negaron más tarde.

Aunque la estatura de Parscale podría darle la ventaja a ojos de Trump —de quien es muy sabido que le gusta rodearse de personas altas—, no es la razón por la que tiene su cargo actual.

Esta selección poco convencional surgió en gran medida de la relación cercana de Parscale con la familia de Trump, principalmente Eric Trump y Jared Kushner. Inicialmente, Eric contrató a Parscale en 2011 para que desarrollara sitios web para la Trump Organization. Kushner reconoció su pericia digital durante la campaña de 2016 y discretamente elevó al director digital de la campaña de Trump al cargo que muchos de los miembros del equipo equiparaban al de un subdirector de campaña.

Dentro del mundo de Trump, casi todos quieren y respetan a Parscale, cosa rara si consideramos que en ese mundo reinan las rivalidades intensas y las traiciones; no obstante, dos fuentes que conocen del tema dijeron que hay tensiones entre el director de la campaña de Trump en 2016, Cory Lebandowski, y Parscale. En un esfuerzo por mantener la paz, Parscale empezó a convocar hace poco a una teleconferencia del "gabinete no oficial", en la que participan varios de los antiguos altos funcionarios de la campaña de Trump y algunos asesores políticos informales como Lewandowski y el activista pro-Trump Charlie Kirk, con la intención de conocer su opinión y compartir las últimas noticias sobre la campaña, de acuerdo con dos fuentes que saben sobre la teleconferencia.

Parscale, oriundo de Kansas pero radicado en Texas, también sabe en dónde está cuando se halla frente a frente con Trump.

"Siempre he dicho que él es el director de campaña, el director de comunicaciones, el director de finanzas; él es el amo del tren Trump y yo soy el conductor", dijo Parscale, de vuelta en las oficinas de la campaña.

Parscale usualmente habla por teléfono con Trump al menos una vez a la semana, de acuerdo con dos fuentes que conocen del tema. Habla con Kushner casi todos los días. El yerno de Trump ha sido la fuerza silenciosa detrás de varios de los intentos tempranos de la campaña por prepararse para 2020 y será el principal intermediario de Trump ante el equipo

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En 2016, Trump estuvo muy al tanto de gran parte de su campaña y está supervisando muy de cerca las labores para la reelección. Varias fuentes cercanas a Trump dijeron que él será quien a final de cuentas determine la estrategia electoral.

En una reunión que se llevó a cabo recientemente en la Casa Blanca, en la que los funcionarios de la campaña de Trump detallaron la estructura de la campaña del presidente y el vicepresidente, Trump estuvo encerrado aunque la reunión duró una hora y media, de acuerdo con dos de los presentes.

Trump también dejó ver su propensión a mantenerse muy al tanto del dinero y aplaudió la inminente contratación de un asesor jurídico de planta, con lo que se pretende reducir los gastos legales de la campaña. "¡Eso me encanta!", exclamó Trump, de acuerdo con dos fuentes.

El camino a Charlotte

Aunque casi nueve de cada diez republicanos dicen en las encuestas que aprueban la labor de Trump como presidente, su presidencia ha provocado más derramamientos de sangre entre los republicanos que cualquier otro en la historia moderna. Desde que asumió la presidencia, se ha especulado muchísimo sobre qué republicano podría desafiarlo en las primarias.

Hasta ahora, solo hay uno: el exgobernador de Massachusetts, Bill Weld, quien se postuló a la vicepresidencia por el Partido Libertario en 2016. Se dice que el exgobernador de Ohio y jefe de analistas políticos de CNN, John Kasich, sigue pensando en postularse como candidato en las primarias; también surgió como posible alternativa el gobernador de Maryland, Larry Hogan.

La campaña no dejará nada al azar y está trabajando muy duro para cerrar todas las vías a la convención del RNC que le sea posible.

Dos exfuncionarios de la Casa Blanca, Bill Stepien y Justin Clark, encabezan un pequeño equipo de funcionarios de la campaña de Trump cuya misión singular es garantizar que la convención del RNC de 2020 en Charlotte, Carolina del Norte, esté "libre de dramas". Ya están trabajando para cerrar cualquier grieta que haya en el apoyo del partido a nivel estatal y están trabajando para asegurarse de que los delegados de la convención del RNC y los directores estatales del partido a quienes se elija este año sean indudablemente pro-Trump.

A nivel nacional, la fusión entre la campaña de Trump y el RNC da a entender claramente que Trump y el Partido Republicano son sinónimos. La presidenta del RNC, Ronna McDaniel, demostró que es una feroz defensora de Trump e incluso envió misivas a su tío, el senador Mitt Romney, de Utah, luego de que este escribiera un editorial en el que critica a Trump. El RNC también instaló a Tommy Hicks Jr., un empresario texano y amigo cercano del hijo mayor de Trump, en la vicepresidencia del comité.

Aunque parte del equipo de campaña está concentrada en eliminar los desafíos en las primarias, la campaña y el RNC están concentrados en desarrollar una operación de campo formidable para las elecciones generales.

Encabezados por Carr, el director político, la campaña tiene planeado desplegar empleados en los principales estados en disputa para mediados de este año, un año antes de que ambos partidos nominen formalmente a sus candidatos para las elecciones generales.

La campaña contrató a directores regionales para todas las regiones, excepto para la norte del Medio Oeste, y se está preparando para contratar directores estatales, quienes guiarán la campaña de Trump y los esfuerzos del RNC en cada estado. Carr quiere que todos los directores estatales tomen y pasen un curso de capacitación de una semana para que los contraten aunque ya hayan sido directores estatales del RNC, de acuerdo con un alto funcionario de la campaña de Trump.

Estas medidas permitirán que la campaña centre su atención desde un principio en la atracción y el despliegue de trabajadores de campo y voluntarios en territorios, cada uno de 15,000 hogares, a los que la campaña de Trump quiere acercarse en 2020. Los habitantes de esos hogares son partidarios fervientes de Trump que rara vez votan o electores confiables que están pensando en apoyar a Trump pero que todavía no "están en la bolsa", en palabras de un alto funcionario de la campaña de Trump.

Es un esfuerzo parecido al que el RNC llevó a cabo en el terreno en 2016, solo que esta vez empezaron con mucha anticipación y con el doble de energía.

El dinero

Nada de esto sería posible si no se hubiera recaudado una cantidad de dinero récord. La campaña de Trump y sus comités afiliados han conseguido casi 130 millones de dólares a lo largo de los pasados dos años. Eso le ha dado una ventaja económica que, de acuerdo con los funcionarios de la campaña, les servirá para competir vigorosamente en más estados que en 2016.

America First Action y America First Policies —un supercomité de acción política (PAC, por sus siglas en inglés) y una organización no lucrativa que apoya a Trump, respectivamente— recaudaron 75 millones de dólares más, de acuerdo con una vocera de la operación conjunta America First. Ambas organizaciones están muy alineadas con Trump y un círculo de exasesores de Trump les está ayudando a desarrollarse. Parscale es uno de los fundadores de America First Policies, pero ya no está involucrado.

El súper PAC America First Action gastó mucho dinero en comerciales para impulsar a los candidatos republicanos en 2008 y se acabó casi todo su dinero. Esta organización también alberga a varios personajes leales a Trump, entre ellos el exsecretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, quien funge como jefe de asesores y portavoz del grupo, y Kimberly Guilfoyle, vicepresidenta del grupo y exconductora de Fox News que además está saliendo con el hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr.

Pese a sus proezas a la hora de recaudar dinero, la campaña de Trump ha consumido los donativos a un paso veloz. Según una revisión que CNN llevó a cabo de los archivos de la Comisión Federal Electoral (FEC, por sus siglas en inglés), tan solo en los tres últimos meses de 2018, la campaña gastó 23 millones de dólares, más de los 21 millones que Trump y su operación política con el RNC recaudaron en ese mismo lapso. La campaña se gastó casi una tercera parte de su dinero —ocho millones de dólares— en publicidad, al tiempo que trabajaba en la expansión de su operación de recopilación de información y en el fomento del apoyo a los republicanos en las elecciones intermedias. Otros dos millones se destinaron a la compra de productos promocionales, las camisetas, tazas, calcomanías y gorras de Make America Great Again que tanto les gustan a sus simpatizantes.

A lo largo de los pasados dos años, una parte del dinero de la campaña ha fluido directamente a las empresas de Parscale. Entre la campaña de Trump y el RNC, las empresas de Parscale han atraído más de 21 millones de dólares por servicios como consultoría digital, publicidad en línea y recaudación de fondos.

Parscale dijo que gran parte del dinero se destina directamente a la compra de publicidad y a otros gastos, pero declinó hacer un recuento detallado del gasto y de cuánto ha ganado con sus negocios con el RNC y la campaña de Trump.

Parscale señaló que a diferencia de otros consultores políticos, no se llevará un porcentaje de las compras de publicidad para la campaña, sino que acordó con la campaña una iguala de 300,000 dólares al año más bonos.

"En las elecciones pasadas, me contrataron como agencia de publicidad y recibimos un porcentaje. Después de eso, sentí que como director de campaña no parecería muy ético ni muy bueno que me pagara a mí mismo un porcentaje por mis propias decisiones", dijo Parscale. "Sé que muchas personas en este sector lo hacen. Yo pienso diferente".

Costas procesales

La recaudación de fondos también ha servido a otro propósito crucial: pagar las costas procesales de los funcionarios de la campaña de Trump y de sus familiares.

En los primeros dos años de la presidencia de Trump, los donadores de la campaña de Trump han pagado más de 6.7 millones de dólares en costas procesales (más de un dólar de cada diez que la campaña ha gastado en su operación) en un momento en el que Trump, sus familiares y sus asesores han tenido que responder a las investigaciones federales y del Congreso sobre la interferencia de Rusia en la campaña de 2016. Es casi lo mismo que la campaña de Barack Obama gastó en servicios jurídicos a lo largo de los ocho años de su presidencia (7.4 millones de dólares), según un análisis de los archivos de la FEC que CNN llevó a cabo.

La mayor parte de los gastos de la campaña en costas procesales (casi 4.4 millones de dólares) se dirigió al despacho de abogados Jones Day, quien lleva los asuntos de cumplimiento de la campaña y las solicitudes de documentos del FEC. Del resto, 2.3 millones de dólares se han destinado a otros despachos de abogados, varios de los cuales representan a los funcionarios de la campaña de Trump y a sus familiares involucrados en las investigaciones sobre Rusia.

Se han pagado más de 317,000 dólares a despachos que representan a Donald Trump Jr., quien organizó la tristemente célebre reunión en la Trump Tower, a mediados de 2016, con una abogada rusa que prometía "mugre" sobre Hillary Clinton que el gobierno ruso tenía en su poder.

Además, otros bufetes que representan al exdirector de campaña de Trump, Cory Lewandowski, al exguardaespaldas de Trump, Keith Schiller, y a Kushner, han recibido casi 366,000 dólares de la campaña. Un portavoz del abogado de Kushner dijo que los pagos a su despacho se relacionan con la demanda del Comité Nacional Demócrata contra los funcionarios de la campaña de Trump, entre ellos Kushner.

De vuelta en su resplandeciente oficina nueva en Virginia, Parscale afirma, orgulloso, que la campaña ha ahorrado cientos de miles de dólares a través del subarrendamiento de una oficina totalmente amueblada que solía ser la oficina operativa de una empresa de finanzas que se vendió y redujo su tamaño.

Dejando a un lado los ahorros, a algunos asesores políticos de Trump les preocupa que la campaña pierda la "mentalidad de start-up" que definió la impresionante victoria de Trump en 2016 al transformarse en una campaña nacional más tradicional, con todo y oficinas modernas.

"De cierta forma tienes que mantenerla… No quiero decir que actuaremos por instinto, pero eso es lo que ha dado tanto éxito a esta campaña", dijo un operador republicano muy cercano a la campaña. "No queremos tener mil capas y volvernos una corporación gigantesca en la que no se pueden tomar decisiones".

Parscale está consciente de las críticas y le preocupa que tilden a la campaña de ser demasiado "tradicional". Esta no será una campaña que llegará a tener "400 empleados en 400 oficinas en todo Estados Unidos", dijo.

Si hay algo a lo que puede recurrir para justificar su argumento, es su propia trayectoria poco convencional.

"No creo tener nada de tradicional", dijo. "Creo que fui el híbrido justo para el presidente".

Bridget Noal y Aaron Kessler, de CNN, contribuyeron con este reportaje.

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