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El Congreso estadounidense fracasa en su intento de refrenar a Trump

Constantemente, la Casa Blanca ha mostrado su desdén a los frenos y contrapesos legislativos. William Barr y Steven Mnuchin son los ejemplos más recientes.
Estrategia.
Estrategia. Donald Trump puede aprovechar las investigaciones en nsu contra en el Congreso de cara a las elecciones de 2020 para acusar a los demócratas de perseguirlo injustamente

WASHINGTON (CNN)- Los demócratas de la Cámara de Representantes de Estados Unidos bien podrían ahorrarles tiempo a todos y declarar a toda la administración de Trump en desacato al Congreso.

Repetidamente, la Casa Blanca ha mostrado el más puro desdén por uno de los principios fundamentales de la democracia estadounidense —los frenos y contrapesos de la vigilancia legislativa— en una serie de duelos cada vez más intensos.

Tan solo el lunes, 6 de mayo, una comisión de la cámara baja, encabezada por los demócratas, tenía programada una votación para declarar en desacato al secretario de Justicia, William Barr, por haberse negado a enviar al Congreso una versión sin supresiones del informe del fiscal especial Robert Mueller.

Más tarde, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, declinó la petición de entregar las declaraciones de impuestos de Trump basada en una disposición poco usada de la ley que rige al Servicio de Recaudación Interna (IRS). Richard Neil, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes, dijo que buscaría asesoría jurídica, pero es inevitable una batalla en los juzgados. No sorprendería a nadie que a final de cuentas, declaren también a Mnuchin en desacato.

Los demócratas también podrían votar a favor de declarar en desacato al exasesor de la presidencia de Trump, Don McGahn, si no entrega los documentos sobre la investigación de Rusia antes del martes a las 10 am, hora del Este de Estados Unidos, según declaró a CNN una fuente involucrada en las discusiones. La Casa Blanca indicó que podría invocar el privilegio ejecutivo para evitar que McGahn entregue los documentos y declare.

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Por otro lado, el exabogado personal de Trump, Michael Cohen, fue a prisión, en parte por un delito en el que Trump estuvo implicado. Además, un grupo de 450 exfuncionarios del Departamento de Justicia, de ambos partidos, declaró que Trump ya habría sido "denunciado varias veces por obstrucción" si no fuera presidente.

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Trump también está aumentando la presión sobre Barr para impedir que Mueller comparezca ante el Congreso luego de que impidió que otros funcionarios rindieran declaración y de que interpusiera demandas personales para obstruir los requerimientos de sus expedientes financieros.

A la larga, el enfrentamiento entre la Casa Blanca y los demócratas del Capitolio amenaza con inclinar aún más la balanza del poder en Washington hacia el poder ejecutivo y hacia un presidente con cada vez menos restricciones.

"No podemos dejar que este mal presidente siente un mal precedente", dijo Lloyd Doggett, diputado demócrata por Texas. "Si Trump vuelve a enfrentarse al silencio de los republicanos y a la timidez de los demócratas, seguirá erosionando nuestra democracia porque adquirirá más y más poder".

Resistirse al Congreso, maniobra característica de Trump

No parece que a Trump le preocupe mucho la salud de la infraestructura constitucional de Estados Unidos. Esta estrategia política es muy sensata para el presidente y puede aprovecharla de cara a las elecciones de 2020 para acusar a los demócratas de perseguirlo injustamente.

Emprender una guerra política permanente y desafiar las restricciones coincide con el carácter exhibicionista de Trump y es la consolidación de su imagen política de perturbador de las estructuras y las élites tradicionales.

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Al negarse a cumplir los requerimientos del Congreso respecto a testimonios, comparecencias y documentos, es inevitable que la Casa Blanca traslade la pelea a los tribunales. Eso significa que podrían pasar meses e incluso años para que los jueces de los varios niveles de la pirámide judicial decidan los casos, escenario que le viene perfectamente bien a Trump.

Aunque pierda algunas de las muchas demandas, los fallos podrían llegar demasiado tarde como para que los demócratas ejerzan efectivamente su mayoría en la cámara baja y podrían perderse en el tumulto previo a las elecciones de 2020.

La rebeldía de Trump se está volviendo un punto de encuentro para algunos republicanos, quienes aprovechan algunos argumentos razonables para refutar la estrategia demócrata.

Algunos analistas afirman que Barr estaría violando la ley si entrega pruebas de la investigación de Mueller que incluyan testimonios ante un jurado de acusación o información de inteligencia. El Departamento de Justicia señaló el lunes, además, que los demócratas de mayor rango todavía no habían leído una versión del informe con menos supresiones que ha estado a su disposición en un lugar seguro en el Congreso.

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El martes se celebrarán nuevas pláticas entre los funcionarios del Departamento de Justicia y la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes para intentar evitar que la comisión vote sobre el desacato.

Adam Kinzinger, diputado republicano por Illinois, dijo a Wolf Blitzer de CNN el lunes que aunque Trump debió haber publicado sus declaraciones de impuestos, el Congreso no debería obligarlo a hacerlo.

"[La comisión de] Hacienda no dio una buena razón para ello", dijo Kinzinger, refiriéndose al argumento demócrata de que ver los expedientes financieros de Trump tenía un propósito legislativo. "La razón por la que quieren las declaraciones de impuestos del presidente Trump es revisarlas y avergonzarlo aún más".

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Los citatorios por desacato a funcionarios clave del gabinete serían dañinos para una administración a la que le importa su fama de ser transparente, aunque sean mayormente simbólicos.

La administración de Obama se las arregló bastante bien con el secretario de Justicia Eric Holder, a quien declararon en desacato al Congreso por la polémica del programa Rápido y Furioso . Además, Trump ya ha demostrado su capacidad casi mística de evadir las consecuencias de los escándalos, al menos con su base de simpatizantes comprometidos, sobre quienes ha levantado su edificio político.

Parece que aunque los expertos en Washington advierten que el Estado de derecho y los contrapesos constitucionales se están erosionando, muchos electores no sienten el impacto de esta clase de remodelación institucional porque están preocupados por cosas menos elevadas, como conservar su empleo y tener un seguro de gastos médicos aceptable.

Cualquier intento de los demócratas de la Cámara de Representantes por dar un paso más y someter a juicio de destitución a alguno de los funcionarios del gabinete, como Barr, sería fútil, ya que los republicanos del Senado nunca lo aprobarían.

En efecto, la barrera que se ha levantado frente a la supervisión legislativa es la apuesta a que los demócratas no usarán su sanción máxima —un juicio de destitución contra el mismísimo Trump— por temor a las consecuencias políticas.

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Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, les ha dicho repetidamente a sus tropas que un gran triunfo electoral en 2020 es la mejor manera de lidiar con Trump y de impedir de impugne las elecciones.

El desacato al Congreso está en el ADN de la administración

El desdén por la función institucional del Congreso no es nada nuevo para la administración de Trump; ha sido una constante, incluso cuando los republicanos tenían el monopolio del legislativo.

Pese a que Paul Ryan, expresidente de la Cámara de Representantes, no estaba dispuesto a ser el contrapeso al poder presidencial, Trump lo castigaba frecuentemente porque no lo apoyaba lo suficiente.

Trump se ha negado a atender las solicitudes de los senadores de ambos partidos, quienes piden que informe si el gobierno saudí fue responsable del brutal asesinato de Jamal Khashoggi, periodista del Washington Post, el año pasado.

En abril, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, dijo que el Congreso no es "lo suficientemente inteligente" como para entender las declaraciones de impuestos de Trump.

Trump no le ha pedido al Senado que confirme a los reemplazos temporales de los secretarios del gabinete que se han ido y les ha dicho a los reporteros que esta práctica aumenta su propio poder.

Uno de los ejemplos más notorios de poder presidencial es que Trump le dio la vuelta al Congreso con una declaración de emergencia nacional para canalizar dinero a su muro fronterizo. Muchos expertos en derecho constitucional consideran que esta maniobra amenaza el principio fundamental de que es el Congreso, no el presidente, quien tiene la facultad de manejar los dineros.

Varios de los miembros del gabinete de Trump han dejado patente su desdén por la supervisión legislativa.

El exsecretario de Justicia interino, Matt Whitaker, sorprendió a todos en febrero, cuando se salió de protocolo para decirle al presidente de la Comisión Judicial de la cámara baja que su tiempo de hacer preguntas había expirado.

Además, Mnuchin estuvo involucrado en una rencilla con Maxine Waters, diputada demócrata por California, quien le exigió que dejara de decirle cómo dirigir su comisión cuando Mnuchin le dijo: "Tome el martillo y úselo".

Manu Raju, de CNN, contribuyó con este reportaje.

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