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Nuestras Historias

Irán fue invadido en la Segunda Guerra Mundial: esto es lo que pasó entonces

El país islámico fue ocupado por fuerzas soviéticas y británicas en 1941. Cuatro de los países protagonistas de este hecho estarán sentados en la cumbre del G20.
vie 28 junio 2019 05:25 AM
Misma lucha, otro Irán
Irán mantiene su posición de defensa de su soberanía, matizada con la pesada carga ideológica-religiosa de los ayatolá.

TEL AVIV- A la mesa de la cumbre del G20 en Osaka se sientan, entre otros, los líderes de Reino Unido, Rusia, Alemania y Japón, cuatro de los cinco principales protagonistas de un olvidado episodio de la Segunda Guerra Mundial, uno que puede convertirse en el antecedente de un nuevo hecho histórico.

Ese episodio fue la invasión de Irán por parte de tropas soviéticas y británicas entre agosto y septiembre de 1941, una operación militar que buscó por un lado preservar el Corredor Persa de petróleo iraní y armas hacia la URSS y, por el otro, castigar la cercanía del entonces monarca, Reza Shah Pahlavi, con la Alemania nazi y el Japón imperial.

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Así es como se dieron los hechos.

Contrarrestar la influencia británica

Las políticas imperiales de las potencias de principios del siglo XX establecieron el terreno para lo que sucedería durante la conflagración mundial. En 1908, enviados británicos descubrieron petróleo en la provincia de Khuzentan y crearon la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC) al año siguiente, todo en el marco del acuerdo firmado entre Londres y Moscú en 1907 para dividirse la entonces Persia en esferas de influencia.

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En 1921 se desató el golpe de Reza Shah —quien había llegado al grado de brigadier general de los Cosacos Iraníes, una fuerza de élite entrenada por rusos— que desalojó del poder a la dinastía Qajar y derivó en la creación, en 1925, de la nueva monarquía en Teherán: la dinastía Pahlavi.

Después de la Primera Guerra Mundial, Reza Pahlavi soportó la presencia de los británicos y de la AIOC, pero buscó industrializar el país, al estilo de lo que proponía Ataturk en Turquía, para así alejarlo del control de Londres.

Uno de los países a los que Irán apuntó para alejarse de los británicos fue Alemania. A Berlín, por supuesto, le interesaba mucho este acceso al petróleo iraní, y rápidamente cientos de alemanes se establecieron en Teherán para hacer negocios.

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La presencia alemana y japonesa

Otro país llamado a hacer historia en Irán ya había entrado en el mapa de Medio Oriente. Poco después de tomar el poder, Reza Shah le envió una carta al entonces emperador japonés Hirohito, en la que le hacía notar una posición común de los dos países frente al imperialismo occidental y le proponía una alianza.

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Entre 1939 y 1941, Alemania concentraba el 50% del intercambio comercial iraní y Japón era otro de los principales socios económicos de Teherán. El régimen de Hitler incluso declaró a los iraníes exceptuados de las racistas y antisemitas Leyes de Nuremberg por considerarlos también pertenecientes a la raza aria.

Si bien existía un profundo lazo económico, la "arianidad" fue "la base ideológica de la alianza", dice el profesor Maghen Ze'ev, experto en Irán de la universidad israelí Bar-Ilan.

"No creo que se pueda decir que Irán tenga una tendencia natural a sumarse a los 'malos de la película'", dice Ze'ev a Expansión.

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El experto señala que si la cercanía de Teherán a la Berlín nazi estaba marcada por la cuestión aria, la pertenencia al "Eje del Mal" de George W. Bush es "exactamente lo opuesto", ya que se basa en una afiliación islámica chiíta que, desde la revolución de 1979, tiene poca simpatía por lo "ario" representado en la dinastía Pahlavi.

Nuevos jugadores

Actualmente, Irán mantiene su posición de defensa de su soberanía, matizada con la pesada carga ideológica-religiosa de los ayatolá. Pero en el vecindario hay un nuevo jugador además de Reino Unido, Rusia, Alemania o Japón. Se trata de Israel, un protagonista al que le importa poco el petróleo iraní, pero al que le la va —literalmente— la vida en la apuesta de Teherán por desarrollar armas atómicas.

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El coqueteo de Irán con el eje nazi-fascista terminó con una operación militar relativamente poco sangrienta que se resolvió con unos 200 civiles muertos. Si Teherán profundiza su papel de integrante del nuevo "Eje del Mal" y accede a la bomba nuclear, en la cabeza del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no figura una pequeña acción como la invasión de 1941.

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Después de reunirse el lunes 25 de este mes en Jerusalén con el asesor para la Seguridad Nacional de Rusia, Nikolai Patrushev, uno de los principales consejeros del presidente Vladimir Putin, Netanyahu advirtió que su país "hará todo lo posible para prevenir" que el régimen de Teherán obtenga armas nucleares. "Todo lo posible" suena muy distinto en el 2019 a lo que podía significar en 1941 para Irán.

Israel no es el único que piensa en la posibilidad de un arma nuclear. El gobierno de Estados Unidos, liderado por Donald Trump, abandonó en 2018 un acuerdo que limitaba las capacidades nucleares de Teherán con el argumento de que el país no estaba cumpliendo con sus compromisos.

En las últimas semanas, Irán y Estados Unidos han elevado las tensiones en Medio Oriente. El martes, un día antes de partir a Japón, Trump amenazó con "borrar" partes de Irán si la república islámica ataca "cualquier cosa estadounidense".

En estas últimas tensiones, Shinzo Abe, primer ministro japonés, ha buscado tener un papel de mediador, pero su reciente visita a Irán no tuvo el resultado esperado y estuvo marcada por los ataques a petroleros en el Golfo, que Washington atribuye a Teherán .

Putin, un aliado de Teherán, y Trump tendrán oportunidad de hablar sobre el tema en una reunión bilateral programada entre ambos mandatarios en Osaka. ¿El desenlace de esta conflicto será parecido al de 1941? La historia lo dirá.

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