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El Partido Laborista de Israel lucha por recuperar se relevancia ante Netanyahu

Los socialdemócratas gobernaron el país durante sus primeros 30 años de vida independiente, pero las divisiones étnicas y su agenda de izquierda los han alejado a los votantes cada vez más.
lun 22 marzo 2021 12:30 PM
La esperanza de la socialdemocra
Merav Michaeli, una feminista dura y controvertida, es la heredera política de figuras tan importantes para Israel David Ben-Gurion, Shimon Peres o Itzjak Rabin, de quien tiene un busto en su oficina.

Pocas horas antes de que comenzara la veda política previa a las elecciones del martes, la líder de Avodá, el partido Laborista de Israel, Merav Michaeli, pensó que era una buena idea darse un baño de muchedumbre en el tradicional mercado al aire libre HaTikva, en Tel Aviv.

En estos sitios descendientes de los viejos bazares y zocos de Medio Oriente, los vendedores gritan sus productos, discuten los precios con sus clientes, vociferan insultos cuando hablan de fútbol o política. Nadie se calla nada.

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Además, lamentablemente para Michaeli, el mercado, al igual que otros similares en Tel Aviv, Jerusalén y en todo el país, es territorio del Likud, el partido de derecha del primer ministro, Benjamin Netanyahu.

Posiblemente ninguno de los asesores de Michaeli pareció acordarse de eso, y la candidata —una feminista dura y controvertida, una ex periodista que propone "cancelar" la institución del matrimonio— debió soportar ser "acusada" por puesteros y compradores de "lesbiana" y "basura", en escenas que fueron capturadas y difundidas por los principales diarios en sus sitios de internet.

Para el postre, en un tono más divertido, uno de los vendedores de frutas y verduras anunció en voz alta, delante de Michaeli, y entre las risas de los pasantes: "¡Atención! ¡Aquellos que el martes voten a Bibi (Netanyahu) tienen hoy en mi puesto un 30% de descuento!”.

Es que, para muchos en Israel, Avodá, el heredero del mítico partido Mapai del fundador de la patria, David Ben-Gurión, y de la no menos legendaria Golda Meir, es hoy apenas un chiste.

Netanyahu comparece ante la justicia seis semanas antes de las elecciones

Aunque la caída más dramática en el caudal de votos del Laborismo se registró a partir del arranque de este siglo, el partido sigue siendo un elemento central en la discusión política en el país, seguramente por su estatura histórica y posiblemente porque su existencia siempre estuvo marcada por las divisiones étnicas entre los judíos de origen europeo, o ashkenazíes, y los llegados de los países árabes, los mizrahim.

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Para estas elecciones, las cuartas en los últimos dos años en un país muy polarizado entre derecha y centroizquierda, se espera que Avodá siga luchando para alcanzar el umbral mínimo de votos necesarios para poder mandar legisladores a la Knesset, el congreso unicameral.

Las últimas encuestas ponen al Laborismo consiguiendo entre seis y siete asientos para el parlamento de 120 bancas, un número que mantiene la marca de los dos comicios del 2019 (seis en abril y septiembre) y los de marzo del 2020 (siete), pero que empalidecen en comparación con los 44 de 1992 o los 34 de 1996, incluso con los raros 24 del 2015 obtenidos en el marco de una alianza de centroizquierda.

Según Michaeli, en declaraciones para la agencia AFP, el partido que dirige "ha perdido su credibilidad y su columna vertebral" aliándose con gobiernos de derecha como el del primer ministro Benjamin Netanyahu.

¿Qué ocurrió en el medio? ¿Cómo pasó el Laborismo israelí de contar con líderes como Ben-Gurion, Itzjak Rabin o Shimon Peres a una jefa como Michaeli que —si bien cuenta con muchos méritos propios— no puede recorrer tranquila un mercado popular de Tel Aviv?

El primer gran golpe para la socialdemocracia sionista se registró en las elecciones de 1977, cuando el Likud del también legendario Menahem Begin logró 43 asientos para la Knesset que le permitieron formar gobierno y poner así fin a 30 años de monopolio de la izquierda en el poder.

En efecto, tanto a través del Mapai (sigla en hebreo para Partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel) como su heredero Avodá, la socialdemocracia gobernó el país desde su independencia, en 1948, hasta la explosión de votos desencantados por la economía y la dura Guerra de Yom Kipur que coronaron a Begin.

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El papel del populismo

Uno de los principales lugares comunes de la discusión política israelí afirma que Begin logró en aquel momento cautivar y consolidar la simpatía de los votantes mizrahim, los israelíes morenos, más pobres, llegados al país corriendo de la violencia en Marruecos, Irak o Yemen.

Israelíes que, todavía hoy, son los que menos desentonan con el vecindario mediooriental, que escuchan música de sonido árabe, son conservadores, religiosos, comen platillos con hummus y picantes. Y —según el estereotipo desarrollado durante décadas— hablan gritando como los puesteros del mercado donde abuchearon a la jefa del Laborismo.

Aquel lugar común señala también que los judíos israelíes de raíces árabes son la contracara de los "blancos" descendientes de los pioneros europeos que dieron forma al futuro país antes de la creación del estado en 1948.

Una típica historia de la élite frente a lo popular.

Sin embargo, estas concepciones tienen poco valor en el análisis del escenario israelí actual, según afirma la profesora Julia Elad-Strenger, del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Bar-Ilan.

Para esta psicóloga política, el concepto clave para entender el presente de Avodá o de las divisiones étnicas e ideológicas en el país es —como ocurre en muchos otros lugares del mundo— el del populismo.

"La disminución del apoyo al Laborismo refleja una tendencia global de pasar de partidos grandes y tradicionales a partidos más pequeños que se rebelan contra el antiguo 'establishment'", dice Elad-Strenger durante una entrevista con Expansión.

Según la académica israelí, "las acusaciones contra el elitismo de la izquierda se basan hoy en criterios diferentes". Si bien en el pasado se "acusaba" al Laborismo de ser un partido "blanco", su eventual elitismo "hoy en día se atribuye principalmente a su agenda izquierdista, presumiblemente no patriótica y universalista", añade.

Es importante destacar, continúa, que Avodá "tampoco es el partido más izquierdista" en el clima político actual en Israel, "pero, una vez que es etiquetado como tal, queda desacreditado como 'elitista' y 'despreocupado por el bienestar de las masas', aun cuando su agenda relativamente socialista no sea muy diferente de la de algunos partidos de derecha”.

En cuanto a la cuestión ashkenazíes versus mizrahim, Elad-Strenger admite estar "de acuerdo en que las divisiones étnicas" en la sociedad israelí "no han desaparecido y son la base de gran parte de la división política actual”.

"Pero se trata más del resultado de la retórica y las políticas de identidad que de una conexión 'natural' entre el origen étnico y la orientación política", asegura.

Al fin y al cabo, completa, "la asociación retórica entre la 'izquierda' y la 'élite ashkenazi', que puede haber sido históricamente cierta, pero que en términos de los representantes políticos de los partidos no lo es, definitivamente creó una profecía autocumplida”.

Se trata, podría decirse, de una historia de dos países: el de los pioneros "blancos" y educados que apostaron por una nación socialista y austera y el de los nuevos inmigrantes conservadores populares que prefieren los beneficios del capitalismo.

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