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OPINIÓN: La Casa Blanca busca quedar bien con todos con mensajes contradictorios

Por un lado, Trump hace anuncios que resuenan con su base; por el otro, su Secretario de Comercio lanza un mensaje público que resuena con el empresariado, apunta Marco A. Morales.
Trump Wilbur
Aranceles a importaciones de acero y aluminio El debate público en Estados Unidos se aglutina en torno a dos posiciones irreconciliables: presión inflacionaria y desaceleración de la economía, señalan expertos. (Foto: SAUL LOEB/AFP)

Nota del editor: Marco A. Morales es Investigador Afiliado al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Su cuenta de Twitter es @marco_morales . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(Expansión) – Hace unos días, el Presidente Trump anunció que impondría aranceles a las importaciones de acero y aluminio. Los mercados reaccionaron de inmediato a esa noticia con un cierre a la baja. Al mismo tiempo, corría ya el rumor de la renuncia de Gary Cohn – principal asesor económico de Trump - si se imponían estos aranceles. El rumor se confirmó unos días mas tarde.

OPINIÓN: Presidente Trump, por favor no desate una guerra comercial

Este miércoles, el Secretario de Comercio, Wilbur Ross, afirmó que Estados Unidos no quiere iniciar una guerra comercial . Unas horas después, la Casa Blanca confirmó que la imposición de aranceles entraría en vigor este fin de semana, pero con excepciones para algunos socios comerciales, entre ellos México y Canadá. Evidentemente, condicionadas a progreso (o concesiones) en las negociaciones sobre el TLCAN.

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El debate público en Estados Unidos se aglutina en torno a dos posiciones irreconciliables. Por un lado, los economistas liberales argumentan que los aranceles crearán presiones inflacionarias por el incremento en el precio de acero y aluminio, además de otros bienes por las represalias comerciales de países exportadores de estos metales. En el mediano plazo, eso implicaría una desaceleración de la economía.

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Por el otro, los economistas proteccionistas argumentan que los aranceles representan una porción tan pequeña de las importaciones de Estados Unidos que tendrán un impacto mínimo en la economía. La salida de Cohn y la degradación de la influencia de Jared Kushner – principales defensores del libre comercio en el círculo cercano de Trump – hacen temer a analistas que esta segunda posición gana terreno en la Casa Blanca.

En este contexto, no es extraño que parezca que la Casa Blanca opera en el peor caos del último año. Puede que la realidad sea un poco más ordenada.

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Primero

No hay que olvidar que este es un año electoral y que se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado en un país donde el Congreso es extremadamente poderoso. El partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras, pero históricamente el partido del presidente en turno pierde escaños en elecciones intermedias como esta. Trump tiene, sin embargo, la oportunidad de reemplazar a republicanos moderados – que no comparten su visión del mundo – con ultraconservadores extremos – que la respaldan. Para lograrlo, requiere energetizar a su base de votantes.

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Segundo

El discurso desde la administración Trump parece estar dirigido a audiencias diferenciadas. Por un lado, Trump hace anuncios que resuenan con su base: “acabar con el déficit comercial que perjudica a Estados Unidos”. Por el otro, su Secretario de Comercio lanza un mensaje público que resuena con el empresariado: no tendremos una guerra comercial. Y, tras bambalinas, el mismo discurso busca poner a México y Canadá contra la pared: no les impondremos aranceles si hay concesiones. Es decir, la Casa Blanca busca quedar bien con todos usando mensajes contradictorios en boca de diferentes voceros. El foco, sin duda, es en facilitar maniobras políticas de corto plazo.

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Tal vez – parafraseando la evaluación de Polonio sobre Hamlet – hay método en la locura que impera en la Casa Blanca.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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