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OPINIÓN: En el reinado de la tecnología, el enemigo es la publicidad

Podemos elegir y recomendar las experiencias, funciones y diseños tecnológicos que contribuyan al bienestar colectivo… y exigir, regular e ignorar a las que nos erosionan como personas y sociedad.
Empresas y gobiernos
Empresas y gobiernos pueden optar por plataformas para sus ciudadanos y colaboradores que fomenten una vida equilibrada y tiempo fuera de la pantalla. (Foto: mustafahacalaki/Getty Images)

Nota del editor: Javier Murillo Acuña es fundador y presidente del Consejo de Metrics. Síguelo en Twitter en @JavierMurillo y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) - Netflix acaba de anunciar la quinta temporada de Black Mirror, la serie que ha roto internet con su temática de un mundo hiper-tecnificado, una sociedad subyugada por la tecnología. Así como The Twilight Zone retrató los miedos de la sociedad de la Guerra Fría, Black Mirror representa todos los miedos de la era digital basada en la hiperconexión, digitalización y la Inteligencia Artificial.

No existe escapatoria. Las mismas plataformas que en su momento nos volaron la cabeza por su alcance, hoy nos drenan las horas productivas, nos arrebatan la intimidad de los datos (y de la vida), imponen estándares estéticos y morales que desintegran autoestimas y relaciones personales.

Diseñadas para ser adictivas gracias a los algoritmos que predicen la conducta y gustos de cada usuario, basan sus modelos de negocio en la permanencia frente a la pantalla y la succión a los humanos. ¿Con qué fin? con el de vender publicidad; así es, tanta evolución y tanta tecnología para que el modelo de negocio sea tan pedestre como vender banners.

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En este punto de inflexión en la historia de la humanidad -sin duda, lo es- muchas mentes ya empiezan a sacudirse el discurso de la tecnología que aplasta, al igual que las declaraciones de los humanos-víctimas. Así se quejaron de la Revolución Industrial.

Como usuarios podemos organizarnos para exigir. Si hay algo en la era digital son alternativas. Nos lo ha demostrado, por ejemplo, Raspberry Pi, la propuesta de una ONG a favor de la tecnología educativa y en contra de los códigos de la industria del cómputo: fabrican computadoras abiertas, transparentes, sin marcas y a bajo costo (alrededor de 1,200 pesos mexicanos) para que se disemine el conocimiento, no así el poder de los fabricantes. El peligro real está en la concentración económica, no en la tecnología que es neutral.

Como consultores, gobernantes y empresarios podemos proponer. Y ya hay una tendencia creciente que lo hace: Human Design. Podemos elegir y recomendar las experiencias, funciones y diseños tecnológicos que contribuyan al bienestar colectivo… y exigir, regular e ignorar a las que nos erosionan como personas y sociedad.

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Acciones hay muchas. Emprender, por ejemplo, un mercado de aplicaciones (apps) con beneficios para la salud, el entretenimiento, la cultura y la integración social, en el que puedan participar organizaciones e individuos que no caben -o han sido marginados- por las tiendas de apps más comerciales.

Empresas y gobiernos pueden optar por plataformas para sus ciudadanos y colaboradores que fomenten una vida equilibrada y tiempo fuera de la pantalla. Finalmente, puede (y debe) educarse a los usuarios para que identifiquen las prácticas dirigidas a drenar todo de ellos, y que cultiven hábitos en su consumo tecnológico que les permitan asumir el control de sus vidas.

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El cáncer de las plataformas tecnológicas actuales se encuentra en el principal valor que promueven: ser “gratuitas”. Lo gratis sale caro, reza el dicho, y en este caso no es la excepción: el dinero para que esas tecnologías sigan existiendo sale de la publicidad y eso es lo que las corrompe, porque ya no hay ética en la mercadotecnia de consumo.

Human Design no debe ser una moda. No es una empresa o una organización, aunque cada vez son más las que lo asumen como práctica. Es una revolución a favor del mejor punto de encuentro entre tecnología y sociedad. Bajo esta óptica, la sociedad distópica de Black Mirror es solamente una serie. Hay prácticas de ciencia, humanidades y tecnología para crear un mundo mejor y ya están aquí, extendiéndose en la esfera productiva de hoy.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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