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OPINIÓN: Las burlas de Trump promueven la cultura de la violación

Queda claro que lo único que le preocupa es la vida de un hombre al que más de una mujer acusó de agresión sexual o de conducta sexual impropia, comenta Tami Sawyer.
jue 04 octubre 2018 09:58 AM

Nota del editor: Tami Sawyer es miembro de la Comisión del Condado de Shelby en Memphis, Tennessee (EE. UU.), y activista por la justicia social. Forma parte del consejo de Planned Parenthood en Tennesee y la región Norte de Mississippi. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) - Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizaba el martes 2 de octubre en el Aeropuerto Internacional de Memphis para encabezar un mitin en Southaven, Mississippi, yo entraba también a Mississippi para asistir a un evento político muy diferente. Me dirigía a Cleveland, Mississippi para participar con el exsecretario de Agricultura, Mike Espy (quien se está postulando al Senado), en un panel sobre liderazgo progresista intergeneracional.

Mientras discutíamos profundamente sobre el movimiento continuo por la justicia racial en el Sur de Estados Unidos, Trump estaba a unos 200 kilómetros al norte, burlándose de la profesora Christine Blasey Ford… y de cada persona en Estados Unidos que ha sido víctima de agresiones sexuales.

Mientras regresaba a casa, a Memphis, estaba oscuro y escuché la impactante versión de Trump del testimonio que Ford rindió hacía una semana ante la Comisión Judicial del Senado; la arremedó con un tono despectivo y la acusó de haber hecho pedazos la vida del juez Kavanaugh, candidato a la Suprema Corte, y de haber destrozado a su familia. La oscuridad crecía tanto a mi alrededor como en el tono del líder electo de nuestro país.

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Las burlas de Trump sobre la profesora Ford y las ovaciones que suscitaron en el estadio en el que se llevó a cabo el mitin sentaron un precedente que fomenta aún más la cultura de la violación en nuestro país. Quedó claro que lo único que le preocupa a Trump es la vida del hombre al que más de una mujer acusó de agresión sexual o de conducta sexual impropia, no las mujeres que han vivido con el trauma de haber sido agredidas. El juez Kavanaugh negó todas las acusaciones en su contra.

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Mientras conducía solo podía pensar en las jóvenes y en las niñas que escucharían las palabras de Trump y en que sus voces quedarían acalladas por su falta de empatía y la bravuconería con la que pretendió quitarles todo el poder a las mujeres que lo acusaron a él y a las mujeres que acusaron a Kavanaugh.

Lo que nuestro presidente dijo e hizo es una vergüenza nacional, pero que lo haya hecho en Mississippi, justo a las afueras de Memphis, es particularmente indignante. Según datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, el 14% de las estudiantes de preparatoria del estado reportó que las obligaron a tener relaciones sexuales contra su voluntad, un índice mayor que el que se reporta a nivel nacional.

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El condado de Sunflower, en donde me encontraba cuando Trump estaba hablando, es parte del Delta del Mississippi, la parte más pobre del estado. Si una jovencita del condado de Sunflower sufre una agresión sexual, sus opciones de salud mental y reproductiva están gravemente limitadas. Si el atacante de esta misma jovencita la deja encinta y ella quiere ponerle fin al embarazo, tendría que buscar los recursos para viajar al único proveedor de abortos de todo el estado en Jackson, la capital del estado.

Southaven, el lugar en el que Trump habló el martes por la noche, es una zona más acaudalada y está a casi 320 kilómetros de Sunflower, pero ahí también están limitados los servicios de salud reproductiva y de atención a traumas sexuales. Al tratar a las sobrevivientes de agresiones sexuales como material para un monólogo en un programa nocturno de televisión, Trump está sofocando la llama de la esperanza para muchas mujeres en un estado en el que escasean las opciones para recuperarse.

Mientras cruzaba el límite estatal en mi viaje a Memphis, no podía dejar de pensar en las muchas amigas que tengo en el lugar que han compartido valientemente su historia de agresión sexual a la luz de #MeToo. Me comuniqué con una de ellas para ver qué efecto habían tenido en ella las palabras de Trump.

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"Escuchar a alguien que supuestamente representa a este país burlarse de las sobrevivientes de agresiones sexuales hace que me duela el alma. Me duele por esa mujer, por cada mujer que ha sobrevivido a una agresión sexual, yo incluida. Por eso las mujeres se quedan calladas", me dijo Angela Russell, una empresaria local.

Halagó a la profesora Ford, dijo que es "increíblemente valiente por exponerse públicamente para arrojar luz sobre la crueldad y la misoginia de Kavanaugh"; sin embargo, Ford no es la única que se ha enfrentado valientemente al escrutinio público. Hace unos meses, Russell (que al igual que ella, tuvo que abandonar su casa) recibió amenazas cuando acusó públicamente a un agresor.

Boicotearon su negocio en una ciudad que durante la pasada década ha encabezado la lista de ciudades con más empresas propiedad de mujeres. En este contexto, las palabras de Trump hicieron más que impugnar el carácter de Ford. Atacó a las mujeres que lo acusaron de agresión y conducta impropia. Atacó a Russell. Me atacó a mí y a todas las personas de este país que han tenido que sobrevivir al trauma de haber sido agredidas sexualmente.

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En pocas palabras, Donald Trump abusó de su poder el martes por la noche, en mi ciudad. Recurrió al acoso más poderoso y a culpar y avergonzar a las víctimas como nunca se había visto. Para agregar peso al impacto de sus actos, lo hizo en el corazón del Sur, en donde los derechos de la mujer sobre su cuerpo se escurren rápidamente entre sus dedos.

Las mujeres de Tennessee esperan con ansiedad la decisión de la Casa Blanca sobre una excepción de la legislatura estatal con la que se eliminaría el financiamiento a Planned Parenthood en nuestro estado. Los hospitales rurales cierran a ritmo acelerado y las mujeres se están quedando sin opciones de atención médica. Había 12 mil pruebas clínicas de violación sin procesar desde hace años y las víctimas terminan quedándose sin argumentos. Y Trump está en medio de todo esto y se ríe.

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