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OPINIÓN: El nuevo Versace bajo el imperio de Michael Kors

La pregunta ahora es si el diseñador John Idol podrá tener éxito en donde otros compatriotas han fallado: crear el primer grupo de lujo de Estados Unidos, comenta Samantha Tse.

Nota del editor: Samantha Tse es una experimentada escritora y editora de moda. Su trabajo ha figurado en varias publicaciones internacionales como T Magazine, Women's Wear Daily, CNN Style, Allure y Disegno.

(CNN) - A finales de septiembre se anunció que la marca de moda estadounidense Michael Kors adquirió Versace por 2,100 millones de dólares, con lo que se apoderó de una de las últimas marcas italianas independientes como parte de un intento por construir un imperio que compita con los principales conglomerados europeos: LVMH Moet Hennessey Louis Vuitton (entre cuyas marcas están Givenchy, Fendi, Dior y muchas más) y Kering (que tiene en sus filas a Gucci, Saint Laurent, Alexander McQueen, Balenciaga y más).

Con Versace y Jimmy Choo (a la que adquirió en 2017) en su haber, Kors —quien cambiará el nombre de su empresa a Capri Holdings Limited cuando la compra se haya completado— ya está causando revuelo en la estructura de poder que ha dominado la moda de lujo desde la década de 1990. La pregunta ahora es si el diseñador estadounidense y su presidente, John Idol, podrán tener éxito en donde otros compatriotas han fallado: crear el primer grupo de lujo de Estados Unidos.

"Michael Kors está construyendo algo virtualmente desconocido: una empresa matriz de artículos de lujo con respaldo estadounidense. Si funciona quedará en una liga aparte de sus rivales, como Ralph Lauren. No solo será el representante de su propia marca, sino que podría volverse famoso por revitalizar una marca europea legendaria, cosa que ningún diseñador estadounidense ha logrado", dijo en entrevista telefónica Bronwyn Cosgrave, historiadora de la moda.

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¿Qué significa la adquisición para ambas marcas y qué ganarán al fusionarse?

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Michael Kors y Versace son dos marcas famosas por su seducción y su glamur, aunque en extremos diferentes de la gama; sin embargo, este proyecto podría ser sumamente ventajoso para ambas.

Michael Kors, nacido en Long Island, presentó su marca en 1981 y ha construido su imperio vendiendo una estética inspirada en el estilo de vida del jet-set estadounidense. Sus mujeres tienen piel bronceada, labios de color neutro y un resplandor saludable. Su cabello siempre está lustroso y van adornadas con accesorios dorados.

Kors ha ganado gran parte de su fortuna en el mercado intermedio y tiene una gran presencia en los centros comerciales. La marca se centra en gran medida en accesorios como bolsos, zapatos y relojes, codiciados tanto en Estados Unidos como en Europa. Además, el diseñador estadounidense es una institución gracias a su marca de moda, pero también gracias a los 10 años que lleva como juez del programa Proyect Runway.

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Por otro lado, Versace es el máximo ejemplo de la moda italiana: glamur de alto octanaje y sex appeal a un precio elevado. Mientras las mujeres de Kors tienen un brillo atlético saludable y buenos modales, la musa de Versace es una diosa bronceada que bebe champagne hasta altas horas de la madrugada.

También es una institución, pero más bien por su asociación con celebridades como Jennifer Lopez (quien usó el infame vestido de seda verde con un escote que le llegaba hasta el ombligo) y Elizabeth Hurley, cuyo vestido de ganchos la catapultó a la fama.

Kors está planeando un grupo diferente: uno cuyo objetivo sea global, no tanto cautivar solamente a las marcas estadounidenses.
Samantha Tse

Gianni Versace fundó la compañía que lleva su apellido en 1978. Hasta 1997, año en el que lo asesinaron, dirigió la parte creativa de la marca, se le atribuyó haber creado el fenómeno de las supermodelos en las décadas de 1980 y 1990, defendió la diversidad y combinó la alta moda con la cultura pop. Luego de su muerte, su hermana Donatella tomó las riendas de la marca (y seguirá siendo su directora creativa después de la venta).

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¿Por qué tanto drama?

No sorprende que una venta de esta magnitud haya desconcertado a muchos. Parte de la controversia surge porque Versace, una marca alineada históricamente con la herencia, la cultura y el oficio italiano, queda en manos de una empresa estadounidense que ha amasado su fortuna en los centros comerciales; sin embargo, también le ha afectado su falta de accesibilidad.

Para muchas casas de artículos de lujo, el maquillaje y los accesorios son el punto de entrada, segmentos en los que Versace se ha quedado atrás. Aunque produce bolsos y zapatos, ninguno es particularmente codiciado ni considerado imprescindible.

John Idol, director ejecutivo y presidente de Michael Kors, quiere remediarlo. Su estrategia para Versace, como se explicó en un comunicado de la marca, incluye un incremento en la producción de accesorios y calzado, además de la apertura de aproximadamente cien tiendas más en todo el mundo. El objetivo de Idol es que Versace obtenga ingresos por 2,000 millones de dólares a largo plazo.

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"[Kors] tiene una credibilidad inmensa en este espacio. Aunque los bolsos de Michael Kors son tan cotizados como los de Prada en Europa, Kors fue instrumental para la revitalización de Celine. En sus siete años de mandato la transformó de virtualmente latente a relevante. Parece que con su propia marca ha logrado el éxito destilando las tendencias de la moda europea al mercado estadounidense. Tiene una carrera sólida creando prendas listas para usar y tal vez esto le dé credibilidad a Versace", dijo Cosgrave.

Michael Kors no es el primer estadounidense que trata de crear una versión local de los conglomerados que dominan el lujo europeo. Varios lo han intentado, entre ellos Liz Claiborne, que compró las marcas intermedias estadounidenses Juicy Couture, Lucky Brand y Kate Spade en 2012. Un ejemplo más reciente es Tapestry, propietaria de Coach, Kate Spade y Stuart Weitzman, que está tratando de saltar a la palestra.

Sin embargo, Kors está planeando un grupo diferente: uno cuyo objetivo sea global, no tanto cultivar solamente marcas estadounidenses.

Con Jimmy Choo y Versace en su cinturón, Michael Kors tiene los guantes puestos y está listo para entrar al cuadrilátero. Aunque no sea la favorita, la marca de moda estadounidense está metiéndose poco a poco en una escena dominada por los conglomerados europeos. Al amalgamar las marcas de lujo europeas con las estadounidenses le está dando la ventaja al lujo estadounidense en el escenario mundial y está disolviendo las fronteras que han ligado a la moda con la clase y la herencia nacional, con lo que crea un enfoque más mundial en el sector.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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